Tuesday, August 19, 2014

Atascado en los años 90, el campo de la paz de Israel está perdiendo el interés de la opinión pública - Mazal Mualem - Al Monito



Al final de la manifestación por parte de grupos de izquierda en la Plaza Rabin en la noche del 16 de agosto, el director general de la organización no gubernamental Peace Now publicó un breve anuncio a los medios de comunicación. En él, anunció que él y sus colegas se sorprendieron y se vieron alentados por el gran número de manifestantes, y que "esta noche la izquierda demostró que 'cuanto más la opriman, tanto más se multiplica y propaga' [Éxodo 01:12]". Sin embargo, en su declaración, el director general de Peace Now, Yariv Oppenheimer, sonaba como si estuviera tratando de alentarse a sí mismo por encima de todo. En el mejor de los casos, no llegaban a 7.000 personas en la manifestación en protesta por la operación Margen Protector y bajo la bandera de "cambiar la dirección hacia la paz".

Oppenheimer es quién encabezó al movimiento que organizó la "Demostración de los 400.000" hace apenas 32 ​​años, después de la masacre de Sabra y Chatila, y durante la Primera Guerra del Líbano. Él debería estar preocupado por la continua disminución del campo de la paz y cómo cada vez más se está alejando de la corriente principal de la opinión pública en Israel. Los oradores en la demostración de 1982 incluyeron a personalidades del Partido Laborista, por aquel entonces también en la oposición, entre ellos Yitzhak Rabin  (primer ministro cuando fue asesinado más tarde) y Shimon Peres (presidente hasta el mes pasado). El actual presidente del Partido Laborista, el miembro del Knesset Isaac Herzog, no se hallaba por ninguna parte en la manifestación del 16 de agosto, ni había otros miembros de alto rango del partido.

Los políticos que hablaron fueron la presidenta del Meretz, la diputada en la Knesset Zehava Gal-On, y el líder del Partido Hadash, el miembro de la Knesset Mohammad Barakeh. En definitiva, se trataba de una mezcla política que situaba a la manifestación desde un principio como una protesta de la extrema izquierda. Teniendo en cuenta esto, se hacia difícil no recordar las grandes manifestaciones del campo de la paz en apoyo de los Acuerdos de Oslo del 4 de noviembre de 1995, en la tarde en que Rabin fue asesinado, o las manifestaciones de masas celebrada en su memoria muchos años después de eso.

Hace ya bastantes años que el campo de la paz se muestra incapaz de conseguir un número importante de participantes en sus manifestantes. La última vez que la Plaza Rabin se llenó a rebosar fue la noche en que Ehud Barak fue elegido primer ministro en mayo de 1999, después de haber vencido a Benjamin Netanyahu. De pie, frente a una exuberante multitud que llegó de forma espontánea al lugar donde Rabin fue asesinado cuatro años antes, Barak pronunció su discurso de la victoria, que se inició con las memorables palabras: "Este es el amanecer de un nuevo día".

Barak, el líder por entonces del "campo de la paz", regresó humillado un año después del fracaso de la conferencia de Camp David con el líder de la OLP, Yasser Arafat. La segunda Intifada estalló poco tiempo después, y el presidente del Partido Laborista acabó estrellado pública y políticamente, y el campo de la paz recibió un golpe tan rotundo del que aún no se ha recuperado. Barak acusó a Arafat de hacer explotar las conversaciones de paz y de fomentar la violencia, logrando grabar en la conciencia de la opinión pública israelí el dicho y el sentir de que no hay "ningún socio para la paz" en el lado palestino. Al mismo tiempo, muchos israelíes son conscientes de que la empresa de los asentamientos se mantiene próspera, con un número de colonos que ha crecido desde los 200.000 en 2001 a los 325.000 en la actualidad.

La segunda intifada costó la vida a cerca de 1.100 israelíes en sangrientos atentados llevados a cabo en el corazón de las comunidades urbanas de Israel. Al mismo tiempo, también enajenó el público israelí de la idea de una solución de dos estados, la cual era el núcleo del enfoque diplomático de la izquierda sionista y del campo de la paz.

Este paradigma disfrutó de un renacimiento durante el mandato de Ehud Olmert en el cargo de primer ministro, cuando ofreció al presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas un plan de largo alcance para la partición de la tierra. Pero Olmert cosechó nuevamente el desaire de los palestinos, y el campo de la paz fue lanzado al caos una vez más. Cuando Abbas argumentó como disculpa que no había aceptado la propuesta porque creía que esos eran los últimos días de mandato de Olmert en el cargo, los israelíes simplemente no quisieron escucharle más.

En la reunión conmemorativa del asesinato de Yitzhak Rabin en el 2006, apenas dos meses después de la Segunda Guerra del Líbano, el más importante orador fue el conocido escritor David Grossman, quien había perdido a su hijo Uri en esa guerra. Grossman le rogó a Olmert que hiciera la paz con los palestinos diciéndole: "Diríjase a los palestinos, Olmert, no busque en todo momento razones para no hablar con ellos. Usted se echó atrás a la hora de tomar una decisión (retirada) unilateral, y esa fue una buena decisión, pero nos deja en un vacío. Debe ocuparse de manera inmediata de la violencia y de la destrucción. Hable con ellos, hágales una oferta que sus moderados puedan aceptar... Haga que sea una oferta que les obligue a elegir entre aceptarla o seguir siendo rehenes del Islam fanático. Acérquese a ellos con el plan más valiente y más serio que Israel pueda ofrecer".

Olmert, que era entonces jefe del Partido Kadima, hizo casi todo lo que Grossman le rogó que hiciera. Él fue el primer ministro israelí que más dispuesto estuvo a ir más lejos para lograr un acuerdo permanente con los palestinos.

Desde entonces, Grossman se ha convertido en la voz del campo de la paz. Es su principal orador en todas sus manifestaciones y su auténtico mensajero desde entonces, escribiendo habitualmente artículos de opinión en los periódicos tratando de expandir el espíritu del mensaje del campo de la paz. Por supuesto, no estuvo ausente en la manifestación del 16 de agosto, y de hecho volvió a ser el orador principal, llamando al gobierno a ofrecer a los palestinos "un gran plan, con visión de futuro, productivo y con propuestas genuinas".

El problema es que incluso la gente del centro político, que también quiere que haya un proceso diplomático, al igual que las personas que votaron por el Partido Atid Yesh o incluso el Partido Laborista, se dicen a sí mismos: "Ya hemos visto esta película antes. Ya hemos hecho nuestras propias ofertas de largo alcance, y siempre nos devolvieron terrorismo a cambio". Estas afirmaciones ya no son pues exclusivas de la derecha, y el campo de la paz y esa izquierda que respalda las palabras de Grossman como si no hubiera pasado nada, tal como se demostró este 16 de agosto, ya no tienen respuestas convincentes. Esta brecha entre el campo de la paz y el resto de la opinión pública sólo se volvió más aguda después de semanas de cohetes y fuego de mortero contra la población civil de Israel, en una nueva ronda de violencia entre Israel y Hamas.

Hay una sensación en la opinión pública israelí de que el campo de la paz se ha quedado atascado en una era diferente y permanece atrapado en los enfoques que se formularon en la década de 1990, cuando las negociaciones en Oslo estaban en marcha y se estaban firmando acuerdos con los palestinos. Los partidarios de la paz no han revisado sus mensajes y no han planteado ninguna idea novedosa. Ellos todavía tienen que actualizarse y formular un nuevo paradigma que pueda romper el impasse conceptual en la búsqueda de una solución diplomática. En este punto, no parecen capaces de crear un contrapeso a esa derecha rejuvenecida que representa el ministro de Economía y Comercio Naftali Bennett. En lugar de convertirse en relevante nuevamente, el en otros momentos importante campo de la paz, que siempre influyó en la izquierda y determinó su curso, está perdiendo contacto con sus partidarios.

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