Sunday, February 15, 2015

La "chispa judía" que un liberal laico como yo lleva dentro - Amnon Rubisntein - Israel Hayom



Cuando un amigo mío que regresó de una breve visita a París me estaba comentando el compungido estado de ánimo de los judíos franceses, añadió despreocupadamente que los supermercados kosher en las áreas judías de París tenían muy pocos compradores. Al oír esto, me llamó la atención un sentimiento de asombro mezclado con dolor. Pero yo no propuse la instintiva respuesta israelí: "Vengan aquí". Simplemente vi ese hecho como una evidencia más de las dificultades que experimentan los judíos y que duran ya muchos años.

Como judío secular, no practico el kashrut, las leyes dietéticas judías (aunque por razones que me son difíciles de explicar no como cerdo). Entonces, ¿por qué me sentí tan afligido? Creo en el judaísmo cultural y nacional, y no suelo tener opiniones judías tradicionales que no concuerdan con mi perspectiva liberal.

Sin embargo me dije a mí mismo: yo no soy el único que tiene "esa actitud irracional". Incluso Theodor Herzl, Ahad Haam y Zeev Jabotinsky tenían "desviaciones judías" que formaban parte de sus perspectivas seculares. Jabotinsky, un verdadero liberal occidental, abogó por una completa separación entre religión y Estado y luchó por la igualdad de derechos para las mujeres. En su ensayo "El Oriente", escribió: "Muchas costumbres salvajes del Europa del Este se conservan dentro de la vida diaria de los judíos que se aferran a costumbres y creencias obsoletas: el odio a la libre investigación, la continua participación de la religión en la vida diaria, una mujer con peluca a la que ningún hombre sin una relación directa extiende su mano. Si fuéramos a creer por un momento que estas características formaban parte de la esencia orgánica del judaísmo, nuestro ideal de perpetuar esa esencia convertiría nuestra certeza en desesperación".

Estas son palabras bastante fuertes. Jabotinsky nos está diciendo que si ese fuera el judaísmo, no querría saber nada de él. Si hoy tuviera que realizar tales declaraciones, sería sometido a juicio por incitación contra los haredim y el movimiento Beitar, que Jabotinsky fundó, me condenaría abiertamente.

Pero aún siendo tan secular como era, Jabotinsky también mantenía algunas tradiciones judías. Cuando su padre murió, asistió a una pequeña sinagoga de Odessa tres veces al día. Él nos informa que no se aclimató a ella, ni tampoco participó en los servicios de oración a excepción de recitar el Kadish. Más tarde, llegó a escribir un ensayo elogiando la aceptación del destino propio que se encuentra en la oración judía del Kaddish, aunque su redacción no se correspondía con su perspectiva.

Mientras Jabotinsky mantenía su respeto por la religión, se vio a sí mismo como un judío en el sentido nacional y moral. Su ejemplo fue también el de David Ben-Gurion, quien se opuso a las leyes de conversión de los rabinos ortodoxos y vio a su nieta - la hija de una madre no judía que se sometió a una conversión a través del Judaísmo de la Reforma - como judía en todos los sentidos. Hoy en día, Ben-Gurion también sería puesto en la picota por el Habayit Hayehudi, el guardián de un excesivo rabinismo.

A mi pequeña manera, yo también luché dentro de un gobierno de Israel, junto con Yair Tzaban, un ministro y ex miembro de la Knesset, por el establecimiento de cementerios seculares en Israel. Sin embargo, mi voluntad es que me entierren en un cementerio judío. ¿Por qué? No tengo una explicación completa.

¿Es esto una contradicción o una paradoja? Sí, es la paradoja de algunos judíos que no sólo se sienten cercanos al pueblo judío por su cultura e historia, sino también porque sienten que forman parte de la tribu judía con todas sus tradiciones. Y "respuestas judías de este tipo" quizás sean aún más comprensibles a la luz de lo que está ocurriendo en el ámbito internacional. Esta es una reacción que se enfrenta a la creciente epidemia de antisemitismo, una epidemia que ha emprendido una guerra santa contra cualquier cosa y todo lo que sea judío, y a la que nosotros les contestamos: "Nunca nos derrotarán"

El famoso escritor y periodista secular judío soviético Ilya Ehrenburg dijo que "permanecería judío mientras existiera un único antisemita". Hoy en día no existe un único antisemita, sino más bien un gran ejército de odiadores de los judíos. La mayoría de ellos son musulmanes que profanan el nombre de su propia religión incitando, maldiciendo y asesinando a judíos, el único remanente que queda de ellos después de su horrible asesinato en masa por parte de los nazis.

De hecho, es la "chispa judía", ese lugar no definido que se encuentra en algún lugar dentro de muchos judíos seculares como yo, el que por buenas razones hace que también defendamos la libertad de religión y la eliminación del monopolio destructivo del Gran Rabinato, con sus antisionistas y, para mí, anti-judíos emisarios. Gente como yo luchamos por el matrimonio civil y por el transporte público en Shabbat, y nos enfadamos ante la transformación del sistema de escuelas públicas en un brazo del judaísmo ortodoxo, ademas de sentir dolor ante el agunot (las mujeres judías a las que se no se les permite el divorcio) y la humillación de nuestros amigos LGBT. Pero a la vez, también nos sentimos cerca de la tradición de nuestros antepasados, y por eso no conducimos en Yom Kipur, y no nos sentimos forzados a abstenernos de conducir ese día (aunque en mi caso, lo haga de una forma extremadamente rara).

Esta chispa interna no es un uniforme. Varía de persona a persona y no hay manera de definirla, ya que, por definición, es el producto de un pensamiento libre. Algunos dirán que no hay ningún pueblo judío – una idea que ya se ha convertido en un tema banal, en una idea bastante desgastada del mundo académico post-sionista -, y que tampoco hay judaísmo. En el extraño mundo de la post-inteligencia, todo vale, pero ¿qué podemos hacer cuando los hechos cuentan una historia completamente diferente?

A pesar de que la mayoría de los judíos seculares comparten las ideas de Herzl y Jabotinsky en lo referente a la separación de la religión y del Estado, todavía quieren seguir siendo judíos, incluso si ellos no ven a sí mismos como tales religiosamente hablando. La evidencia de esto es más fuerte que ellos, pues suelen circuncidar a sus hijos. Esta es una ceremonia en principio bastante escalofriante, difícil, cruel y muy desalentadora. Estuve a punto de desmayarme en la circuncisión de mi hijo, pero hice finalmente hice las paces con esa ceremonia. Tuve a mi hijo fuera de cualquier creencia religiosa, pero fue consecuencia de esa parte judía dentro de mí mismo que me exigía que yo y mis hijos permaneciéramos judíos. Ninguna ley me obligó a hacerlo.

La chispa judía dentro de mí no va a dejar de luchar por los valores de una sociedad liberal, libre de estrangulamiento de la soga del Rabinato. Sin embargo, la gente como yo continuaremos no sólo prestando atención a esa chispa judía irracional que anida dentro de nosotros, sino que también sentiremos que formamos parte de una tribu extraña que siempre está en peligro de y cuya suerte somos responsables al tocarnos personalmente.

Nosotros haremos todo lo que sintamos como correcto, sin coacción, para seguir formando parte de la tribu judía a pesar del peligro que implica al enfrentarnos al creciente antisemitismo. Y eso incluye a esos judíos que evitan realizar sus compras en las tiendas kosher, de las que yo mismo no tengo ninguna necesidad

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