Sunday, February 08, 2015

El enfoque conciliador de Obama - Omer Dostri - Israel Hayom



El jueves, en una declaración sin precedentes, el presidente estadounidense Barack Obama, hablando en el Desayuno Nacional de Oración, atacó las afirmaciones de que los horribles actos terroristas que estamos presenciando hoy en día son "únicos y no se dan en otros lugares" (es decir, serían genéricos del Oriente Medio y de regímenes islámicos ), mientras comparaba los actos de los cristianos durante las Cruzadas a los actos del ISIS.

La primera vez que uno oye estas palabras, la gran sorpresa que producen hace que parezca necesario volver a escucharlas de nuevo. Pero cuanto más se adentra uno en la política exterior de Obama, y cuanto más se analiza su conducta desde que fue elegido presidente, la sorpresa cede y la imagen se vuelve más clara y comprensible. Desde el principio, Obama ha defendido una política progresista considerada en algunos círculos como "ilustrada". En la práctica, esto significa que Obama se niega a discutir el problema del "extremismo del Islam" y del "terrorismo mundial" [N.P.: utilizado en numerosas ocasiones como disfraz de la violencia islamista].

Del mismo modo, en septiembre de 2014, Obama declaró que "el Estado islámico no refleja al Islam". Estas observaciones se unen al famoso discurso de El Cairo en el que Obama trató de asentar un nuevo comienzo con el mundo musulmán y definir a los EEUU como una superpotencia que a la vez desarrolla una política conciliatoria acerca del Islam, sin recelar o emitir críticas sobre la enfermedad extremista en la religión islámica.

Esta política es indicativa de la ideología de Obama, que incluye el universalismo, el postcolonialismo y ciertos toques de marxismo, y que trata de destacar a las supuestamente debilitadas "víctimas del imperialismo". Esta ideología posiciona a los EEUU, desde su atalaya de mayor superpotencia del mundo, en una relación de igualdad con esas países no occidentales que son el resultado de culturas "opresivas", y todo en nombre de una optimista igualdad. Esta es también una de las principales razones de la actual falta de liderazgo de los Estados Unidos en el mundo y de por qué anti-democracias como China y Rusia, junto con los países que proporcionan un refugio para el terrorismo - como Irán y Qatar -, estén tratando de tomar el control y suplirlo.

Pero está claro que el comportamiento de Obama ha alcanzado una nueva cima con su reciente declaración, cuando los ciudadanos estadounidenses presencian como el líder del mundo libre, que está a la cabeza de una superpotencia liberal-democrática, trata de encontrar justificaciones para los bárbaros y asesinos actos de terrorismo en la Casa del Islam. El hecho de que Obama necesite echar mano de acontecimientos que tuvieron lugar hace casi 1.000 años para compararlos con los sangrientos sucesos que están aconteciendo en nuestro tiempo y ante un mundo democrático y culto, no lo desconcertó ni por un instante. Tampoco el hecho de que las Cruzadas tuvieran como origen la agresión inicial del Islam, o que se centraran en Jerusalén y no en conquistar el mundo, como era/es el proposito del Islam.

Durante siglos, bastantes cristianos se comportaron brutalmente y asesinaron a un número no insignificante de personas - incluyendo a muchos judíos, por supuesto -. Pero mientras el cristianismo progresó y expresó su remordimiento, y la Iglesia Católica (la misma entidad violenta, corrupta y responsable de tantas guerras) se fue debilitando mientras el protestantismo se hacía más fuerte, el Islam parece haber permanecido en una oscuridad similar, fiel a su planteamiento utópico e intolerante que ve en cada no musulmán a un hereje. Son ellos ellos o nosotros en su versión original.

El mismo hecho de que Obama esté disfrazando la historia y busque justificaciones morales para los actos del Estado islámico en el cristianismo de hace siglos, nos revela el peligro de su política, la cual se refleja en su búsqueda de un mal acuerdo con Irán, en su caso omitiendo la actividad terrorista de Irán por todo el mundo, o sus intentos de unir sus fuerzas con los Hermanos Musulmanes en todo el Oriente Medio y el desarrollo de una política de contención suave del Islam extremista, que él lo ve como parte de un problema cultural general y no como algo específico.

En lugar de adoptar una postura agresiva hacia el extremismo islámico y de condenar abiertamente los elementos religiosos que le dan apoyo moral, espiritual y material, Obama opta por más concesiones y por una conciliación de largo alcance. Y por absurdo que puede parecer a sus partidarios, esto es visto por el Islam como una señal de debilidad y proporciona incentivos para que sus operativos traten de socavar aún más los principios de Occidente: el liberalismo y la democracia.

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