Friday, June 20, 2014

El Mensuario Identidad y su estrambótica defensa de Hannah Arendt (la "ultraderecha, ese espantajo, es la que la crítica")



Leo en el Mensuario Identidad un estrambótico titular que dice "Periodista ultraconservador arremete contra Hannah Arendt", pero es que este artículo que reproduzco a continuación no dice nada nuevo de lo ya apuntado en castellano por Marcelo Birmajer, o en inglés por Sol Stern, o por Alex Lacroix en francés en Tribune Juive, por no hablar de acusaciones más directas recogidas en mis propios post, dos de Yiftach Ofek, uno y dos, y otro de nada menos que Shlomo Avineri, que escribe en el Haaretz y que espero que nadie en su sano juicio puede catalogar de ultraderecha, aunque cuando se critica a los ídolos de la izquierda nunca se sabe, porque el "fascismo siempre suele estar al acecho" (reproduzco el artículo en cuestión con algunos pocos retoques estéticos):
En las universidades, cuando se estudia las  teorías de Arendt se dice una y otra vez, que se  está explorando algo nuevo, algo que supuestamente está desafiando las viejas y rancias ideas con la que comúnmente se percibe la  maldad humana y el totalitarismo. 
 Vale la pena preguntarse por qué su trabajo y sus ideas fueron y siguen siendo  respetadas, en primer lugar, a la luz del hecho de que ella era  colaboradora de Heiddeger que se confesó como  nazi y antisemita. 
Para tener una idea de la gran exposición e influencia de Arendt uno sólo tiene que leer los comentarios de una de sus admiradoras. Cynthia Haven en la Universidad de Stanford, escribe: "El mundo de la filosofía del siglo XX no generó super estrellas salvo Arendt. Treinta y cinco años después de su muerte, esta filosofo es una celebridad". 
Hay un Centro de Hannah Arendt de Política y Humanidades en el Bard College, donde se encuentra  gran parte de su biblioteca personal.    
En la reedición  de un libro de Deborah Lipstadt en el que la autora criticaba Arendt, el blog del Centro señaló: "Gracias a Hannah Arendt, la mayoría de la gente ha llegado a entender a [Adolfo] Eichmann como un heraldo de la posibilidad aterradora de que la  gente común  pueda generar el mal.
En otras palabras, la creencia popular es que este nazi particular era una persona normal impulsada por su deseo de tener éxito, en lugar de un verdadero odio o intención criminal, para facilitar el asesinato de millones de personas".
Arendt nació en 1906 en Alemania, pero pasó su juventud en la ciudad de Prusia Oriental de Konigsberg (hoy distrito militar ruso de Kaliningrado). Estudió en la Universidad de Marburg, donde conoció a Martin Heidegger, filósofo alemán que se convirtió en su amante. 
Debido al ascenso del nazismo, ella huyó de Alemania y vivió en Francia hasta que la ocupación alemana le obligó a huir de nuevo, esta vez a los Estados Unidos. Ella fue empleada por el Joint Distribution Committee, una ONG judía, como parte de un proyecto llamado "Reconstrucción Cultural Judía" después de la guerra, antes de convertirse en una celebridad universitaria.

Ella es famosa por dos obras Los orígenes del totalitarismo (1951) y Eichmann en Jerusalén (1963). En estos  dos libros  su principal aporte fue demostrar que el nazismo no era único; en sus aspectos totalitarios . Ella absolvió a los alemanes de cualquier culpabilidad especial en cuanto al Holocausto y el apoyo al nazismo, argumentando que todas las personas eran capaces de producir semejante maldad. 
Ha menudo se a pasado por alto que Arendt era  nacionalista alemán y  una judía que odiaba sus orígenes.

En Orígenes del totalitarismo,  culpó a los judíos ricos por el surgimiento del nacionalismo debido a su apoyo a la monarquía. "Los judíos había sido proveedores de las guerras y mimado por los reyes", escribió. En Eichmann en Jerusalen argumentó que si no hubiera sido por los Judios que trabajaban con el gobierno nazi, en los guetos y en los campos, el número de muertos en el Holocausto habría sido menor.

Arendt también odiaba a Israel y al sionismo. En 1948 ella escribió  de Menachem Begin que  el  Herut  era uno de los "fenómenos políticos más inquietantes de nuestra época en el recién creado Estado de Israel,  muy semejante en su organización, métodos, filosofía política a los partidos nazi y fascista". 
Ella manifestó que el juicio de Eichmann fue un simulacro de juicio. Pero es su odio a si misma es como debe ser recordada.  Cuando ella estaba en Jerusalén, le escribió a su amigo el filósofo alemán Karl Jaspers: "El Jefe del Tribunal representa lo mejor de los judíos.  Por debajo de él están los abogados querellantes, mediocres pero todavía europeos. Todo está organizado por una policía que me pone los pelos de punta. Y fuera del tribunal se aprecia una  multitud oriental, como si uno estuviese en Estambul u  otro país asiático, sumado a los judíos de caftán, que hacen la vida imposible a todas las personas razonables que tratan de vivir aquí". 
En su  afirmación de que el origen alemán del juez lo hace mejor,  me hace acordar a las teorías sobre la supremacía aria.  La existencia de una policía que no cuestiona las órdenes trata de hacer una analogía con los soldados nazis. Los comentarios sobre la gente oriental que puebla Jerusalén son racistas y el  desprecio por los judíos religiosos  refleja el odio de los judíos alemanes por los Ostjuden, sus  hermanos del este. 
La carta de Hannah Arendt debería ser de lectura obligatoria en cualquier curso universitario que vanaglorie su nombre. Su racismo contra los árabes y sus opiniones eurocéntricas deberían hacerse conocer como advertencia para sus lectores.  Al igual que el racismo de Henry Ford ha dañado su reputación   y el fascismo de Ezra Pound lo destruyó,  es hora de superar a Hannah Arnedt, y mandarla al basurero de la historia.

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