Friday, April 18, 2014

¿Podría estar el futuro de Israel en manos de los "unilateralistas"? - Tom Wilson - Commentary



El ministro de Economía de Israel y líder del partido Hogar Judío, Naftali Bennett, ha escrito públicamente al primer ministro Netanyahu abogando para que Israel se anexione áreas clave de la Ribera Occidental, a fin de lograr que los 440.000 israelíes que allí viven estén completamente bajo la soberanía israelí. Por supuesto, en estos momentos es difícilmente concebible que el gobierno israelí implemente lo que promueve Bennett - quien ha dicho anteriormente que tendría que haber elecciones para proveerle del apoyo necesario en la Knesset -, y eso que algunos miembros del Likud en teoría apoyan el plan, el cual puede llegar a vislumbrarse cada vez más en la agenda política de Israel.

La última debacle que ha supuesto el intento de EEUU de lograr un acuerdo final de paz entre Israel y los palestinos, ha convencido a muchos de la necesidad de considerar otras opciones. Después de la segunda Intifada, cuando el primer ministro Ariel Sharon juzgó de una manera similar que no había ningún socio real para una paz negociada, Israel comenzó a implementar un programa de separación unilateral. Esa política se detuvo en sus inicios, no tanto por el derrame cerebral sufrido por Sharon, sino sobre todo a causa de la lluvia de cohetes que llegaron desde Gaza, el caso de prueba para una desgarradora separación unilateral.

Desde entonces, ese enfoque parecía archivado, aunque de vez en cuando surgía como último recurso por parte de algunos comentaristas. En su lugar, ciertos sectores de la derecha han comenzado a hablar en su lugar de una anexión unilateral, total o parcial de Cisjordania. La encarnación de mayor alcance de esta estrategia esta representada por Caroline Glick en su nuevo libro "La solución israelí", dónde no sólo aboga por la plena incorporación de la totalidad de la Ribera Occidental al Estado judío, sino también la absorción de todos los palestinos que viven allí.

Adicionalmente, se ha hablado acerca de otras versiones o híbridos dentro de las opciones actuales. En el momento de la muerte de Sharon, una de esas opciones fue sugerida por el ex embajador de Israel en los EEUU, Michael Oren: que para evitar el dolor de cabeza de una continua vigilancia de los palestinos, Israel debería considerar una retirada unilateral de la mayor parte de Cisjordania. Sin embargo, Oren también reconocía que en virtud de un acuerdo de este tipo, Israel conservaría la mayoría de los asentamientos. Otra propuesta híbrida fue ofrecida recientemente por Hillel Halkin en la revista Mosaic, en lo que él llamó su plan de "dos estados minus". Esta propuesta aboga por la creación de una entidad palestina que no funcionaría como un estado totalmente independiente, sino que en su lugar existiría en federación con Israel.

Luego han surgido las sugerencias de no empujar las negociaciones hasta una resolución final de todas las disputas, sino más bien llegar hasta un punto medio y a un acuerdo seminegociado. Nicholas Casey ha escrito recientemente en el Wall Street Journal sobre la posibilidad de simplificar los objetivos, y en su lugar conformarse con gestionar la situación, en comparación con la búsqueda de una solución definitiva. Casey hacía referencia a una propuesta presentada por Shlomo Avineri que sugería que las dos partes llegasen a un acuerdo sobre aquellas cuestiones donde pudieran conseguirlo, con Israel transfiriendo el control de más territorio a los palestinos. En este escenario, los temas del estatus final, difícil o casi imposible de alcanzar, se dejarían de lado y las dos partes no estarían obligadas a reconocerse mutuamente. Por supuesto, el problema radica aquí en que sin un reconocimiento o un final del conflicto por parte de los palestinos, tanto las campañas de violencia e incitación como de deslegitimación de Israel a nivel internacional, probablemente continuarían.

Hay dos problemas obvios con la casi totalidad de las propuestas unilaterales. Uno de ellos es la seguridad, el otro es la opinión internacional. Esos planes que exigen una arriesgada retirada casi completa de Cisjordania podrían recrear una Gaza a escala masiva, y con el riesgo de amenazar lugares de alta importancia estratégica para Israel, además de sus principales centros de población y su infraestructura vital.

El plan de Bennett de una anexión israelí de la zona C de Cisjordania, ahora bajo control israelí, trataría de superar este problema, pero en realidad simplemente podría conducir a la creación de unas múltiples mini-Gazas en toda Cisjordania. Y si bien esta propuesta podría extender la soberanía de Israel al territorio habitado por cientos de miles de israelíes, es dudoso que la comunidad internacional la reconociera, del mismo modo que se niegan a reconocer la anexión israelí de Jerusalén Este o los Altos del Golán.

Por supuesto, una retirada unilateral de Cisjordania tampoco resolvería este problema, como lo demuestra una comunidad internacional apegada absurdamente a la idea de que Israel sigue siendo la potencia ocupante de Gaza.

La propuesta que trata de abordar ambos problemas es la solución de un estado único de Caroline Glick. Es de suponer que si Israel no sólo se anexionara el territorio, sino también extendiera la plena ciudadanía a todos los palestinos que allí viven, a continuación, y dependiendo de la reacción palestina, la protesta internacional podría ser más manejable. Muchos objetan este plan por razones demográficas. De hecho, puede ser cierto que ha existido una significativa falsificación palestina de los datos de su censo. Sin embargo, incluso si Glick tuviera razón cuando dice que los judíos lograrían mantener una mayoría de dos tercios, todavía existe un serio cuestionamiento acerca de cómo tantos árabes podrían llegar a ser asimilados en un Estado judío, y en el caso de que todos ellos ejercieron su derecho a voto, ¿serían los partidos sionistas todavía capaces de mantener la Knesset? Es por ello que ninguna de estas propuestas parecen factibles.

Probablemente no sea prudente hacer previsiones, pero suponiendo que la presión internacional se intensificara considerablemente, y con una salida negociada poco probable, es posible que algo sucediera, y finalmente, la izquierda o la derecha, podría implementar su versión de un plan unilateral.

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