Saturday, August 30, 2014

Por qué he anulado mi suscripción al The New York Times - Rabino Richard A. Block - Tablet



Soy un seguidor demócrata de toda la vida, un político liberal, un rabino reformista, y durante cuatro décadas, hasta la semana pasada, un suscriptor del New York Times. Lo que me alejó de este diario fue su incesante denigración de Israel, un torrente de artículos, fotografías y columnas de opinión que presentan sistemáticamente al Estado judío de la peor manera posible.

Este fenómeno no es nuevo. Bastantes observadores han criticado durante mucho tiempo al NYTimes por su falta de objetividad e integridad periodística a la hora de informar sobre Israel. Mi creciente irritación, finalmente, se transformó en alienación y después en disgusto visceral este verano, después de que Hamas renovara sus ataques terroristas contra Israel y el NYTimes pusiera en marcha lo que sólo puede ser descrito como una campaña para deslegitimar al Estado judío.

El conflicto de Oriente Medio es complejo, pero la causa fundamental de la confrontación entre Israel y Hamas no lo es. Comprometido con sus estatutos de "borrar" a Israel y matar a todos los judíos allí donde se hallen, Hamas es reconocida como una organización terrorista por los EEUU, Gran Bretaña y la Unión Europea, una designación motivada por sus cohetes que lanzan contra los civiles israelíes y la creación de una red de túneles del terror en la frontera con Israel - y que penetran dentro de su territorio - para matar y secuestrar, sin lugar a dudas crímenes de guerra indiscutibles.

El renombrado novelista israelí, un reconocido pacifista y miembro de la izquierda israelí, Amos Oz, capturó la esencia del conflicto en dos preguntas que planteó ante la audiencia de una radio alemana. "¿Qué haría usted si su vecino de enfrente se sentara en su balcón, pusiera a su propio hijo pequeño en su regazo y empezara a disparar con una ametralladora contra el cuarto de su hijo? ¿Qué haría usted si su vecino de enfrente cavara un túnel desde su hogar que llegara hasta el cuarto de sus hijos con el fin de destruir su casa o bien secuestrar a su familia?"

Las respuestas son evidentes para todos excepto para el New York Times. Su foco obsesivo en las víctimas civiles palestinas, especialmente los niños, publicando las fotos de sus cadáveres y poco más, como si con eso les contara toda la historia. Las muertes de inocentes en tiempos de guerra son trágicas y desgarradoras, y nos afectan a todos. Pero un periódico comprometido con el equilibrio y la equidad proporcionaría el debido contexto y perspectiva. También mostraría a los traumatizados niños israelíes corriendo apresuradamente a los refugios, acobardados, mojando sus camas, y sufriendo pesadillas. También publicaría las fotos y los relatos de los militantes que lanzan los cohetes desde los techos de las mezquitas, una iglesia y el hotel donde descansan los medios de comunicación, además de desde las escuelas, los centros de acogida de refugiados, las clínicas y hospitales, y las armas ocultas de Hamas en las instalaciones de la ONU. También ería fundamental matizar las cifras de víctimas proporcionadas por organismos cercanos a Hamas, que se sabe que se han falsificado en el pasado, antes de informar sobre ellas como un hecho fehaciente. Asimismo se pondría de relieve el uso por parte de Hamás de los civiles palestinos como escudos humanos, al instarlos a ignorar las advertencias anticipadas dadas por Israel para que abandonen ciertos lugares, facilitando con ello que los habitantes de Gaza fueran asesinados y a la par dañar la imagen de Israel. Tal información objetiva cubriría las amenazas de muerte que inhibieron a periodistas y reporteros gráficos a decir la verdad, la historia completa. Pero el NYTimes no hizo nada de esto.

Lo que hizo en cambio nos lo revela una muestra de sus titulares: "Cuando los ataques aéreos de Israel impactan en una mezquita y una clínica, el riesgo llega hasta casa",  "Israelíes observan el bombardeo de Gaza desde asientos de primera fila", "Preguntas sobre unas tácticas y las metas cuando se incrementan las muertes de civiles en los ataques israelíes", "Corresponsales extranjeros en Israel se quejan de intimidación", "Bombas israelíes se dice que golpearon a una escuela de las Naciones Unidas", "Censura militar en Israel", "Un muchacho palestino en el juego de Gaza, una renovación de la guerra. Una familia sin mañana", "Los partidarios de Israel tratan de llegar a un acuerdo sobre la matanza de niños en Gaza", "Israel se prepara para acusaciones de crímenes de guerra en Gaza", " Resistiendo a los nazis, él vio la necesidad de Israel. Ahora él acusa a Israel".

Luego están los artículos de opinión: "Tony Blair, el perrito faldero de Israel", "El sangriento status quo de Israel", "Cómo Occidente elige la guerra en Gaza", "La oscuridad cae sobre Gaza", "La autodefensa israelí no permite matar a los civiles", "Israel ha reaccionado de forma exagerada a las amenazas de los provocadores", "El sionismo y sus descontentos",  "Estados Unidos debería dejar de financiar a Israel, o dejar que otros promuevan la paz", "El colonialismo de Israel debe terminar", "El apoyo inquebrantable a Israel daña los intereses de Estados Unidos y alienta el extremismo", "Ocho días en Gaza, un tiempo de guerra: Vida y muerte en la Franja de Gaza" - esta última columna consumía casi toda la página editorial -.

La gota que colmó el vaso y ha puesto punto final a mi suscripción llegó el 19 de agosto, cuando Hamas violó nuevamente otra tregua y envío otra descarga de cohetes contra Israel. El titular del Wall Street Journal decía: "Una oleada de cohetes desde Gaza pone fin al alto el fuego". Un portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos condenó la reanudación del lanzamiento de cohetes y acusaba a Hamas de ser el responsable de causar la ruptura del alto el fuego. En cambio, el titular del NYTimes fue: "Cohetes desde Gaza y la respuesta israelí rompen el alto el fuego". ¿En serio? Un periódico que no puede distinguir entre el comienzo de una lucha y la reacción defensiva del atacado es un diario intelectualmente deficiente, moralmente obtuso y profundamente indigno de sus lectores.

Sé que el NYTimes no me va a echar en falta. El sentimiento es mutuo.

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