Sunday, December 22, 2013

Los medios pro-gubernamentales turcos acusan a Israel de jugar un destacado papel en los escándalos de corrupción en Turquía - Semih Idiz - Al Monitor



El camino más fácil para que Turquía salga de alguna grave cuestión política, especialmente si usted tiene inclinaciones islamistas, es apuntar a Israel como el país que ha orquestado los acontecimientos que no les gustan. Esto no supone sugerir ingenuamente que Israel no interfiere en los asuntos de otros países en un esfuerzo para arreglar las cosas a su favor. Pero ver una mano judía o israelí en todas las crisis de Turquía se ha convertido en un acto reflejo, inclusive cuando descaradamente son crisis de cosecha propia.

Las pruebas de una masiva corrupción que se hicieron públicas el 17 de diciembre, y cuyos detalles ya han sido ampliamente cubiertos por Al-Monitor, han sacudido al núcleo del Gobierno cuando unas cruciales elecciones locales se presentan a tres meses de distancia y unas elecciones presidenciales se celebrarán a finales de año.

Tener cuatro ministros implicados en un escándalo de corrupción donde intervienen decenas de millones de dólares, un empresario iraní en la sombra, el jefe de un banco del gobierno, un alcalde del partido en el poder (AKP) y prominentes contratistas de viviendas que trabajan en estrecha colaboración con el gobierno, todo lo cual representa todo un tsunami político para el primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

Erdogan es plenamente consciente de que tiene pocas opciones, si las hubiera, por lo que mejor sería observar como evoluciona este escándalo. Sin embargo el despido de tantos jefes de policía por su gobierno después de las noticias sobre su investigación de este caso de  corrupción y el nombramiento de los fiscales "suplementarios" para el caso ya se ven como una reacción muy mala para él.

Erdogan ha decidido luchar contra toda crítica y declarar la guerra a la "pandilla" - para usar su término - que, según él está alojada en las entrañas del estado donde, junto con sus conexiones internacionales, supuestamente tiene previsto este tipo de operaciones en contra del gobierno.

Dirigiéndose a una multitud en Konya, Anatolia central, el 17 de diciembre, poco después de que comenzaran los arrestos desencadenados por la investigación anti-corrupción, un Erdogan visiblemente enojado afirmó que había una "alianza sucia" contra Turquía, diciendo: "Los que tienen el poder del capital y a los medios de comunicación detrás de ellos no pueden cambiar el rumbo de este país".

Continuó afirmando que los que planearon esta operación estaban tanto afuera como dentro de Turquía, y agregó: "Se puede adivinar quiénes son. Este fue un proceso que se inició con el affaire del Parque Gezi y ahora han dado un nuevo paso".

El culpable de Erdogan, el que estaba detrás de las protestas del Parque Gezi en junio, el que promovió para el y su gobierno una imagen negativa a nivel internacional, era un "lobby de intereses". Alegó además que ese lobby estaba tratando de socavar los éxitos económicos y políticos de Turquía. Los medios de comunicación favorables y afectos al gobierno aseguraron que esto se debían entender como un "lobby esencialmente judío".

Habiendo tomado ejemplo de las declaraciones de Erdogan, estos medios de comunicación hacen lo mismo una vez más mediante el uso de argumentos enrevesados ​​para así llevarlos hacia un ángulo israelí y judío. El diario Star, por ejemplo, afirmaba el 18 de diciembre que las transacciones de petróleo de Turquía con Irán, por medio de Halkbank - el banco del gobierno implicado en la investigación -, fue la razón por la que el Mossad  había lanzado la mencionada investigación.

Dada la forma en que la lira turca se derritió frente al dólar y el mercado de valores entró en fuertes turbulencias tras las noticias del escándalo, no sería sorprendente escuchar como Erdogan reactivar esas acusaciones o similares en los próximos días acusando a un "lobby de las tasas de interés". También es evidente que Erdogan no puede arriesgarse a una normalización de relaciones con Israel en un momento en el que los medios de comunicación afines al gobierno, guiados desde los círculos gubernamentales, afirma que Israel está involucrado en una conspiración contra su gobierno.

Mientras tanto, los diarios del gobierno también están intentando por todos los medios minimizar los detalles de la investigación por corrupción que se ha filtrado a los medios de comunicación y aliviar algunas de las más dañinas revelaciones. El flujo de acusaciones condenatorias, sin embargo, parece imparable. Lo que es cierto en este momento, a pesar de los esfuerzos orquestados por el gobierno para desviar la atención mediante la utilización de Israel y otros argumentos similares, es que los islamistas turcos han desenvainado las espadas entre sí. A juzgar por las declaraciones de Erdogan, el AKP y el movimiento Gülen [N.P.: una muy influyente cofradía sufí anteriormente aliada del AKP y ahora enfrentada al gobierno, y la que se supone que ha destapado el escándalo] están preparándose para una guerra amarga y mutuamente destructiva.

Ambos rivales vienen de la misma base y se han apoyado mutuamente en el pasado. Pero no ven las mismas cosas en una serie de cuestiones, y su rivalidad se desbordó recientemente después de la decisión del gobierno de cerrar las escuelas de preparación, muchos de las cuales están dirigidas por el movimiento Gülen.

Los medios de comunicación de Gülen, encabezados por  Zaman y su versión en inglés Today's Zaman, están convencidos de que la investigación revela una historia de corrupción que implica a los ministros del gobierno y exige que se revele la verdad. Otros medios de comunicación libres del control gubernamental también están siguiendo esta línea. Los medios de comunicación favorables al gobierno, sin embargo, están gritando que hay una gran conspiración en contra de Erdogan.

Con una parte de los medios de comunicación islamistas alegando una conspiración internacional, y la otra parte diciendo que se trata de un escándalo de corrupción puro y duro, de base de seguidores del AKP está confundida. Si Israel está detrás del actual escándalo - como se afirma desde los medios pro-gubernamentales - esto significa que Fethullah Gülen, cuyos partidarios en la policía y en el poder judicial presuntamente iniciaron la investigación, está en connivencia con un país que es universalmente vilipendiado por los islamistas.

Muchos partidarios del AKP que simpatizan con Gulen encontrarán esto difícil de aceptar. Es significativo a este respecto que todas las acusaciones que provienen de los medios oficiales del AKP hacen referencia al grupo Gulen indirectamente, sin nombrarlo. Cuando se les pregunta si se refieren al grupo Gülen, los portavoces del gobierno lo niegan. Lo más cerca que llegan a nombrar a Gülen es apuntar a una banda dentro del aparato estatal que utiliza el nombre del grupo.

Esto muestra claramente que el tema Gülen es sensible dentro de las filas del AKP. Esto quedó claro de una manera sorprendente el 16 de diciembre, cuando Hakan Sukur - una de las estrellas de fútbol más veneradas en Turquía, y que nunca ocultó su cercanía a Gulen - dimitió del AKP tras criticar a Erdogan sobre la cuestión de las escuelas de preparación. Sukur fue elegido diputado por el AKP de Erdogan después haberlo invitado en junio de 2011.

Dada la magnitud del daño potencial para el gobierno, el viceprimer ministro Bekir Bozdag está liderando los esfuerzos para imponer un bloqueo informativo a la investigación de corrupción en curso. Bozdag también afirma en su cuenta de twitter que esta investigación está diseñada para perjudicar las posibilidades del AKP en las elecciones locales, así como las posibilidades de Erdogan de ser elegido presidente.

Tales observaciones, cuando se combinan con las airadas palabras de Erdogan, enseñan que Turquía se encamina hacia un período tenso y turbulento políticamente, con consecuencias económicas negativas que ya se están sintiendo. Esto también puede afectar negativamente a la capacidad introspectiva de Ankara como actor regional en un momento crítico en el Oriente Medio.

Luchar y sobrevivir a esta guerra interna, sin embargo, parece ser de una importancia existencial para Erdogan, que parece estar menos preocupado actualmente por la inestabilidad de su guerra con el grupo de Gülen y con otros que considera sus enemigos puede crear en el país. De lo contrario, habría exigido la dimisión inmediata de los ministros implicados y apoyaría al estado de derecho, en lugar de lanzar la acusación de una conspiración internacional. Algunos incluso están sugiriendo que, en una democracia normal, Erdogan también habría dimitido después de un escándalo de este tipo. Pero eso es esperar demasiado de la actual Turquía.

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