Friday, August 15, 2014

¿Qué es un "buen judío" en Francia? - Noam Ohana - Tribune Juive




Cuando el ecologista Pierre Minnaert dijo que "no era sorprendente que las sinagogas estuvieran bajo ataque" cuando apoyan las políticas de Israel, al menos tuvo el valor de decir en Twitter en voz alta lo que muchos piensan.

Otros le han seguido, como el sociólogo Farhad Khosrokhavar, quien nos ha explicado en las páginas de Le Monde que la situación de la comunidad judía en Francia mejoraría si cambiara su actitud de cara a Israel, ya que no puede sorprenderse de "que algunos de los musulmanes les tomen la palabra y dirijan su ira contra ella".

Edwy Plenel (un muy influyente miembro en los medias  - Mediapart - de la extrema izquierda y defensor de todos los tópicos de ese movimiento), nos tranquilizó diciéndonos que "evidentemente, se puede ser judío y antisionista, o judío y decididamente diaspórico, mejor que resueltamente nacionalista (sionista)" .

El periodista antisionista judío Dominique Vidal ha roto el corazón de la comunidad judía con un artículo en Le Monde Diplomatique (el semanal de referencia de la extrema izquierda europea) que se resumía en su título: "El antisemitismo: quien siembra vientos, recoge tempestades...".

A Alain Soral (la extrema derecha nacional socialista y antisemita amiga de Diedudonné), le gusta hablar del "judío cotidiano", esa suerte de figura diaspórica desaparecida, una combinación feliz entre los judíos polacos que habitaban el barrio del Marais antes de su deportación y los judíos de las mellahs del norte de África que no debían su supervivencia más que al estado de ánimo del sultán de la zona.

Parece que ese "mercadeo" puede ser posible aquí y ahora, un mercadeo que podría satisfacer a estos intelectuales, pero lamentablemente esta gente tiene la mala costumbre de finalizar las manifestaciones pro-Gaza ante las sinagogas. Nos bastaría con ser "buenos judíos", es decir, "judíos antisionistas". Hay que decir aquí que, si bien la mayoría de los manifestantes pro-Gaza y anti-Israel de los últimos días rechaza la acusación de antisemitismo, gustosamente reivindican el término de antisionista. Si las palabras aún tienen un sentido, ser "antisionista" supone oponerse a la existencia de un Estado judío en la Tierra de Israel.

La comunidad judía de Francia ha tenido que realizar una labor bastante pobre de enseñanza en los últimos años para que exista una tal incomprensión de la naturaleza de la relación que existe entre el pueblo judío, especialmente los judíos de Francia e Israel.

Continuar presentando a Israel como a la última empresa colonial, y por lo tanto a los judíos de Francia como a los últimos esbirros del colonialismo occidental, supone distorsionar la historia. El apego de la comunidad judía a Israel es un apego religioso, cultural y político, y no se fecha en la Guerra de los Seis Días o inclusive en la Guerra de la Independencia de 1948, se remonta a unos 2.000 años atrás. Se nos querría convencer de que la idea de una soberanía judía sobre la Tierra de Israel no es más que una "invención" del sionismo político, despreciando la realidad histórica de la milenaria presencia judía sobre esta la tierra, y sobre todo en violación de la conciencia colectiva de los judíos de Francia y en todo el mundo.

Se puede optar por borrar la centralidad de Israel en la identidad judía con un gesto de la mano, pero entonces tendríamos que jugar el juego de esos que no quieren que este trágico conflicto finalice. Los judíos observantes en Francia se vuelven tres veces cada día hacia Jerusalén y oran por la llegada del Mesías y la paz universal. Los menos religiosos se reúnen para el Seder de Pascua, el Año Nuevo judío y el Yom Kipur, cuando el vínculo inquebrantable del pueblo judío con esta tierra se afirma en todas partes. E incluso los judíos laicos que no celebran nada de todo esto, celebran sin embargo la existencia de un Estado judío soberano que estructura una identidad judía asolada por siglos de persecución en Europa y en el Oriente Medio.

Para ser claros, existen obviamente sensibilidades políticas diferentes dentro de la comunidad judía francesa, como en el resto de la diáspora, pero aquellos que están esperando ver como los judíos franceses queman banderas israelíes en Plaza de la República deberán esperar durante mucho tiempo. Hemos visto a algunos rabinos vestidos de negro (Neturai Karta) un tanto agitados al final de la manifestación, pero pertenecen a una pequeña secta que se ha desenmascarado enviando una delegación a la conferencia negacionista de Mahmoud Ahmadinejad. En cuanto a las facciones marxistas que no reivindican su pertenencia al pueblo judío más que los días de manifestaciones en contra de Israel, en realidad se representan a ellos mismos y a muy pocos más, y lo saben.

En lugar de perder el aliento tratando de encontrar a esos "judíos serviciales", tal como otros en la extrema derecha buscan a sus "árabes serviciales", los organizadores de las manifestaciones de las últimas semanas deberían preguntarse por qué las organizaciones progresistas judías como "Paz Ahora o J Call" se mantienen a distancia. Tal vez sea porque estas manifestaciones, aún cuando no caigan en la violencia, condenan menos las políticas de Israel de que su mera existencia?

La idea según la cual el sostén de los judíos franceses al Estado de Israel conduciría a ataques contra sinagogas representa un malentendido histórico. Se entiende que los ataques contra las sinagogas y el asesinato de judíos hacen que la existencia del Estado de Israel sea inevitable e indispensable.

En el Oriente Medio, como en la Plaza de la República, se tendrá que aprender a vivir juntos, pero a los judíos franceses no se les tiene que negar el derecho de vivir en paz en sus hogares.

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