Thursday, September 18, 2014

Los Judíos y la Izquierda: Una alianza que se quiebra - Philip Mendes - Israel Hayom



 La mayoría de los políticos izquierdistas de todo el mundo no cuentan como aliados de los judíos en estos días. Ellos ya no ven a los judíos como a un pueblo vulnerable y oprimido, no dan prioridad a cualquier lucha contra el antisemitismo, y censuran enérgicamente al sionismo y a Israel. Muchos grupos de la izquierda han sido algunos de los críticos más fuertes de la reciente incursión de Israel en Gaza, y más generalmente proporcionan un apoyo incondicional al movimiento extremista de boicot, desinversión y sanciones contra el Estado judío. En paralelo, los judíos ya no dependen, o ya no esperan, que la izquierda les defienda o promueva sus intereses.

Pero no siempre fue así. Durante un siglo y medio, desde alrededor de 1830 hasta 1970, existió una alianza política informal entre los judíos y la Izquierda. Nunca fue una alianza de todos los judíos y de todos los grupos de izquierda. Pero fue una alianza entre sectores clave de la izquierda y sectores clave de los judíos políticamente activos en distintos momentos y en diferentes lugares. Ambas partes estaban motivadas por una combinación de interés pragmático, idealismo y/o altruismo.

A su nivel máximo, a finales de los siglos XIX y principios del XX, esta participación de los judíos en la izquierda política se daba en casi todos los países donde vivían los judíos, desde la Europa continental hasta el mundo de habla inglesa, incluyendo América Latina y los principales países en el Oriente árabe, Oriente asiático y África del Norte.

Muchos factores se combinaron para unir a los judíos y a la izquierda. Los judíos en muchos de esos países eran víctimas de una opresión de clase o étnica, y a veces de ambas. Los valores religiosos y culturales judíos, como la caridad y el "Tikún Olam" (reparar el mundo), parecían encajar con la filosofía socialista. Los judíos también se concentraban en las comunidades urbanas, y el socialismo era principalmente un fenómeno urbano. La educación judía y la formación intelectual también pueden haber contribuido a que los judíos fueran más receptivos a las ideas de reforma social y política, con muchos socialistas judíos utilizando regularmente referencias bíblicas y talmúdicas para analizar los acontecimientos contemporáneos (aunque en realidad muy pocos judíos religiosos se unieron a la izquierda política).

Probablemente el factor clave fue que los judíos, por aquel entonces, representaban a una tribu global, a un pueblo de nómadas internacionales, a los solicitantes de asilo de la época. Como tal, poseían una visión más amplia del mundo que los respectivos nacionales de los países donde vivían, con sus  fronteras, culturas y tradiciones nacionales. El universalismo judío parecía habilitar más y mejor a los judíos para que pudieran imaginarse un mundo mejor para toda la humanidad. Y cuando se movían desde Rusia a las Américas, o desde Sudáfrica a Palestina, recreaban las mismas y diversas agrupaciones de izquierda que habían existido en sus antiguos países: bundistas [N.P.: Bund, partido de izquierdas y diaspórico que preconizaba una autonomía cultural judía y que fue barrido con el comienzo de la II Guerra Mundial y el Holocausto], comunistas, laboristas sionistas, socialistas, social-demócratas, incluso anarquistas sociales. Siempre existieron tensiones entre estos grupos entre los más universalistas, quienes colocaban por encima de todo el bienestar humano internacional tomando como partida el específico universalismo judío, y los particularistas, quienes priorizan el bienestar y el desarrollo cultural y social judío.

Aún así, los judíos siempre conformaron la facción más genuinamente internacionalista dentro del movimiento obrero. Trabajadores judíos de todo el mundo se mantenían unidos, y colaboraban activamente con familiares y amigos que residían en muchas otras partes del mundo, compartiendo una cultura política común, y en su mayoría hablando el mismo idioma, el yiddish. Sus habilidades multilingües y sus conexiones transnacionales aumentaron la producción y la distribución de la propaganda socialista y de la visión global, y con frecuencia se utilizaron efectivamente para promover los fines de la revolución.

Sin duda, la izquierda nunca rechazó completamente los populares estereotipos antisemitas ni prestó un apoyo incondicional a los judíos. Seguía siendo reacia a reconocer las aspiraciones nacionales judías, no alcanzaba a comprender totalmente los prejuicios nacionales y religiosos (en contraposición a los factores económicos o sociales) que alimentaban al antisemitismo, y sobre todo, supuso erróneamente que, tanto el antisemitismo como la existencia de los judíos como grupo distintivo, desaparecerían con el triunfo del socialismo.

Y hubo algunas grandes decepciones por el camino, sobre todo para aquellos judíos aferrados al comunismo internacionalista. Entre ellas, el apoyo comunista a los disturbios anti-judíos de 1.929 en Palestina, los juicios estalinistas de 1936-1938 que apuntaron a muchos judíos soviéticos, el Pacto de Alemania y la URSS de 1939 (y su consiguiente reparto de Polonia) y la campaña antisemita de Stalin de 1948 a 1953, la cual afectó negativamente a muchos judíos en todo el bloque oriental. No obstante, también muchos comunistas judíos estuvieron entre los principales apologistas de las acciones antisemitas llevadas a cabo por la Unión Soviética.

Pero en conjunto, la alianza histórica entre los judíos y la izquierda fue positiva e incluyó importantes logros. Los grupos de izquierda fueron, en general, más propensos a apoyar las aspiraciones judías a la igualdad que los grupos de derecha. Con algunas excepciones, los grupos de izquierda no incitaron o participaron en los actos de violencia contra los judíos, tampoco exigieron que los judíos fueran excluidos de ciertos cargos o profesiones, o de la vida y la cultura nacional, y no argumentaron que los judíos debían ser expulsados de forma colectiva o enviados a Palestina. A diferencia de la derecha, la izquierda incluyó abiertamente a un número significativo de judíos como militantes y dirigentes. Y sobre todo, después de 1945, los grupos de izquierda apoyaron abrumadoramente el derecho de los judíos a establecer un hogar nacional en Palestina.

Así pues, ¿por qué declinó esta alianza?

Una primera razón obvia es el Holocausto, que diezmó las fuentes de procedencia del radicalismo judío en Europa oriental y central, y de paso también destruyó la fe de muchos judíos de izquierdas en las ideas universales, dado el fracaso de los grandes movimientos de trabajadores de Europa a la hora de combatir al antisemitismo nazi.

En segundo lugar, la creación de Israel proporcionó a los judíos una fuente alternativa y positiva de protección bajo la forma de un fuerte Estado judío donde cualquier judío perseguido podía encontrar refugio. Israel también reformuló las agendas políticas nacionales de muchos judíos de la diáspora, desde la búsqueda de la protección de los derechos de las minorías en sus países de residencia, a la defensa de la patria judía a través de grupos de apoyo a favor de Israel.

En tercer lugar, las revelaciones que se sucedieron del antisemitismo soviético en la primera mitad de la década de 1950, provocó el fin del coqueteo de muchos judíos con el comunismo, incluyendo su atracción hacia esa propuesta de patria nacional judía en Birobidzhan, un territorio autónomo judío situado en el extremo oriental de Rusia, y que anteriormente había jugado el papel de posible alternativa a Palestina.

Hay que añadir a estos factores el importante descenso durante la posguerra del antisemitismo occidental, el acceso generalizado de los judíos occidentales a las clases medias, y el fin del fenómeno del judío errante, todo ello se combinó para dar origen tanto a una nueva política judía interna y a percepciones outsider de la política judía.

Después de la Guerra de los Seis Días de 1967, la izquierda revirtió su anterior apoyo a Israel y una corriente antisionista de izquierdas, a veces convergente con el antisemitismo, surgió.

Este cambio radical refleja cinco factores principales:

a)  la victoria militar judía destruyó el tabú del post-Holocausto relativo a las críticas públicas a los judíos.

b) el cambio generacional en la izquierda, de los que vieron el nazismo y el Holocausto como la definición de los acontecimientos políticos más influyentes, a los activistas más jóvenes que se sintieron más influenciados por los males de la intervención de Estados Unidos en Vietnam.

c) la aparición de un movimiento nacional palestino independiente bajo la forma de la Organización de Liberación de Palestina, que envolvía su nacionalismo árabe y palestino de retórica progresista.

d) la intensiva campaña antisionista llevada a cabo por la Unión Soviética y los partidos comunistas asociados de todo el mundo (ligada en buena medida a las oscilación del Israel hacia la zona de influencia occidental, a pesar de la ideología socialista de los primeros tiempos)

e) la continúa ocupación israelí de territorios árabes y una supresión percibida de las aspiraciones nacionales palestinas, lo que provocó críticas generalizadas de todos los sectores de la izquierda.

Aquellos judíos de la izquierda que no se habían sentido desilusionados por el antisemitismo soviético en la década de 1950, se enfrentaron posteriormente al apoyo de la Unión Soviética a los estados árabes durante la Guerra de los Seis Días y a la campaña anti-judía de 1968 en la Polonia comunista. Y muchos más jóvenes judíos atraídos por las ideas de la izquierda a través de la guerra de Vietnam, se mantuvieron alejados de la posición palestina, la cual fue adoptada por gran parte de la Nueva Izquierda. Para algunos judíos progresistas, incluido yo mismo, la traición final llegó de 2000 a 2003, cuando sectores de la izquierda occidental celebraron los atentados suicidas durante la Segunda Intifada.

No es probable que haya una reactivación de la conexión Judíos-Izquierda. La izquierda de hoy ya no es compatible con los intereses objetivos judíos. Y sobre todo, ya no existen los factores estructurales que dirigieron históricamente a muchos judíos hacia la izquierda. Pocos judíos tienen hoy la experiencia de estar oprimidos política, social, cultural y económicamente por regímenes de derecha, y la mayoría de los judíos occidentales se ubican cómodamente en categorías económicas con unos ingresos medios y altos. En muchos países, los judíos forman parte de los grupos influyentes y, a veces, tienen un acceso sustancial a la política, al mundo académico y a los medios de comunicación.

Sin embargo, sería un error decir que todos, o incluso que la mayoría de los judíos, se han desplazado hacia la derecha. Los judíos continúan siendo un pueblo con una notable presencia entre las diversas naciones y todavía mantienen una perspectiva más universalista que el resto de los pueblos. Pocos judíos mantienen posiciones conservadoras en temas sociales como el aborto y el feminismo, y hay una creciente universalización de las enseñanzas y de los valores judíos, incluyendo las lecciones del Holocausto, en apoyo de las perspectivas sociales liberales. Las opciones políticas de los judíos contemporáneos parecen ser fluidas, y reflejan sus valores, así como sus intereses económicos más estrechos. Para los judíos no existe una correlación evidente entre un alto nivel socioeconómico y un conservadurismo político egoísta.

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