Saturday, November 29, 2014

Las cadenas del pasado dañan permanentemente a la izquierda israelí - Seth J. Frantzman



Otro antiguo director de un servicio de inteligencia israelí se ha unido al coro de preocupados por el futuro de Israel, y ha enarbolado la nostalgia por los buenos viejos tiempos de "su" sionismo. El ex director general del Mossad, Shabtai Shavit, nació en el Mandato de Palestina en 1939 y pasó tres décadas en las sombras del Mossad desde 1964 hasta la década de 1990.

El canario ha emergido de la mina sionista para advertir acerca de cómo "por primera vez desde que comencé a formarme mis propias opiniones, estoy realmente preocupado por el futuro del proyecto sionista". Así expone él sus argumentos:
- El movimiento sionista religioso están haciendo estúpidamente todo lo posible para que lleguemos a la más horrible de las guerras, en las que todo el mundo musulmán se opondrá a nosotros. 
- El exilio es verdaderamente aterrador solamente para el sector secular del estado, cuya visión del mundo se sitúa entre el centro político y la izquierda. Ese es el sector sano, juicioso y liberal que sabe que para él, el exilio simboliza la destrucción del pueblo judío. El sector haredi vive en Israel sólo por razones de conveniencia. En términos de territorio, Israel y Brooklyn son iguales para ellos. 
- La visión original del sionismo: establecer un Estado judío y democrático para el pueblo judío en la Tierra de Israel, sin que unas fronteras fueran definidas en esa visión.
La frecuencia con la que estos viejos apparatchiks se dedican a tronar y el grado en el que son tomados en serio en Israel resulta asombroso. A mediados de noviembre el "legendaria héroe de la guerra de 1.973", Amnón Reshef, le dijo a una audiencia en el Israel Policy Forum en Nueva York que quería iniciar una nueva agenda política sobre la base de estos ex generales que podrían cambiar la cara a ese Israel al que se le habría "lavado el cerebro" durante más de 40 años con los asentamientos en Cisjordania y los Altos del Golán.

Él añadió que quería "recorrer el país con 40-50 generales" que venderían un nuevo plan para el público israelí. Como Shavit, él también defendía trabajar con los estados árabes amigos. Shavit argumentó Israel podía trabajar estrechamente con Arabia Saudita, mientras tanto Reshef dijo que Egipto sería un jugador clave, porque ellos "saben cómo hablar" a los palestinos. El artículo observaba que Mubarak había llamado a Arafat "perro".

El bloque fundamental de esta nueva coalición de centro-izquierda que desea regresar a un Israel pre-1967 gira en torno básicamente del complejo militar-industrial conformado por la antigua élite de la seguridad. Irónicamente, esta élite es la que muchos en la izquierda de Israel han adorado desde la creación del país. Los ex generales y ex directores de agencias de inteligencia son vistos como la respuesta "tecnocrática" al Israel de la "democracia menguante". Resulta irónico que tal vez sea corriendo a votar a unos antiguos generales para gobernar hoy al país, como algunos dentro de la izquierda israelí creen que ayudarán a Israel "democráticamente".

Pero sobre todo nos dice mucho de esa nostalgia que domina a la izquierda en Israel. El punto de referencia para muchos de estos veteranos caballeros, algunos de los cuales nacieron antes que el estado comenzara a existir, es siempre la década de 1950. Es un recordatorio de lo que pensaba el escritor israelí Israel Zamir, quien falleció el domingo 23 de noviembre. En el 2004 le había dicho al Yediot Ahronot... sin ninguna vergüenza: "Soy marxista-socialista. Yo adoré a Stalin... negué a la diáspora... yo era un hombre de la tierra". Este punto de vista no resultaba "polémico", de hecho era lo normal entre los intelectuales y literatos conectados a la izquierda en Israel. Casi se puede oír a Shavit decir también esas mismas palabras, "suelo" y "negar la diáspora", dos temas de los que hablaba. Es el primer ethos sionista de la tierra y la nación; el de los pioneros y los kibutzim, de que el fin justifica los medios.

¿Por qué es la sombra del pasado tan fuerte en Israel y el hambre por un regreso a la década de 1950 tan constante? En gran parte de Occidente el pasado es contemplado con desilusión, y sus abusos criticados. En Israel ha ocurrido un proceso opuesto. Cuando la derecha israelí llegó al poder en 1977, la izquierda se retiró a sus refugios. Al principio pensó que podría volver a reconquistar "su país", pero a medida que pasaba el tiempo, simplemente se congeló en el tiempo y perdió la esperanza.

Así sucede que los principales historiadores que glorifican a la vieja izquierda y al Israel de 1950, como Anita Shapira y Aviva Halamish, no tienen vergüenza en decir que Israel era "uno de los países más igualitarios del mundo en la década de 1950". Shapira escribe en su libro "Israel: Una historia", que "a finales de 1950 Israel era uno de los países no comunistas más igualitarios". La insinuación es que los países comunistas, como la Rusia de Stalin, eran "igualitarios". El periodista y escritor Ari Shavit afirma la misma cosa: "El estado recién nacido era una de las democracias más igualitarias del mundo. El Israel de la década de 1950 era una democracia social justa". Amnón Kapeliouk (un periodista de extrema izquierda luego defensor de Arafat) repitió ese punto de vista en Le Monde, "Israel pasó de ser uno de los países más igualitarios en los años 1950 y 1960 a una de los menos igualitarios desde la década de 1980".

La verdad es que los antiguas élites de Israel hablan sobre el estado igualitario de su juventud porque nunca crecieron y nunca quisieron convertir a Israel en un estado real. Para ellos Israel era como Pinocho, un estado juguete. Se vendieron una fantasía para si mismos y para sus padres. Es como a esos niños a quienes se les dice que "son los más inteligentes y los mejores". Se les dijo que "Israel es perfecto, el estado más igualitario del mundo, el mejor, a la altura de la perfección". Se convencieron de esta propaganda estalinista al igual que el primer ministro soviético Nikita Khruschev pensó que la Unión Soviética derrotaría a los EEUU de Richard Nixon en el suministro de electrodomésticos al ciudadano medio en el debate de la cocina de 1959.

Muchos países occidentales han tenido su momento de "camino a Damasco" donde hicieron autocrítica de sus propios abusos del pasado. Tanto si se trata del Reino Unido, enfrentándose con el “Domingo Sangriento” en Irlanda del Norte y los abusos de los británicos a la hora de sofocar el IRA, o los franceses admitiendo el uso de la tortura en la guerra de Argelia, o los EEUU reconociendo el internamiento de japoneses-estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Pero Israel nunca ha realizado esa catarsis debido al cambio en el poder acontecido en 1977 y la mentalidad de volver al refugio que se extendió entre gran parte de la izquierda. Con el fin de retratar a la derecha como "fascista" y "antidemocrática", un opción bastante común en el discurso sionista socialista desde la década de 1930, cuando David Ben-Gurion había llamado a Zeev Jabotinksy "Vladimir Hitler". En suma, la opinión de que solamente la derecha era el "problema" se volvió hegemónica.

Los fundadores del laborismo y socialismo sionista se mantuvieron en su estatus de cuasi dioses en Israel. Desde Arthur Ruppin a Ben-Gurion, a menudo han estado más allá de todo reproche. La fabricación de estos mitos ha alimentado una falsa narrativa de perfección de los años 1950. El hecho es que los abusos acontecidos durante la década de 1950 son bien conocidos: Centenares de pueblos árabes fueron arrasados, los árabes de Israel se vieron obligados a vivir bajo el toque de queda, los servicios secretos se infiltraron en sus aldeas, hubo persecuciones y torturas, se enviaron agentes encubiertos para descubrir a los "alborotadores". Periódicos como el comunista Ittihad se cerraron. Los beduinos fueron considerados problemáticos y expulsados de sus tierras por parte de patrullas del ejército o bien concentrados en unos territorios al modo de una especie de "reserva de beduinos". Un millón de dunums fueron confiscados a los pueblos árabes y otorgados a los kibutzim, la joya de la corona del sionismo socialista.

La lista de abusos es casi interminable, y no solamente estuvo dirigida contra los árabes. Los judíos de los países árabes fueron instalados a su llegada en fétidos campamentos cerrados con alambre de púas, en lugar de permitírseles moverse dónde quisieran o ir a los excluyentes kibutzim, y luego fueron enviados a las ciudades de "desarrollo" para servir como un "proletariado laboral" para las élites conformadas por los laboristas sionistas. Además, fueron tachados de "parásitos", "no judíos" y "escoria" en la prensa, refiriéndose a ellos de forma rutinaria como "negros", "schwarzes", “chachakim" y "kushim” por conocidos miembros de las élites socialistas y académicos asquenazíes. Una segregación y discriminación racial y étnica se practicaba de manera habitual en ese Israel socialista. Esa sociedad "igualitaria" creó distintos sistemas escolares para árabes y judíos, una práctica que tenía similitudes con horrores aún peores practicados en los EEUU y Sudáfrica durante ese período.

En lugar de contemplar todo esto como una terrible mancha en la "democracia igualitaria" israelí de aquel período, esa es la época a la que muchos dentro de la izquierda parecen querer volver, y es que realmente aún creen que esa época representaba el ideal. Ellos piensan que las fuerzas "antidemocráticas" únicamente radican en la derecha, sin darse cuenta de que casi todo lo que es problemático en la democracia israelí se debe al legado de la década de 1950. Ya se trate de demoliciones de casas, o de asignaciones discriminatorias de las tierras del Estado, la cuestión de beduinos, la discriminación en la financiación de la educación árabe, los comités de aceptación, el militarismo, el nacionalismo, la priorización de los judíos a los árabes o el papel de la religión en el estado; todo se puso en marcha en la década de 1950. ¿Hay algo que haya empeorado? Tal vez los hooligans en la década de 1950 no gritaban "muerte a los árabes" en el fútbol. Tal vez eso se deba a que no había equipos árabes a los que gritar a causa de la ley marcial y el toque de queda. Es como pretender que los estadounidenses aficionados al deporte no eran racistas antes de que llegara Jackie Robinson. Claro que tampoco había “tag price" en la década de 1950, pero eso se debía a que el Estado lo hacía en su lugar, como incursiones en Cisjordania para "castigar" a los pueblos árabes por las incursiones terroristas.

El liderazgo de la izquierda de Israel, si se quiere promover la democracia y la igualdad, debe desencantarse de su propio del mito de la década de 1950. Tiene que volver a orientarse y tener como punto de referencia el futuro, no el pasado. Comenzar por admitir que no había nada de igualitario en el Israel de 1950 y dejar de confiar en ex "generales y espías" para fijar sus políticas.

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