Sunday, March 16, 2014

Muy interesante: Durante siglos, los judíos dominaron el comercio de bebidas en Polonia. ¿Por qué esa herencia ha sido olvidada? - Steven I. Weiss - Tablet


Taberna judía

Cuando el famoso escritor polaco Adam Mickiewicz [N.P.: de familia frankista, del apóstata judío Jacob Frank] necesita una rima para su épico poema de1.834, "Pan Tadeusz", nombró a su tabernero "Yankel" y describió ese "abrevadero" que encarnaba su dueño judío: "De lejos la taberna parecía vieja y desvencijada / como un judío meciéndose en la oración, / el techo como un sombrero, la paja derramada hacia abajo como una barba, / las paredes tiznadas como un caftán / de frente, y las tallas sobresaliendo como tzitzit de su cuerpo".

Hoy en día nos parece una idea extraña: fuera del hotel y night-club Nazarian y unos pocos lugares en el East Village, ¿dónde están los bares y tabernas judías? Pero a principios del siglo XIX en Polonia, aproximadamente el 85% de las tabernas registradas estaban arrendadas por judíos y no existía escasez de tabernas. Para los polacos de la época, existía una imagen estereotipada de un camarero, y él tenía una larga barba, una kipá y tirabuzones. El dominio judío de la cultura de la bebida en Polonia fue tan completo y duró tanto tiempo que los polacos simplemente asumieron una conexión entre los judíos y los licores. Como decía un popular proverbio polaco del momento: "El campesino bebe en la posada, y el judío le sirve (las bebidas)".

A diferencia de la mayoría de los otros aspectos de la experiencia colectiva judía - en una tradición que conmemora los acontecimientos que sucedieron hace 5.000 años como si hubieran sucedido el año pasado -, casi todos los rastros de esta historia han desaparecido de nuestra memoria grupal. Los judíos entraron en esa actividad, la dominaron en ciertas zonas, y luego la abandonaron casi tan rápidamente como la encontraron. No hay nada particularmente "alcohólico" en la historia económica o cultural de los judíos antes o después de este período en Polonia. No hay cócteles judíos ni hay bebidas espírituales que sean exclusivamente judías. No hubo grandes innovaciones judías en esta industria, y la herencia judía que legó al mundo de los licores es esencialmente nula. ¿Por qué?

Los judíos se convirtieron en los camareros y taberneros de Polonia a causa de unas pocas curiosidades de la economía polaca. La principal de ellas fue el sistema de aranceles comerciales que elevaron el costo de la exportación de la abundante cosecha de cereales de Polonia, hasta el punto que los propietarios no podían generar beneficios sustanciales vendiéndola en el extranjero. Los nobles con tierras y grano, ante este panorama, se volcaron con la fabricación, es decir, la destilación, a fin de convertir su producto en algo digno de generar dinero real. Y los judíos, a los que se les había negado el permiso general de comprar tierras, de unirse a los gremios artesanales o profesionales, o de cursar estudios superiores, se convirtieron en sus socios naturales: Podrían proporcionar mano de obra para las destilerías y manejar el final comercial del producto como taberneros.

De hecho, como afirma Glenn Dynner, un experto en el mundo judío de la Europa Oriental, en su reciente estudio sobre el tema, "La Taberna de Yankel", ser tabernero y camarero era casi tan bueno que fue adoptado por los judíos de Polonia. Él lo describe como el equivalente de la era de la contabilidad: una ocupación de la clase media con aspiraciones, algo a lo que podían aplicar sus habilidades con una rentabilidad potencialmente lucrativa. Como Dynner señala: "Ellos arrendaban las tabernas porque no había muchas alternativas para los judíos de Europa del Este".

Y los nobles polacos estaban ansiosos por tener a los judíos llevando sus tabernas, en gran parte debido a los mitos que prevalecían sobre el carácter abstemio de los judíos. Dynner proporciona abundantes pruebas de lo que él denomina el "mito de la sobriedad judía". El noble polaco del siglo XIX Antoni Ostrowski describía a los judíos como "siempre sobrios", y agregaba que "los borrachos eran raros entre los judíos". De hecho, Dynner escribe, "los modismos folclóricos polacos se burlaban de los judíos por tener tanta cantidad de licor a su disposición, y sin embargo eran tan estúpidos como para no beber por sí mismos".

Varios escritos describen a legiones de polacos borrachos pasando el tiempo en las tabernas o estribados sobre las vallas y cercas, mientras que los judíos se mantenían ocupados descargando a los polacos de su dinero y sirviéndoles aún más alcohol cuando ya estaban borrachos y eran vulnerables a la extorsión. Más tarde esas ideas cristalizaron en un vitriolo antisemita. Una anécdota de un sacerdote católico, publicada en 1912, dice mucho de la actitud que inspiraban los magnates judíos del alcohol: "Nuestros pueblos y pequeñas ciudades ya no son nuestros, sino que pertenecen a los extranjeros. Nuestros actuales munícipes sólo aparentan estar en el poder en nuestros pueblos y pequeñas ciudades, pues son los monopolios de las bebidas alcohólicas los que tienen todo el poder real. Son los sobrios judíos, en una batalla económica en silencio, los que nos han endosado la intemperancia entre nosotros y han ganado la historia".

Sí, en 1912: Mientras que muchos estudiosos han sugerido previamente que el dominio "del comercio de las bebidas alcohólicas polacas" por los judíos concluyó a principios del siglo XIX, las evidencias que nos muestra Dynner nos indican que la tendencia judíos-bebida se extendió hasta una fecha tan tardía como el siglo XX. Así que, por generaciones, proveerse de alcohol en Polonia significaba tratar con judíos, y más importante para la cultura judía, ser judío en la temprana era moderna muy probablemente implicaba estar asociado con el comercio de bebidas alcohólicas. Como Dynner señaló en una entrevista, hasta hace 100 años, en torno a tres cuartas partes de los judíos del mundo vivían en Polonia y Lituania, y hasta un 30% de los judíos polacos estuvieron involucrados en esa industria de una manera u otra.

Pero entonces, ¿qué pasó? Mientras que los judíos en la Europa occidental gozaban de los frutos de la emancipación, sus homólogos de la Europa del Este se fueron a Palestina y a los Estados Unidos, donde los horizontes económicos y profesionales eran mucho más amplios y los imperativos de su obligada participación en el comercio de licor en Polonia estaban totalmente ausentes.

Incluso los Bronfman, los magnates de los licores más famosos del mundo, no pudieron enlazar sus éxitos en el mundo de los licores con la herencia de las tabernas de la judería polaca: originalmente cultivadores de tabaco en Besarabia, debieron huir a Saskatchewan (en el oeste de Canadá)  después de los pogromos que se sucedieron en la Rusia zarista en 1889, hasta que el patriarca de la familia, Yechiel, consiguió un trabajo en el ferrocarril y luego otro en un aserradero, y hasta que él y sus hijos - incluyendo a Samuel, el eventual constructor del imperio de la ginebra Seagram -, pudieron reunir el suficiente capital para iniciar sus propias actividades. Ellos primero vendieron leña y marisco, y luego caballos, y fue solamente después de la compra de un hotel y de ver en directo las ganancias de la venta de alcohol, cuando los Bronfman se trasladaron a la distribución de bebidas alcohólicas y luego felizmente utilizaron su posición en Canadá, durante la Ley Seca estadounidense, para convertirse en unos titanes de la industria.

Ahora no hay mucho más que la tradición de beber Slivovitz - un aguardiente sin alcohol - en Pascua para recordar a cualquiera de todas esas bebidas que los taberneros judíos sirvieron en Polonia. En definitiva, una pieza más de la historia económica general de la diáspora judía: "a través de un enfoque constante en la educación y en el desarrollo de habilidades, los mismos judíos se aplicaron a los campos y actividades que eran más ventajosas para ellos". En Polonia era la bebida. Cuando se fueron, no se la llevaron con ellos.

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