Saturday, June 07, 2014

El New York Times e Israel - Gilead Ini - JPost



Hace dos años en Jerusalén, una banda de gamberros adolescentes israelíes golpearon a un adolescente árabe llamado Jamal Julani. El ataque fue brutal. La víctima quedó inconsciente y fue llevada de urgencia al hospital, donde se recuperó y se le dio el alta varios días después.

Es comprensible que se divulgue esta historia de jóvenes judíos violentos, extasiados por eso que lleva a la gente joven a la estupidez y al odio. De hecho, la noticia tuvo mucha repercusión en Israel, lo suficiente como para que los funcionarios de todo el espectro político israelí hablaran alto y claro condenando el ataque.

Algo menos comprensible fue el énfasis puesto por el The New York Times al tratar la agresión. La historia de la paliza apareció en primera página, en un valioso espacio situado en su parte superior donde los editores suelen ubicar las historias que quieren que lean la mayoría de los lectores, y un comentario editorial postrero sugería preguntas sobre "la brújula moral de los jóvenes judíos" que crecen dentro del conflicto israelo-palestino. Una semana más tarde, en un artículo que apareció de nuevo en primera plana del diario de Nueva Inglaterra, este diario informaba a sus lectores de que el incidente revelaba "heridas purulentas respecto a la raza, la violencia y el extremismo" en Israel.

¿Pero resulta algo habitual que las agresiones de jóvenes racistas de tierras lejanas, aún siendo tan perturbadoras, suelan ocupar la primera página del NYTimes, no una vez sino dos veces? Lo siento, pero no lo creo. De hecho, incluso cuando el NYTimes informó sobre el linchamiento de Matthew Shepard, un estudiante gay de la Universidad de Wyoming, y una de las víctimas de uno de los crímenes de odio en los EEUU más conocidas de los últimos años, el NYTimes informó inicialmente del incidente en la página 9.

Y aunque la historia en ese mismo diario que hacia el seguimiento de la agresión al joven palestino Jamal Julani, y que se titulaba "Después del ataque, las escuelas israelíes se enfrentan al odio", volvía a considerarse como material de primera plana, su equivalente estadounidense, sobre el joven gay linchado Matthew Shepard, "Después del linchamiento al joven gay, la ciudad revisa sus actitudes", fue nuevamente sepultada en la página 12 (sólo cuando Shepard falleció a causa de sus heridas varios días después del linchamiento, la historia cosechó el honor de que el NYTimes la colocara en portada).

¿Por qué esta discrepancia tan llamativa? ¿Podría ser que la violencia israelí, que según el NYTimes debe ocupar la primera plana del periódico, es mucho más importante que la violencia existente en Wyoming porque se produce en el Oriente Medio y es provocada por sus adolescentes racistas?

Por desgracia, esa explicación no es cierta ni justifica nada. Después de todo, tampoco hubo noticia de primera página un año y medio antes, cuando dos adolescentes palestinos provocaron una matanza mucho mayor al irrumpir en un hogar judío masacrando a cinco miembros de la familia Fogel. La brutalidad de la matanza y las edades de tres de los víctimas - un niño de 11 años de edad, otra de 4 años de edad y un niño de tres meses de edad – provocó un terremoto a lo largo de Israel. Pero esta vez los editores del NYTimes relegaron los detalles de la masacre a la página 16 del diario, y esta vez los reporteros del NYTimes no se mostraron tan obligados a realizarse preguntas acerca de la "brújula moral" y el "extremismo" de la juventud palestina adoctrinada a odiar a los judíos.

Al contrario, cuando los líderes israelíes vincularon ese ataque al odio que inculca la educación en la sociedad palestina, los reporteros del NYTimes, como si fueran accionados de manera automática, saltaron para señalar una vez más su dedo acusador contra Israel, pidiendo a sus lectores que consideraran si esos "centros de incitación” lo más que evidenciaban era la falta de preparación de los líderes palestinos para hacerles frente.

Hay un manifiesto doble rasero en el New York Times, que fluye de su práctica de un periodismo sesgado que se esfuerza por minimizar la parte de responsabilidad de la Autoridad Palestina en el conflicto, mientras que arrastra la parte de la culpa sobre el Estado judío.

"Insultos, agravios" podrían parecer palabras fuertes. Pero no parecen tales. En las páginas del NYTimes los líderes israelíes son retratados como "estridentes", "tercos", "abrasivos" y "cínicos". Y esto fue solamente en el transcurso de poco más que un mes. Ese staccato (ritmo) de insultos contrasta notablemente con las descripciones de los líderes de la Autoridad Palestina como "moderados" y "conciliadores", y se aleja aún más bruscamente de la promesa del periódico de "cubrir las noticias de la manera más imparcial posible".

La periodista y jefe de la oficina de Jerusalén, Jodi Rudoren, fue tan lejos como para decir a los lectores que el primer ministro Binyamin Netanyahu era "muy conocido por, y tal vez sobre todo, hablar en tonos estridentes". Más tarde, de nuevo en las páginas de noticias, Rudoren preguntaba a los lectores si Israel era culpable de "hipocresía sin esperanza", una descalificación que el periódico nunca ha usado para describir a los palestinos (ni a cualquier otro gobierno o individuo, ya que la frase apareció por última vez en una carta al editor de 1906).

También, por ejemplo, Israel "distorsiona" los beneficios financieros de Irán en el acuerdo nuclear que estaba a punto de concluir, según le comunicaba Rudoren a sus lectores, no importando para nada que las estimaciones israelíes estuvieron en línea, o un poco menos, con las esgrimidas por otros respetados y expertos periodistas.

La defensa de un periodismo basado en la “comprobación de los hechos” parece estar reservada exclusivamente para la parte israelí. Cuando el Presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, al citar una carta de 1948 firmada por el presidente Harry Truman en la que el término “Estado judío” fue tachado y sustituido por "Estado de Israel", distorsionó claramente los hechos sugiriendo que el presidente Truman no reconoció a Israel como un Estado judío, Jodi Rudoren, obedientemente y sin cuestionar nada, transmitió la afirmación del líder palestino dejando a sus lectores sin conocer que Truman ciertamente apoyó y reconoció un Estado judío, y que la tachadura del término "Estado judío" en la carta sólo se debió a que fue redactada antes de que el nombre oficial del nuevo Estado judío fuera conocido, y que inclusive una segunda mención del "Estado judío" se mantuvo intacta.

Estas anécdotas nos informan de un patrón de sesgo ampliamente documentado. CÁMARA publicó recientemente un estudio de seis meses de la cobertura del periódico sobre Israel que demostraba que el New York Times minimizaba constantemente los puntos de vista israelíes mientras promovía las perspectivas palestinas. Y esa cobertura ha empeorado desde entonces. Por eso CÁMARA colocó un cartel, que daba directamente a las ventanas del The New York Times Building en Manhattan, diciendo en voz alta a ese periódico que su información era, de una manera obvia y vergonzosa, claramente "injusta con Israel". Y es por eso que los lectores en los EEUU y de otras partes que quieran estar informados de manera fehaciente y objetiva sobre el conflicto árabe-israelí deben olvidarse del NYTimes y buscar en otra parte.

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