Saturday, February 28, 2015

La negación de la realidad (el antisemitismo musulmán y la inacción de las élites europeas) se está convirtiendo en un deber cívico - Elizabeth Levy - Causeur


Por fin la paz oficial: Roger Cukierman y Dalil Boubaker

!!Todo está perdonado!! Hay finales felices más glamurosos, pero la guerra de civilizaciones no se llevará a cabo. No esta noche. Roger Cukierman y Dalil Boubaker, respectivamente el jefe de los judíos y musulmanes en Francia (los dirigentes de las organizaciones que oficialmente les representan), se besaron bajo la tierna mirada de Presidente Holland, y finalmente se dieron la mano, pero es similar. Es curioso, siento que en los últimos años es la misma escena la que se repite: los representantes de las principales religiones, como dicen en la tele-información mediática, hacen votos de amor mutuo y de la promesa de trabajar por el éxito de la convivencia. Afortunadamente vivimos en un país laico.

Bajo Sarkozy, fue parecido. Tan pronto como se calentó la cuestión un tanto, vimos a respetables sacerdotes, imanes y rabinos yendo para ser educados a la corte del Elíseo. Es decir, cuando las cosas se calientan en Francia, a menudo es por historias de Buen Dios. Esto explica por qué las disputas de capillas se han convertido en asuntos de Estado, y la disputa entre Cukierman y Boubakeur se procesa en las más altas instituciones.

Bueno, no se puede negar que Cukierman arruinó el estado de ánimo ascendente. Pero después de todo, fue su interrupción de esa atmósfera de negar lo evidente lo que hizo levantar alarmadas las cabezas de sus invitados. La cena anual del CRIF (el consejo representativo de las instituciones judías francesas) tenía que ofrecer el espectáculo de una Francia unida contra el fundamentalismo, de la solidaridad contra el racismo y el antisemitismo, y de estar de pie contra la barbarie. Y las conversaciones no debían centrarse en las tensiones entre judíos y musulmanes. En eso Boubakeur y Cukierman parecían estar de acuerdo, aunque obviamente eso no tenía la más mínima influencia sobre la vida real y concreta de judíos y musulmanes. En cualquier caso, era lo que se esperaba de ellos, sobre todo cuando hay invitados distinguidos de la clase política y de las élites gobernantes, esos que requieren proclamas tranquilizadoras y que no comen pan.

Y de repente, Roger Cukierman se descuelga la mañana del gran día diciendo esas "banalidades" que ninguno de sus invitados desea oír: En primer lugar, que la violencia contra los judíos está abrumadoramente protagonizada por musulmanes, En segundo lugar, que Marine Le Pen, sobre ese punto, es decir, que su identificación de los culpables es irreprochable, Quizás el término irreprochable con ella no sea el mejor, sobre todo ante el imperio de lo políticamente correcto.

Estas palabras provocan un tumulto indescriptible y la ruidosa defección de la cena de Boubakeur. Pero el verdadero escándalo, el que desencadena las reacciones furibundas, desde Sarkozy a Jack Lang, es la veracidad que otorga Cukierman a la descripción del culpable realizada por Marine Le Pen, como si así la exonerara de la sospecha de antisemitismo - y su partido, el Frente Nacional (FN), ha estado históricamente relacionado con él hasta fechas recientes -,  como si ese supuesto "reconocimiento" hiciera fracasar el último dique de contención que impidiera que muchos de los votantes franceses, y no sólo judíos, pudieran votar al FN. Las olas de indignación desde todo los ámbitos políticos se extendieron hasta el día siguiente, cuando Cukierman realizó un lastimosa demostración de arrepentimiento, jurando que había sido mal entendido y afirmando que Marine Le Pen no estaba en última instancia tan acertada.

La franqueza inesperada de Cukierman me parece de hecho más honorable que su rendición. Él fue linchado por decir verdades, o por lo menos cosas razonablemente demostrables, pero como hemos comprobado la negación de la realidad se está convirtiendo en un deber cívico.

El problema es que Cukierman puede ser el último en decir esas verdades o esas cosas razonables. Su trabajo principal como "jefe de los judíos" es ser cortés con los Boubakeur de turno y alentar al Presidente y a los medias para que luchen contra el antisemitismo. Al hablar como un político, Cukierman apoya la idea de que el CRIF es el Partido de los Judíos. Lo sentimos, pero no puede haber una organización política de los judíos en Francia. O bien podemos dejar de hablar de República en la cena del CRIF.

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