Saturday, November 29, 2014

Asesinatos, turismo e ISIS (Estado Islámico) - Seth J. Frantzman


A principios de octubre el grupo Campus Reform dio a conocer un vídeo de los estudiantes de Harvard a los que se les preguntaba: "¿Cuál es la mayor amenaza para la paz mundial, los EEUU o el Estado islámico?". Como era de esperar, los estudiantes dijeron que la civilización occidental y los intereses petroleros de Estados Unidos eran los auténticos problemas. Un comentarista en el programa en línea de The Young Turks señaló: "Hemos abierto la caja de Pandora de la que ha surgido el Estado Islámico, y son nuestras acciones quienes lo han creado".

En "A Secular Talk", Kyle Kulinski se burló de Campus Reform, señalando las disparidades entre la influencia de los Estados Unidos y "un grupo heterogéneo como el Estado Islámico... que nos dicen que creamos ... cuando des-ba'athificamos Irak, y esos sunitas se unieron al ISIS... pues si Saddam hubiera permanecido en el poder entonces el ISIS no habría llegado al poder, porque Saddam tenía mayor influencia entre los sunitas".

Luego, a mediados de noviembre, Ami Horowitz fue a la Universidad de Berkeley y se puso a agitar en el campus la bandera del Estado Islámico para ver cómo reaccionaban los estudiantes, mientras gritaba: "Estamos obligados a dañar a la gente por el imperialismo y las leyes de Estados Unidos", y se podía ver como un estudiante le daba la razón levantando un pulgar hacia arriba. Sin embargo, cuando Horowitz pasó a enarbolar una bandera israelí, debió enfrentarse a una letanía de insultos. Y Estados Unidos no es el único lugar donde la reivindicación del Estado Islámico se recoge con un encogimiento de hombros. En Dinamarca, varios cientos de hombres y mujeres marcharon a finales de octubre en una manifestación islamista enarbolando banderas del Hizb ut-Tahrir (favorables a un califato) y del Estado Islámico. Además se pronunció un discurso fascista donde su líder afirmaba que Occidente "se burlaba del profeta", y que cuando "nosotros respondemos negando el Holocausto se nos arroja a la cárcel". Su portavoz también habló con orgullo "en contra de la democracia y de la libertad de expresión. Debemos luchar por el Islam ... por un Estado islámico donde esté prohibido burlarse del profeta". Los activistas islámicos disfrutaron de protección policial y en su marcha posterior al discurso gritaron "Obama, Obama, nosotros amamos a Osama".

Es surrealista ver como cientos de personas marchan por la calle principal de una capital europea solicitando la "yihad" mientras sostienen carteles que representan sogas para sus "enemigos" o muestran una bota sobre la cabeza de un "occidental". Su chovinismo matón y sus símbolos y discursos sobre el odio a la democracia son claramente una reminiscencia de una época anterior al fascismo, pero como en los EEUU, esas manifestaciones no llaman la atención de las voces "liberales y progresistas" de la sociedad occidental. Nadie protesta por estas manifestaciones de odio, nadie las condena. Son algo normal y asumido. Y debido a la extraña forma en que el islamismo ha logrado pasar entre las élites biempensantes como un "imperialismo anti-occidental", estas muestras de desprecio y de odio por la democracia, y de apoyo a una violenta y sangrienta "yihad", no son vistas como manifestaciones similares a las de la derecha fascista y radical, sino que son mimadas por la izquierda.

Mientras estas manifestaciones han encontrado un terreno fértil en Europa y un encogimiento de hombros en los campus universitarios de los Estados Unidos, sus filas se están llenando con voluntarios occidentales. De hecho, debe entenderse que toda esta organización está siendo apuntalada por grupos yihadistas extranjeros y occidentales. En primer lugar, se reveló que "Jihad John", un rapero británico fracasado, se había unido al Estado Islámico y fue acusado de ejecutar a James Foley, Steven Sotloff y David Haines, y ahora dos ciudadanos franceses, Maxime Hauchard y Mickael Dos Santos, han sido acusados ​​de participar en el asesinato de 18 soldados sirios, así como del trabajador humanitario americano Peter Kassig.

Mientras estas manifestaciones han encontrado un terreno fértil en Europa y un encogimiento de hombros en los campus universitarios de los Estados Unidos, sus filas se están llenando con voluntarios occidentales. De hecho, debe entenderse que toda esta organización está siendo apuntalada por grupos yihadistas extranjeros y occidentales. En primer lugar, se reveló que "Yihad John", un fracasado rapero británico que se había unido al Estado Islámico, fue acusado de ejecutar a James Foley, Steven Sotloff y David Haines, y ahora dos ciudadanos franceses, Maxime Hauchard y Mickael Dos Santos, han sido acusados ​​de participar en el asesinato de 18 soldados sirios, así como del trabajador humanitario americano Peter Kassig.

Parte de esta complicidad de yihadistas nacidos y educados en Europa parece casi ridícula; con Dos Santos publicando por ejemplo en Twitter, "que no era él el que aparecía en el vídeo degollando a los soldado sirios". Siria se ha convertido en un imán para cualquier persona en el mundo que quiere derramar su ira , su esperanza y su odio en un lugar sin ley. Desde los "yihadistas obesos" de Australia que no fueron aceptados por no estar en condiciones de combatir, a las "yihadistas enamoradas", como esa adolescente conversa holandesa llamada Aicha que había viajado hasta Siria para casarse con su compatriota holandés Omar Yilmaz, un ex soldado holandés que había conocido por Twitter un par de semanas antes, y que cambió la boina de los paracaidistas por la barba. No obstante, hay una variedad de teorías sobre la fascinación y el laxismo que han despertado en Occidente.

En un reciente artículo en el Spectator, la autora británica Julie Burchill argumentaba que la atracción occidental por el Estado Islámico tenía relación con la "historia de amor secreta de la izquierda con la misoginia". James Delingpole fue a un programa de la BBC para hablar de la libertad de expresión y se encontró con un muro de la negación y de excusas sobre el Estado Islámico: "Un barbudo islamista con una sudadera con la palabra Sharia fue reverencialmente aplaudido mientras hablaba de cómo sus compañeros musulmanes británicos fueron a luchar a Siria porque todos ellos eran parte de la Umma", recordó. El imán afirmó que fueron a "defender" a sus "hermanos y hermanas".

Pero es más que la misoginia y la pasión por los "hermanos" lo que galvaniza este sentimiento. Para las legiones de europeos luchando por el Estado Islámico, muchos de ellos convertidos, algunos de ellos nacidos musulmanes y todos ellos convertidos a la ideología del ISIS, ir a Siria e Irak representa ir a un moderno Disneylandia del asesinato hedonista. A las élites intelectuales occidentales les gusta crear y creer en excusas complejas para la unión de esas personas, como si el ex jardinero de Flandes, el "rapero" frustrado de Brixton o la adolescente holandesa estuvieran "molestas por el imperialismo norteamericano" y aman cuidar a sus "hermanas y hermanos" en Siria. No, no lo hacen. La evidencia demuestra que muchos de estos extremistas estaban anteriormente involucrados en alguna otra devoción, ya sea el rap o ser un hooligan de fútbol o conducir coches rápidos o la venta de drogas. La oportunidad de matar a personas sin amenaza de procesamiento es demasiado buena para dejarla pasar, especialmente cuando se combina con la idea de llegar a tener esclavas sexuales. Es la última fantasía masculina, al menos si eres un psicópata.

Estos son asesinatos-turistas. Algunos occidentales realizan viajes de turismo sexual a Tailandia, algunos van de safari, pero para los yihadistas John o sus amigos se trata de un tour de asesinatos. ¿Y por qué no? Las perspectivas de un converso francés o danés al Islam de que caiga en el olvido, de no poder encontrar trabajo y de no recibir el "merecido respeto" no son muchas, pero en Siria sí pueden "conseguir ese respeto".  Él allí podrá canalizar toda su agresión, su ira, su odio y su amor en la "yihad", que convenientemente le ofrece la absolución por todos los crímenes que pueda cometer, pues de hecho los peores crímenes, piensa él, le acercan más a su Dios.

Estos son asesinatos-turistas. Algunos occidentales realizan viajes de turismo sexual a Tailandia, algunos van de safari, pero para los yihadistas John o sus amigos se trata de un tour de asesinatos. ¿Y por qué no? Las perspectivas de un converso francés o danés al Islam de que caiga en el olvido, de no poder encontrar trabajo y de no recibir el "merecido respeto" no son muchas, pero en Siria sí pueden "conseguir ese respeto".  Él allí podrá canalizar toda su agresión, su ira, su odio y su amor en la "yihad", que convenientemente le ofrece la absolución por todos los crímenes que pueda cometer, pues de hecho los peores crímenes, piensa él, le acercan más a su Dios.

¿Por qué las "yihadistas por amor" son juzgadas peor que las mujeres que, a los 15 años, quieren ser strippers o exhibicionistas, o se convierten en adictas a las drogas? ¿Por qué debería ser más "lógico" que ellas quieren bailar desnudas en un club nocturno de París que casarse con un yihadista que conocieron en Twitter? Ambas cosas pueden ser expresión de opciones extremistas y de odio a sí mismo. El turismo de asesinatos de estos conversos europeos y de otros que viajan hasta Siria es especialmente atractivo para el yihadista prospectivo. Él no tiene que pagar por sus crímenes. Él no tiene que asumir la responsabilidad de sus acciones. No hay repercusiones. Su universo amoral le permite justificar la intimidación, el abuso, la sociopatía y el sadomasoquismo, sin responder a nada de eso. Estamos ante una moral postmoderna y relativista que trata de plasmar una fantasía hobbesiana del poder.

El mayor David S. Pierson, un graduado del Comando y del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos (CGSC), y un ejecutivo de un batallón de inteligencia militar, escribió un brillante análisis de este fenómeno en 1999 para la CGSC. "Un asesino natural es una persona que tiene una predisposición a matar, disfruta del combate y siente pocos o ningún remordimiento por matar... estos hombres han existido a través de la historia... y constituyan menos del 4% de la fuerza [militar], sin embargo, algunos estudios muestran que son responsables de la mitad de las matanzas".

Pierson tiene en cuenta que estos psicópatas son a la vez unos "activos vitales y un lastre potencial". Su perfil señala que "carecen de emociones sociales, no son hijos primogénitos, se meten en peleas como adolescentes, disfrutan de los deportes de contacto, son de clase media o superior, son extrovertidos y tienen una inteligencia superior a la media y un sentido del humor cáustico". Un complemento perfecto para, por ejemplo, Mohammed Merah, el joven francés de 23 años de edad que asesinó a cuatro judíos y tres soldados franceses en Toulouse.

El extraordinario artículo de Pierson trataba acerca de cómo utilizar mejor a estos asesinos naturales, de quienes dijo que, inevitablemente, estarán presentes en todas las unidades del ejército. Pero el yihadismo en Siria simplemente les ha provisto de un parque infantil, y si bien solamente una fracción de los asesinos "naturales" europeos se dirigirá finalmente a Siria, se trata de una reserva muy elevada de potenciales conversos yihadistas. ¿Hacia dónde más irán? ¿Es una sorpresa que Omar Yilmaz fuera inicialmente un soldado del ejército holandés y luego se convirtiera en un yihadista? No. Cintas secretas de prisioneros de guerra alemanes de la Segunda Guerra Mundial publicadas en el 2012 mostraron que algunos se jactaban de su amor por matar, y es bien sabido que oficiales de las SS como el Oberführer Oskar Dirlewanger fueron catalogados ​​por sus propios hombres como sádicos y sociópatas. La única diferencia hoy es que los Dirlewangers que hay entre nosotros están siendo recibidos con un encogimiento de hombros y nuestra complacencia, como si tuvieran una razón legítima para querer asesinar en nombre de la religión.

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