Wednesday, February 05, 2014

La tragedia de una generación: El ascenso y caída del nacionalismo diasporista judío en la Europa del Este - Henry Srebrnik - Fathom



La "Tragedia de una Generación", afirma la contraportada del libro, es "la historia del ascenso y de la caída de un ideal: una nación autónoma judía en Europa". El libro enmarca dos muy influyentes vertientes del pensamiento judío en la Europa del este, el yidismo y el nacionalismo diasporista, durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. Jonathan Karlip, un profesor asistente de historia judía en la Universidad Yeshiva de Nueva York, teje hábilmente las biografías personales de tres de sus más importantes figuras: Yisrael Efroikin, Zelig Hirsh Kalmanovitch y Elías Tcherikower, que provenían de Lituania, Letonia y Ucrania respectivamente, en una importante narración histórica.

Karlip, a diferencia de los historiadores anteriores que han visto la Haskalah y el desarrollo del nacionalismo judío secular en la Europa del Este como una ruptura con el judaísmo ortodoxo, demuestra que esto no siempre fue así. A través de un análisis de los escritos de estos tres activistas e ideólogos, aporta pruebas de que ellos permanecieron inmersos en los valores del judaísmo tradicional y del concepto de Klal Yisrael, aunque dos de ellos habían sido socialistas en la Rusia anterior a 1917. Los nacionalistas diasporistas y los yidistas, afirma Karlip, “buscaron constantemente tanto rebelarse en contra de la tradición religiosa como inspirarse en ella”. Después de todo, ellos, como los judíos religiosos y observantes, también querían detener la marea de la asimilación cultural y política.

Antes de la Primera Guerra Mundial los teóricos más originales del nacionalismo diásporista ya habían inspirado una serie de partidos políticos en el imperio zarista (y en menor medida en el imperio de los Habsburgo). El historiador Shimen Dubnov había fundado el Folkspartey, que abogaba por un Estado ruso multiétnico con un espacio político para la autonomía judía. Chaim Zhitlovsky, un socialista, yidista y nacionalista díasporista, creó un partido de orientación marxista, el Partido Socialista Judío de los Trabajadores (SERP), que mezclaba una síntesis de socialismo y de nacionalismo judío. Sus miembros, los llamados Seymistas, buscaban un parlamento separado o autónomo, el Seym, para los judíos rusos. Mucho más influyente fue el Partido Judío del Trabajo, el Bund, que se convertiría en el principal rival político de los diversos movimientos sionistas de Rusia anteriores a 1917, y más tarde en el nuevo estado polaco creado en Versalles. Su lema, "do-ikayt" ("aquí mismo"), solicitaba a los judíos que lucharan por sus derechos en los países en donde vivían, en lugar de buscar una renovación judía en Palestina.

Para servir a este fin, todos estos grupos defendían el yidish, la lengua materna de la mayoría de los judíos de la Europa oriental, así como la unificación de los judíos para dar fortaleza a su identidad nacional. La lengua, el yidish, sería el vehículo, y se enseñaría en las escuelas y se utilizaría en las instituciones culturales y políticas para crear una entidad autónoma judía.

En 1908 la conferencia de Czernowitz, celebrada en lo que entonces era la capital de la provincia de Bucovina del imperio de los Habsburgo, declaró al yidish la “lengua nacional del pueblo judío", y fue todo un hito en este proceso. La elevación de esta lengua de la "calle" a una posición equivalente, o incluso superior, a la del hebreo, suponía en si un acto radical y revolucionario, tal como señala Karlip.

Tcherikover, el más 'rusificado' de estas tres figuras, estuvo durante un tiempo muy involucrado en la política no judía como miembro del ala menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Desde allí criticó a los bundistas por ser unos "reyes sin pueblo". Kalmanovitch se unió al SERP pero pronto pasó a convertirse en un yidista, participando ampliamente en el trabajo cultural. Efroikin, tras la revolución rusa de 1905, también se convirtió en un Seymista, destacando la "lucha de clases" y siendo muy activo en la movilización de los trabajadores judíos.

Sin embargo, el SERP se encontró bajo ataque desde diferentes direcciones. Las relaciones con los partidos que representaban a otros pueblos oprimidos resultaron difíciles: por ejemplo, el Partido Socialista Polaco (PPS) se manifestó en contra de una política de autonomía extraterritorial para los judíos en razón de que esto llevaría a una división entre polacos y judíos en cualquier Estado polaco reconstituido.

El Bund, por su parte, trató de bloquear los esfuerzos del SERP con el argumento de que estaban reclutando a miembros pequeño-burgueses. Esta fue, de hecho, la verdadera causa de que Efroikin contemplara al socialismo como una posibilidad para los judíos únicamente si se convertía en un movimiento popular, atractivo no sólo para el proletariado, sino para todas las clases pobres. En 1911, abandonó el socialismo por completo y se unió a los autonomistas populistas de Dubnov.

La Primera Guerra Mundial produjo una conmoción sin precedentes y conllevó la destrucción de los judíos rusos, muchos de los cuales vivían en las zonas de guerra de las que fueron desarraigados, mientras decenas de miles murieron en los pogromos. Sin embargo, en marzo de 1917, el derrocamiento del zar produjo expresiones de euforia dentro de los nacionalistas diasporistas, que "creían que la era de la redención había llegado". Efroikin y Tcherikower anunciaron su lealtad al nuevo gobierno democrático de Petrogrado. El Folkspartey avanzó un programa político en el que las tradicionales kehiles se democratizarían (en ruso, obshchiny, es decir, las comunidades judías locales y la unión de estas comunidades) y asumirían funciones de gobiernos autónomos, funcionando con el yidish.

El Bund, sin embargo, se opuso al plan teniendo en cuenta su condición de representante únicamente de la clase obrera judía. En cualquier caso, la toma del poder por los bolcheviques lo cambió todo. La formación de la Unión Soviética rompió la unidad de los judíos de Pale, la antigua "Zona de Residencia", ya que las comunidades judías en los nuevos estados de Letonia, Lituania y Polonia (así como algunas que ya se encontraban en una Rumania recién ampliada) fueron separadas de las de Belarús (Bielorrusia), Rusia y Ucrania. Dentro de la propia Unión Soviética, la cultura yidish ahora solamente servía a los fines políticos del comunismo.

Kalmanovitch, sin el suficiente estómago como para vivir en la URSS - incluso despreciaba la fonetizada ortografía del yidish soviético, que eliminó todas las grafías hebreas - abandonó el país en 1921. Los nacionalistas diasporistas sufrieron aún más golpes cuando los estados sucesores formados después de la guerra no proporcionaron los derechos prometidos a sus minorías nacionales, y ello a pesar de sus promesas.

Kalmanovitch se trasladó a Lituania, mientras que Tcherikover y Efroikin se establecieron en Berlín y París, respectivamente, pero siguieron trabajando como nacionalistas diasporistas dentro del movimiento del Congreso Mundial Judío. Kalmanovitch, por su parte, se convirtió en un territorialista y se unió a la Freeland League, formada en 1935, y que trabajaba para la obtención de un territorio para los judíos europeos en cualquier lugar que no fuera Palestina, y todo esto mientras la amenaza de Hitler se hacía presente. El odio de Kalmanovitch a la Rusia soviética no tenía límites, y ahora también despreciaba a Zhitlovsky, quien se había convertido "en un servidor de la red opresora soviética” y en “un falso mesías”. Tcherikower también denunció a la Unión Soviética y su "desnacionalizada" cultura yiddish.

En 1939, en una Europa dominada por el antisemitismo, el fascismo y el nazismo, las ideologías que habían invertido las emancipaciones liberales del siglo XIX, los partidarios del nacionalismo diasporista y del yidismo instaban en esos momentos a retirarse hacia un fortalecimiento de la identidad judía. En su nueva revista Oyfn Sheydveg, estas tres figuras se volvieron hacia un "pasado utilizable" pre-moderno. Mientras, Kalmanovitch y Tcherikower repudiaron la constante fe de Dubnov en la democracia. La modernidad había demostrado ser una falsa esperanza para los judíos, y en este período no había otra alternativa más que la del aislamiento cultural con un yiddish convertido en una "festung judaica (fortaleza judía)”. Por supuesto que no podían haber previsto, incluso a esas alturas, el genocidio que destruiría físicamente a millones de judíos y cuyas terribles circunstancias ya se estaban perfilando.

Cuando los nazis invadieron la Europa del Este, Kalmanovitch estaba atrapado en el gueto de Vilna (donde regresó al judaísmo tradicional) y pereció en el Holocausto en 1944, mientras que Efroikin y Tcherikower lograron escapar de Europa a través de la Francia de Vichy, el primero a Montevideo, Uruguay, el segundo a Nueva York, donde murió en 1943.

Mientras Kalmanovitch permaneció resueltamente anticomunista inclusive en el ghetto de Vilna, Efroikin, desilusionado con las democracias liberales occidentales debido a su indiferencia ante la masacre de los judíos europeos por parte de Hitler, pasó a tener una disposición más favorable hacia la Rusia de Stalin. En 1944, al igual que muchos otros judíos en esos momentos, miró a la Unión Soviética como una “tabla de salvación", y afirmó que con el establecimiento de una región autónoma judía en Birobidzhan, la autonomía nacional judía había conseguido su mayor éxito en la URSS. Sin embargo, en el momento en que murió diez años más tarde, en París, ya se había convertido en un activo defensor del Estado de Israel y en un sionista.

La historia de los movimientos nacionalistas diasporistas y yidistas terminó muy mal, como ya sabemos, y ello lo refleja la irónica reflexión de Karlip sobre la defensa de su propio movimiento por parte de los nacionalistas diasporistas basándose en su "carácter realista", en contraposición con el proyecto sionista, que incluía el renacimiento del hebreo como lengua moderna, y que los nacionalistas diasporistas juzgaron como un "proyecto irremediablemente utópico". Todo lo contrario resultó ser lo cierto.

Meticulosamente investigado y bien documentado, el destacado estudio de Karlip será de gran interés para todos aquellos que se preocupan por la historia judía del este europeo y que todavía podrían cuestionarse, si no hubiera sido por Hitler, Stalin y sus numerosos cómplices, "lo que podría haber sido".

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