Saturday, July 19, 2014

Es Occidente quien se ha alejado de Israel… y de sí mismo - Douglas Murray - Spectator



¿Se está alejando Israel de Occidente? Esa fue la afirmación de Hugo Rifkind en su columna de la semana pasada. Hugo escribió:
 Israel va a la deriva. No importa quién tenga la culpa; eso es otro tema. Pero está sucediendo. Se está yendo. No hace mucho existía en la imaginación popular como nuestra gente en aquel lugar. Una vez, supongo, enemigos y amigos, por igual, la consideraban como una nación del Atlántico Norte, pero en otros lugares. A continuación, como un país europeo occidental, después, brevemente, como uno del sur de Europa. ¿Cuándo piensan que ocurrió que Israel dejará de ser considerado como fundamentalmente algo como España? ¿A principios de 1990? Entonces ellos le dispararon a Yitzhak Rabin, y Oslo no sucedió, y partió, quizás para ser tras una especie de intermedio griego apático hacia un desconcertante orientalismo de algún lugar como Turquía.
 Dejemos de lado ese “ellos” le dispararon a Yitzhak Rabin (¿¿??), en lugar de hablar de un asesino solitario, Yigal Amir, quien permanece en una prisión israelí, y que cumple una cadena perpetua después de su juicio por un tribunal israelí. Y también vamos a dejar de lado la idea de que Oslo no sucedió "por cualquier razón que no sea que el líder terrorista Yasser Arafat no estaba dispuesto a renunciar a sus auténticos objetivos".

Lo que es más interesante de este artículo es la idea de que Israel va a la deriva alejándose de Occidente. En su sincero y admirablemente franco artículo, Rifkind dice de Israel: "Me gusta mucho más que Siria, China, Zimbabwe y muchos otros países, pero menos de lo que me gusta el norte de Londres".

Puedo entender por qué Rifkind y otros occidentales, judíos y no judíos, pueden sentirse más cercanos culturalmente al norte de Londres que a Israel. El norte de Londres no es lo mío, pero la vida allí parece ir bien. Parece que hay pocas dudas existenciales más allá de la discusión sobre los precios de la vivienda y si la gente puede permitirse el lujo de enviar a los niños a colegios privados. La vida es fácil, la vida es buena. No es especialmente noble, pero es agradable.

Israel comparte muchas de estas características. Pero también es una nación cuya actualidad le obliga a tener que hacer lo que la gente en países como este - incluso las personas del norte de Londres - antes también tenía que hacer, pero que parecen haber olvidado: que tiene que luchar por su supervivencia. Israel está rodeado de enemigos, como nosotros lo hemos sido durante gran parte de nuestra historia. Pero hoy nos gusta pensar que los enemigos son una cosa del pasado. Ya no hay enemigos, sólo perviven unas fobias de las no estamos curados todavía.

El Israel actual también se distingue por un profundo sentido de los valores y la ética, así como un profundo conocimiento de su origen, lo cual nosotros, incluso en el norte de Londres, también solíamos tener. Profundos cuestionamientos sobre la supervivencia, la tragedia y el triunfo del pasado, presente y futuro siguen estando vivos en cada casa de Israel que he visitado, aunque rara vez se escuchan entre los residentes del norte de Londres. Así que es cierto, se trata de vidas muy diferentes.

Por supuesto que hay ciertas partes de Europa donde este tipo de preguntas existenciales pueden volver a surgir. Yo sé que los judíos de Francia se las plantean y están empezando a pensar en alejarse de nuevo de su país. Durante el último fin de semana en París, una turba atacó a una sinagoga, atrapando a cientos de fieles en el interior. En París, muchos de los manifestantes anti-Israel “parecían mucho más interesados en los judíos" que en "los israelíes", hasta que llegó el momento de los coctel molotov. "Sucia judía, inshallah morirás", le dijeron a una joven judía parisina. Otros fueron recibidos por el público con ese canto más sencillo de "Muerte a los judíos". Pero claro, ese era el este de París, y el norte y el sur de París. Un mundo de distancia si lo comparamos con el norte de Londres
.
Lo que quiero decir es que a mí me parece - de mis muchas visitas allí y tras ver al país en paz y en guerra – es que Israel es quien sigue siendo el país verdaderamente occidental. El Israel que toma su historia en serio, que piensa profundamente acerca de hacia dónde va y para que existe. Es Israel el que toma los valores occidentales en serio y lucha por la supervivencia de esos valores en lugar de sentarse y asumir que son simplemente parte de algún derecho de nacimiento. Las preguntas y dilemas de Israel no son materia del personal del norte de Londres o de otras partes de Europa occidental en estos días, aunque siguen estando vigentes en gran parte de los EEUU. En conclusión, y a pesar de mi admiración por su franqueza, no puedo dejar de pensar que Hugo está totalmente equivocado. Dejando la geografía a un lado, es Israel quién aún es verdaderamente un país occidental. Mucho más de lo que lo son muchas partes de la Europa occidental actual.

Un distanciamiento puede estar surgiendo. Pero no porque Israel se haya alejado de Occidente. Más bien, porque hoy en día y en gran parte de Occidente, deslumbrados por el resplandor de nuestros logros – y con ganas de disfrutar de nuestros derechos, pero sin estar dispuestos a defenderlos - , Occidente se encamina, poco a poco, hacia la deriva lejos de sí mismo.

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