Sunday, March 22, 2015

División entre los judíos franceses: la élite y los asquenazies optan por permanecer, la mayoría sefardí se prepara para hacer aliya o emigrar - Cnaan Liphshiz - Times of Israel

 
Sinagoga de la Victoire

Una explosión de aplausos saludó al sobreviviente del Holocausto Marek Halter y a su íntimo amigo, el imán Hassen Chalghoumi, cuando entraron juntos en la sinagoga de la Victoire en enero.

Halter, un célebre escritor y amigo del primer ministro francés Manuel Valls, es conocido por su gran acercamiento a los musulmanes moderados, y su aparición con Chalghoumi en la repleta sinagoga el 11 de enero fue visto como una señal de esperanza tras el asesinato de cuatro judíos franceses dos días antes en un supermercado kosher cerca de la capital.

A medida que la creciente ola de violencia antisemita que sacude Francia ha llevado a niveles récord de inmigración a Israel, Halter ha surgido como una poderosa e influyente voz que insta a los judíos franceses no huir. En enero, publicó un manifiesto de 63 páginas, titulado "Reconciliarnos entre nosotros", donde instaba a los musulmanes y judíos franceses a trabajar conjuntamente para hacer de Francia un lugar más tolerante para las minorías.

Según dijo a la JTA, "los judíos franceses deberían quedarse y luchar por su lugar en la sociedad, en lugar de hacer las maletas y salir en medio de la adversidad".

Halter es uno de los más prominentes judíos franceses en instar a sus correligionarios a permanecer en Francia, pero su campaña está manifestando las tensiones existentes entre los progresistas favorables a la integración - la mayoría ashquenazies, como él mismo - y una mayoría sefardí bastante más insular que favorece la solución de la aliyá.

Los judíos sefarditas, según se cree, constituyen un número desproporcionado de los inmigrantes franceses a Israel, del 80 al 90%, según Sergio Della Pergola, un sociólogo de la Universidad Hebrea y uno de los principales expertos en el mundo sobre la demografía judía. En general, los sefardíes representan alrededor de dos tercios de los judíos franceses.

La sobrerrepresentación de los sefardíes, según Della Pergola, se debe a los "traumas que muchos sefardíes del norte de África, que se establecieron en Francia después de la década de 1950, trajeron con ellos tras su experiencia vital en las sociedades musulmanas, donde pudieron disfrutar de una convivencia pacífica, pero donde muchos de ellos fueron golpeados y discriminados".

El actual y violento antisemitismo "trae recuerdos muy desagradables para los judíos sefardíes, que ya de por si tienen una mayor propensión a realizar aliya por un mayor sentimiento religioso, en buena medida procedente de provenir de sociedades más tradicionalistas", según ha dicho Della Pergola.

El año pasado, 7.231 judíos franceses se trasladaron a Israel, una cifra récord pues supone casi tres veces el número de los que llegaron en 2012, lo cual convirtió a Francia en la mayor fuente mundial los nuevos inmigrantes israelíes. Después de los asesinatos del supermercado kosher y del asesinato de un guardia de seguridad de una sinagoga de Dinamarca, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu anunció que Israel se estaba preparando para la inmigración masiva e instó a los judíos europeos para que considerarán al Estado judío como su casa. Algunos funcionarios de la Agencia Judía, el organismo semioficial que coordina la aliyá mundial, esperan la llegada de hasta 15.000 judíos procedentes de Francia este año.

Tras el ataque en el mercado Hyper Cacher, el llamamiento de Halter a los judíos franceses a permanecer en Francia fue acompañado por el de otros miembros de la élite judía francesa, entre ellos el filósofo Bernard-Henri Levy y el Gran Rabino francés Haim Korsia, que durante la misma reunión en la sinagoga de la Victoire dijo que la "aliyah nunca debe ser el resultado del miedo, sólo de una apelación interna".

Pero Siona, un grupo que representa a los judíos franceses sefardíes, respondió enérgicamente al reproche realizado mediante una artículo publicado en Le Monde el año pasado, donde instaba a los judíos franceses a no abandonar su país a los yihadistas y al partido de extrema derecha Frente Nacional.

"En lugar de asesorar a los judíos franceses sobre una realidad que no conoce y no experimenta, Marek Halter debería dedicarse a hablar en los salones internacionales a los que con tanta frecuencia asiste y a las grandes figuras mundiales que conoce", dijo el presidente de Siona, Roger Pinto, en un comunicado que parecía subrayar el concepto ampliamente extendido de la existencia de una desconexión entre la élite judía francesa, mayormente asquenazí, y su base mayoritaria sefardí.

Este discurso refleja una "creciente división en lo referente a las diferentes actitudes ante la aliya - no tanto entre los sefardíes y los asquenazíes, sino entre una mayoría tradicionalista, donde los sefardíes constituye el elemento más importante, y una élite secularista que tiene prominentes miembros asquenazíes, pero donde también hay sefardíes", nos dice Karin Amit, una experta de la judería francesa en el Centro Académico Ruppin en Israel.

Cientos de miles de judíos sefardíes de África del Norte emigraron a Francia en la década de 1950, junto con millones de musulmanes. Ellos se unieron a las filas de una comunidad que perdió un tercio de sus miembros en el Holocausto, lo que provocó que los recién llegados heredaran el liderazgo de una comunidad tras la disminución de la población de judíos procedentes de la Europa del Este. Las tendencias actuales a realizar aliya pueden devolver el liderazgo a esos judíos más seculares y más asimilados, según comenta Della Pergola.

Entre los determinados a permanecer está Gilles Goldberg, un empresario asquenazí del suburbio de St. Mande y uno de los que aplaudió fuertemente a Halter en la sinagoga el día 11 de enero.

"Halter habló por mí, porque estoy de acuerdo en que los problemas actuales significan que tenemos que trabajar más que nunca para obtener una solución", nos dice Goldberg. "Pero algunos de mis amigos, sobre todo sefardíes, se dan la vuelta y miran hacia dentro o hacia Israel como respuesta".

Uno de esos amigos es Serge Pérez, nacido en Argelia, la cual abandonó después del inicio de la guerra civil en la década de 1950. Pérez ahora vive en París, en una zona pobre y de población fuertemente musulmana de la ciudad, aunque acumula a un 40% de la inmigración judía de la región de París.

"Algunos otorgan a los musulmanes y a la sociedad francesa el beneficio de la duda", dice Pérez en la sinagoga. "Pero yo no tengo ninguna duda: la sociedad francesa ya abandonó a sus judíos una vez y lo hará de nuevo. Y los musulmanes, si se convierten en la mayoría allí donde vivo, no tengo ninguna duda,  me iré a vivir a otra parte".


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