Sunday, January 25, 2015

La historia del Éxodo como Mnemohistoria - Carl S. Ehrlich - TheTorah

 
Una pintura mural de la sinagoga Dura Europos que muestra a los hebreos saliendo de Egipto 


Introducción: La leyenda versus historia

Un niño ha nacido. Debido a las amenazas a su vida, sus padres deben ocultarlo. Providencialmente, el niño es rescatado y crece hasta la edad adulta, cuando llevará a cabo grandes hazañas y conducirá a su pueblo hacia la gloria.

Esto es más o menos la historia de Moisés, sin embargo, también es la historia de muchas otras figuras importantes y legendarias de todo el mundo, incluyendo Sargón de Akkad, Edipo de Tebas, Ciro de Persia y de Jesús de Nazaret. Mientras que la historia de Moisés puede ser única ya que su héroe pasa de las riquezas de la corte egipcia a los harapos de un pastor itinerante, las características que comparte con las otras historias es sólo una indicación de que la narración se basa más en el reino de la leyenda que en el de la historia.

La falta de detalles históricos en el Éxodo

Los detalles de la Parashat Shemot ofrecen muy poca información histórica que pueda ser corroborada por fuentes no bíblicas, ya sean arqueológicas o textuales. Comenzando con los nombres de las tribus / hijos de Israel y continuando con los nombres de Moisés y de su familia, nadie se conoce a partir de fuentes contemporáneas, aunque Israel como un grupo étnico o una tribu en Canaán se menciona en al menos una fuente egipcia que data de antes de 1.200 antes de Cristo.

Tampoco la información acerca de los propios egipcios de la historia ofrece mucha ayuda. Tanto los nombres de la princesa que adopta a Moisés y de su padre, el faraón o rey de Egipto, se echan en falta, aunque la literatura del Midrash, el historiador judío del siglo I Flavio Josefo y Hollywood, todos ellos tratan de llenar los espacios en blanco.

La información aparentemente más factible del relato bíblico se refiere a los nombres de las ciudades que los israelitas supuestamente construían en Egipto, es decir, Pithom y Raamses. Sin embargo, su posible ubicación no ha ofrecido demasiadas pistas. El antiguo nombre parece derivar del egipcio para "templo de Atum", de los cuales había muchos. El último nombre es más probable que haga referencia a la capital egipcia de los siglos XIII y XII a. C., la cual estaba situada en la región oriental del delta, cerca de donde la Biblia localiza a los israelitas del Reino Nuevo. Sin embargo, se debate su ubicación exacta, y no está claro si su mención en Éxodo 1:11b se entiende mejor como un reflejo de la época de los hechos que narra o del tiempo del narrador.

Lo mismo se puede hacer sobre la supuesta ruta del éxodo, lo que plantea innumerables problemas de interpretación, por no hablar de la enorme cantidad de israelitas que se supone que habían salido de Egipto, una población presumiblemente mayor que la de Egipto en su conjunto en aquel tiempo y que no dejó rastro en el registro arqueológico.

¿Cuál es la función histórica de una religión cuando su narrativa fundacional no es histórica?

Es una perogrullada decir que el judaísmo es una religión arraigada en la historia, en concreto en el encuentro entre el pueblo judío y su Dios. De hecho, gran parte del ritual y de la tradición judía gira en torno a recordar el pasado y sacar lecciones de él para el futuro. El Dios judío es a la vez creador y actor histórico. Si Bereshit nos introduce en el primero, es Shemot quien establece nuestra relación con el último. Su rol más antiguo establece a Dios como creador, juez y gobernante del universo. Pero es su último rol el que subyace en la relación del pueblo judío con Dios, cuya acción será la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto como una justificación para la obligación del pueblo judío de entrar en una alianza, en un acuerdo formal, con Dios y seguir los mandamientos de Dios.

Esta obligación, enraizada en la memoria de la acción salvadora de Dios, es lo que motiva el ritual del Séder de Pésaj y sirve como la principal justificación para el cumplimiento de muchas mitzvot. Y sin embargo, como se dijo antes, la mayoría de los pensadores modernos creen que el libro del Éxodo no refleja la realidad histórica.

La aceptación de estas historias como memoria más que historia parece ser aún más problemático para el Shemot que para el Bereshit . ¿No se estableció el judaísmo sobre la base de su historicidad? ¿Qué sucede cuando el fundamento histórico del judaísmo se cuestiona?

Este enigma ha afectado a los judíos más comprometidos durante el período moderno. Y sin embargo, una solución muy de sentido común y sorprendentemente postmoderna al problema ya fue ofrecida hace más de un siglo por el reconocido ensayista hebreo Ahad Ha-'am (Asher Ginzberg 1856-1927).

El enfoque de Ahad Ha-'am

Criticando los esfuerzos de los historiadores - en ese momento en su mayoría no judíos - que estaban buscando lo "real" en la historia de Moisés, Ahad Ha-'am escribió que el único Moisés que importa es el Moisés de la memoria que él y el resto de los judíos recuerdan. Sea cual sea lo que hagan o descubran los historiadores, resulta irrelevante para la imagen de Moisés que el pueblo judío ha llevado con él durante los últimos tres mil años. Porque se trata del Moisés de la memoria judía, más que ningún otro Moisés reconstruido por los historiadores modernos, el que ha actuado en la historia para inspirar a la humanidad. En las propias palabras de Ahad Ha-'am:
Yo no se si este hombre, Moisés, realmente existió; si su vida y su actividad se correspondían realmente con nuestra relato tradicional de él; si realmente fue el salvador de Israel y dio a su pueblo la Ley en la forma en la que se conserva entre nosotros; y así sucesivamente. Tengo una respuesta corta y sencilla para todos estos enigmas. A este Moisés, digo, este hombre de los viejos tiempos, cuya existencia y cuyo carácter se está tratando de dilucidar, ni es materia para nadie más que para los estudiosos. Tenemos otro Moisés que es el nuestro, cuya imagen ha sido consagrada en los corazones del pueblo judío durante generaciones, y cuya influencia en la vida nacional judía no ha cesado desde la antigüedad hasta nuestros días. La existencia de este Moisés, como un hecho histórico, no depende de ninguna manera de sus investigaciones. Porque incluso si ustedes tienen éxito en demostrar que no era el hombre que suponíamos, ustedes no por ello restarán un ápice de la realidad histórica de ese Moisés ideal, del Moisés que ha sido nuestro líder no sólo durante cuarenta años en el desierto de Sinaí, sino desde hace miles de años en todos los desiertos en los que hemos vagado desde el Éxodo.
Mnemohistoria: El estudio de la Memoria Cultural

La intuición de Ahad Ha-'am sobre lo que es importante para la fe y la identidad judía se anticipa a las conclusiones centrales de los estudios sobre la memoria cultural, un campo roturado por primera vez por el filósofo y sociólogo francés Maurice Halbwachs (1877-1945). Según Halbwachs, la identidad y los valores culturales de un pueblo no son impulsados principalmente por la historia, (es decir, el estudio de lo que sucedió en el pasado) todo lo que conforma a ese pueblo lo es por la concepción de su gente de su pasado, es decir, su memoria colectiva. Basándose en estas teorías, el egiptólogo Jan Assmann ha planteado que es posible escribir una historia de la memoria colectiva, un subcampo de la historia que él llama "Mnemohistoria". La Mnemohistoria no mira hacia la reconstrucción de los hechos de lo que realmente ocurrió, sino que trata de recrear el registro de cómo el evento original - o una persona - es recordado por la posteridad.

Un ejemplo fundamental de ese intento de construir una historia de la memoria se llevó a cabo por el propio Assmann, quien escribió acerca de Moisés como de una figura de la memoria. En la reconstrucción de Assmann, Moisés sirve como recipiente para la transmisión a la civilización occidental de la memoria reprimida de las reformas religiosas del herético faraón Akenatón a principios del siglo XIV a. C. Para Assmann, "Moisés es una figura de la memoria, no de la historia".

Zakhor - La Torah se centra en la Memoria no en la Historia

Llevando los estudios de la memoria cultural a los estudios judíos, el fallecido historiador judío Yosef Hayim Yerushalmi (1932-2009) ha escrito elocuentemente sobre la importancia de la memoria en el pensamiento judío en su clásico estudio titulado Zakhor ("Recuerda"). Yerushalmi demuestra que el interés del judaísmo por la historia es en su mayoría limitado a las narrativas fundacionales de la Torah. Para explicar esto, él sugiere que no es la historia lo que es realmente de interés, sino los relatos que son paradigmáticos y funcionan como justificación de la creencia y la práctica judía. Él escribe: "Que la historiografía bíblica no es 'objetiva' en el sentido moderno es demasiado evidente para requerir extensos comentario".  En otras palabras, los relatos fundacionales del judaísmo tienen "más historia que la propia historia en el sentido moderno".

Por lo tanto, lo fundamental para el judaísmo no es la historia en sí, sino la memoria histórica tal como viene encapsulada o configurada en el mandato Zakhot, "recuerda", en definitiva, la memoria del evento en lugar de lo que pudo haber sucedido en realidad en el escenario histórico.

Conclusión

Aunque la gente suele decir que el judaísmo es una religión de la historia, es más exactamente una religión de la memoria. Las historias de la Torah no son descripciones de hechos de nuestro pasado tanto como son un registro de cómo pensamos acerca de nuestro pasado y de nuestra forma de pensar acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios. Una vez más, citando a Ahad Ha-'am:
Y así, cuando leí la Hagadá en la víspera de la Pascua, y el espíritu de Moisés, el hijo de Amram, el más supremo de los héroes, el que se levanta como un pilar de luz en el umbral de nuestra historia, se cernió delante de mí y me sacó de este infierno, encontrándome muy ajeno de todas las dudas y cuestiones propuestas por los críticos no judíos. 

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