Sunday, August 24, 2014

Un novelista israelí habla de paz, y un rabino le replica: "Carta a David Grossman: Así es como perdiste al público israelí" - Rabino Yuval Sherlow - Forward



Saludos, David Grossman

¿A quién quisiste hablar anoche? Si querías hablar a los pocos miles de personas que piensan como tú, y por lo tanto reforzar su marco ideológico, tuviste éxito. Así es como tus palabras sonaron de hecho: reforzando sus ideas, de manera inequívoca, sin reconsideración y sin dudas. Un típico discurso de una manifestación. Un discurso que exige a los demás, al resto de los israelíes que no asistieron, lo que tú, y los allí presentes, nunca considerarán para si mismos: repensar el camino o las ideas preconcebidas.

Pero si estabas pensando en hablar para el público israelí en general, o por lo menos para aquellos que estén dispuestos a escuchar tus palabras y reexaminar sus propias opiniones, no tuviste éxito. Has perdido una oportunidad.

¿Cuales de tus palabras crearon la gran barrera para la recepción de tu mensaje? En primer lugar, se podría apuntar a la amplia extensión de la población israelí que no estaba presente. Tú hablaste de dificultades y de desesperación. Aparecieron muchas veces en tus comentarios, y desde tu punto de vista, con razón. Pero tú no hablaste en absoluto de la solidaridad y del gran espíritu nacional que ha surgido en estos días difíciles que estamos atravesando. Tú no hablaste sobre el sentido profundo de asociación que ha surgido dentro del dividido y discutidor  pueblo de Israel.

Tú hablaste, al parecer correctamente, sobre el hecho de que no existe una solución militar para el terrible conflicto entre estos dos pueblos, al menos ninguno que sea visible en el horizonte actual. Pero tú tampoco estabas dispuesto a examinar otras opciones. Tras repetir esos mantras familiares acerca de sentarse y hablar de paz, ignorabas por completo la experiencia que hemos adquirido en los últimos años.

También hablaste de esa perfecta simetría de dolor y sufrimiento que existe entre nosotros y Gaza, pero no estuviste dispuesto a ir más allá y analizar el complejo desafío de la ética de la guerra, de la justicia, del hecho de que uno de los lados del conflicto incluye a un grupo que tiene impreso en su razón de ser nuestra destrucción.

Tú comentaste con toda razón el hecho de que "la caída de mi vecino no equivaldrá necesariamente a mi victoria, y que el bienestar de mi vecino sería finalmente mi propio bienestar", pero tú no tomaste ninguna nota del hecho de que esta frase se pronuncia solamente en un lado de la frontera, no en ambos lados. De hecho, nadie puede vivir voluntariamente en un estado de sitio, pero no hablaste sobre el uso que Hamas ha hecho de los recursos que ha adquirido en los últimos años, a dónde ha ido ese dinero, y qué objetivos han perseguido.

Pero lo más importante que pareces haber perdido es algo de lo que no estoy seguro que puedas ver: algo que faltaba en las palabras que dirigiste hacia tu interior, hacia tu propia gente. Ya señalé al principio tu decisión de no reconocer el espíritu, la fuerza, la devoción y la solidaridad que se ha generado. No creo ni por un momento que tú no lo sintieras. Pero optaste por no tomar nota de ello como parte de la ecuación global.

Ten en cuenta el número de palabras que dedicaste a la desesperación, el odio, la división y la irrupción del fascismo, y lo mucho que hiciste para hacer caso omiso del hecho de que hay otros fenómenos operando, tendencias que están construyendo un nuevo hogar que aún puede surgir de la dicotomía dentro de la cual vivimos. Al hacerlo, has cerrado mis oídos - y los oídos de muchos otros, de eso estoy seguro - a tus palabras. Solo puedo escuchar a alguien que vea una imagen rica y múltiple, no a quien solo ve una unidimensional, o fanática, o extrema.

Pero no solo se trata de eso, se trata de que continúas viviendo en tu mundo dicotómico. Tu continúo hablar en un lenguaje de "una sola respuesta", es decir, que toda persona "tenga que pensar como tú, como un amante de la paz", y que el que no siga dicho sendero "prefiere la certeza de unas repetidas y continúas guerras". Aquellos que creen que tu camino es, precisamente, la mejor garantía de repetidas guerras, y en unas condiciones cada vez peores, no cuentan para nada en tu discurso.

Y esa dicotomía se convierte en fatalismo: "Personas que fueron lo suficientemente valientes como para entrar en las casas-trampa (forradas de bombas) y en los túneles del terror, parecen escuchar solamente, y están dispuestas a aceptarlo, a una especie de decreto del cielo que les dice que sus vidas son sólo suyas en calidad de préstamo, hasta el siguiente pago adeudado en una próxima fecha". Tus oídos, sin embargo, sí están cerrados a las otras posibilidades: Esos jóvenes maravillosos son amantes de la vida y amantes de la paz. Y no están aceptando nada que haya sido decretado desde el cielo. Ellos sólo piensan de manera diferente que tú, David.

Y esa dicotomía continúa en vuestro relato, en el procedente de la izquierda: Un mundo dividido en dos, algo que de alguna manera es "innato", y donde en una de las partes de la ecuación está "el chovinismo, el fanatismo y el racismo" que surge "sin vergüenza, todo a la vez", de una manera vertiginosa, "para imponer una dictadura del miedo en amplios sectores de nuestra opinión pública". En el otro lado estás tú y los que piensan como tú.

Un lado es acusado (con toda razón, si esos datos son correctos) de que "ni una sola palabra de condena ha llegado desde la boca del primer ministro, ni de ningún ministro de alto rango (por el chovinismo, fanatismo y racismo)". El otro lado, por supuesto, mantiene sus manos limpias y es puro de corazón, y ya hemos oído su voz alzada en señal de protesta contra los portavoces de la derecha y sus representantes legales.

Yo no quiero jugar a la autocompasión y preguntar quién comenzó, y si las acusaciones son o no simétricas. Yo sólo quiero señalar lo feo de ese mundo en blanco y negro que generan tus trampas retóricas propias de los mitines.

Tus palabras finales podían - y deberían - habernos llevado a un lugar diferente. Tu dijiste, y con razón: "Yo creo que todavía existe aquí una masa crítica de personas, de gente de la amplia corriente principal de Israel, de gente de derecha y de izquierda, de religiosos y seculares, de judíos y árabes... de gente de Tel Aviv, Ofra, Ashkelon, Jerusalén, Sakhnin y Beer Sheva, de gente que es capaz de unirse, de una forma inteligente y sin ilusiones, en torno a tres o cuatro puntos de acuerdo. Por ejemplo, que Israel es el hogar nacional del pueblo judío y que es un Estado democrático, cuyos ciudadanos tienen absolutamente los mismos derechos, y que hará todo lo posible para resolver el conflicto con sus vecinos... Una especie de prueba por la cual cada ciudadano israelí puede definir por sí mismo cuál es su posición y a qué campo pertenece".

Pero sus palabras una vez más fueron incompletas. Si hubieras añadido las otras caras de la moneda: la disposición a soportar con fuerza y ​determinación nuestra postura sionista y nuestra relación con la Tierra de Israel; la verdadera situación y disposición de los enemigos que nos rodean, "de una manera inteligente y sin ilusiones"; así como una movilización nacional a favor de la periferia israelí (no hablando desde las élites) en el más amplio sentido, entonces habrías roto los estrechos límites de tu público, ante quien hablaste.

Entonces, también habrías encontrado aliados y socios para la lucha por la libertad de expresión y por un discurso público honesto; para una mayor sensibilidad hacia la compleja y difícil situación de la comunidad árabe en el Estado de Israel; para el combate para rescatar a los que han sido perjudicados por la corrupción oficial; para evitar la rigidez de la opinión pública en su búsqueda de formas con que detener el terrible derramamiento de sangre que azota a nuestra región; y para restaurar la palabra "paz" a su estado correcto, en lugar de las manipulaciones políticas con se la explota en la actualidad.

Pero tú eligiste ir por un camino diferente, y por eso te viste obligado a pronunciar estas palabras de autoengaño: "Ustedes son muchos. Nosotros también somos muchos, muchos más de lo que pensamos, de lo que creíamos".

Qué lástima, David

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2 Comments:

Blogger HArendt said...

Un servidor sí cree que David Grossman habla en nombre de muchos israelíes y judíos. Y que merecem ser escuchado y respetado. Por lo menos, tanto como los que no piensan como él.
Un saludo afectuoso desde las islas Canarias.



11:06 PM  
Blogger José Antonio said...

Te recomiendo la lectura de un post previo: "Atascado en los años 90, el campo de la paz de Israel está perdiendo el interés de la opinión pública".

Mientras la izquierda y el campo de la paz no deje de "(mal)interpretar" los objetivos palestinos, tratando de ocultar la parte menos satisfactoria o vendible al conjunto de la población israelí, su función será mínima.

Esto parece obvio a todos, pero la izquierda israelí se niega a reconocerlo, el problema estriba en dos paradigmas en los que cree firmemente: solamente Israel podrá realizar concesiones y esa izquierda ha asumido en buena medida la narrativa palestina y cree necesario que Israel debe "pagar" o "recompensar" a los palestinos (ambos paradigmas están interconectados).

Algo similar pasa con la izquierda europea y sus políticas inmigratorías (sobre todo hacia ciertas poblaciones musulmanas sumamente conflictivas).

Sus políticas de "ingeniería social" (además de la búsqueda de mano de obra barata y de una renovación demográfica favorecida por las élites económicas) han dado lugar a los conflictos de integración existente, con una políticas multiculturales que perjudican dicha integración y favorecen la guettoización. Y todo por su "sentimiento de culpa" por formar parte del primer mundo, ese mismo que, aun denigrándolo, ni por un momento piensan abandonar.

En resumen, mala conciencia y mucho deseo revolucionario de salón, unido a bastante aburrimiento existencia por la falta de creencias

12:23 AM  

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