Sunday, March 01, 2015

Los sobrevivientes judíos y su progenie contra Israel - Edward Alexander - Algemeiner


Revisando un artículo reciente de Edward Alexander, encontré este artículo de agosto de 2014 que me había pasado desapercibido


Los enemigos judíos de Israel, si son lo suficientemente prolíficos en su utilización de las habituales tonterías, a menudo vienen en ayuda de sus defensores. A principios del verano de 2014 escribí el siguiente párrafo en el prólogo de un libro que preparo y que se titulará "Judíos contra sí mismos":
No he intentado una taxonomía sistemática de todas las especies de judíos que se han posicionado como "enemigos de Israel", una tarea monumental que requeriría una enciclopedia para incluir a los siguientes: Progresistas judíos contra Israel; Queers judíos contra Israel; Haredim contra Israel; Sobrevivientes del Holocausto contra Israel; Hijos de sobrevivientes del Holocausto contra Israel; Voz Judía por la Paz; Nietos de sobrevivientes del Holocausto contra Israel; Supervivientes del gueto de Varsovia contra Israel; J Street; Posmodernos judíos contra Israel; Profesores judíos de Berkeley contra Israel; Post-sionistas contra Israel; Miembros judíos de MESA [Asociación de Estudios del Oriente Medio] contra Israel; Judíos por el Boicot de los productos israelíes... y así una y otra vez, hasta el infinito, hasta la saciedad. 
A pesar de ello, siempre habrá lectores no judíos que expresen su asombro ante la presencia de judíos que cuestionan el derecho de los judíos a su autodeterminación y a ejercer su soberanía, y que tanto odian a Israel y a los judíos israelíes, avergonzándose de tener un estado. ¿Acaso pensaban que ellos serían tan raros como unos ratones cantores? Pues por desgracia no es así.
Me sentía más o menos contento con esa lista de Swift, pero también tuve la sensación de que faltaba algo en ella. La publicación, por primera vez en el The Guardian británico el 15 de agosto, y luego en el New York Times el 23 de agosto, de un anuncio acusando a Israel de genocidio en Gaza y pidiendo el "boicot económico, cultural y académico de Israel" me dio una pista. El anuncio fue colocado por los "Supervivientes judíos y los descendientes de los sobrevivientes", pero también podía haber incluido a los "Amigos de los sobrevivientes", a los "Primos de los sobrevivientes", a los "Familiares de las víctimas de los nazis en Ucrania", a la "Sobrina de un tío que luego se pegó un tiro", a la "Segunda esposa de un niño judío que fue escondido de los nazis" y a los "Miembros del club de todas las víctimas". En cuanto a la difamación de Israel, la imaginación no puede seguir el ritmo de la fantástica tosquedad moral de los difamadores.

De acuerdo con los 327 (en su mayoría desconocidos) firmantes de este asalto violento, burdo y obsceno contra el Estado de Israel como el único y verdadero heredero del nazismo, y adema en contra de Elie Wiesel (que se atrevió decir que los judíos ya habían sido suficientemente las víctimas como para no defenderse), las fábricas de la muerte, los centros de exterminio al aire libre y la vasta maquinaria de asesinato de los alemanes y de sus aliados fueron, para los que lograron sobrevivir a ellas, una "escuela de instrucción moral y de agudeza intelectual". Estos dones les han permitido emitir un juicio sobre el último conflicto entre Hamas-Israel y ponerse sin reservas del lado de Hamas, la versión islamista del nazismo cuyo propósito declarado es destruir Israel y "matar a los judíos dondequiera que los encontréis".

Los firmantes asumen que los campos de concentración fueron los maestros seminales de una escrúpulosidad moral que han transmitido a los hijos, nietos, bisnietos de los sobrevivientes. Inicialmente yo no había incluido a estas personas genéticamente privilegiadas en mi lista, y su número es enorme, tal vez no mensurable, entre las especies variadas de judíos que se incluyen dentro del género de "enemigos judíos de Israel". Una omisión grave por mi parte, sobre todo si algunos descendientes de los sobrevivientes, hasta la milésima generación, están genéticamente autorizados para decidir qué naciones pueden sobrevivir y cuales deben perecer.

Tres nombres entre los firmantes llamaron mi atención: Daniel Boyarin, Hedy Epstein, y Anna Baltzer.

El primero se define a sí mismo como "bisnieto" de víctimas del nazismo. Profesor de Talmud en la Universidad de Berkeley, se identifica a sí mismo como un judío "destinado por el destino, la psicología, la historia personal, o lo que sea, a ser atraído por el cristianismo", y ha advertido que "mi judaísmo puede estar muriendo en Nablus, Daheishe, Beteen" (es decir, allí donde el ejército israelí ha tenido que entrar para perseguir a personas inclinadas a masacrar a judíos).

Boyarin pertenece a lo que se ha llamado la escuela "sissy (marica, con perdón)" de pensadores judíos contemporáneos. Se hace llamar de"género peculiar" y reemplazaría al "musculoso" judaísmo del sionismo, al que odia, por un judaísmo feminizado que afirma encontrar en los textos rabínicos. Para él, el centro moral de la historia judía es la celebración de la renuncia a un interés nacional, como si ese fuera el único criterio de una justa política. Él y otros en la escuela "sissy" juzgan como dignos de alabanza a esos judíos que nunca (o eso creen ellos) en el pasado optaron por coger una pistola o un cuchillo, como si un hombre incapaz de comer debiera ser elogiado por su capacidad de ayunar.

Pero cuando Israel estaba siendo bombardeada, Boyarin se mostró basta menos escrupuloso con la violencia palestina, y finalmente se puso del lado de Hamas, quien disparó miles de misiles contra los ciudadanos israelíes durante semanas. No importaban las circunstancias, siguió repitiendo Boyarin con la regularidad de una máquina de vapor, el caso es que para él los judíos se estaban "comprometiendo colectivamente en una guerra o guerras contra los musulmanes", y comparó todos autodefensa israelí con el Holocausto nazi.

Luego está Hedy Epstein. una "sobreviviente" profesional (ella huyó de Alemania de niña en 1939) y miembro del movimiento pro-Hamas Movimiento de Solidaridad Internacional. Ya que ella cree que la esclavitud, al igual que los campos de concentración nazis, también proporcionan (sin saberlo) la suficiente instrucción ética y refinamiento moral a sus víctimas, considera que es su obligación manifestarse (recientemente en Ferguson, Missouri) para apoyar a ciertos políticos chantajistas afro-americanos como Al Sharpton y Jesse Jackson, y nunca pierde la oportunidad de escupir veneno contra Israel. Ella es una versión de 90 años de edad de Rachel Corrie, una inveterada bienhechora que confundía hacer el bien con sentirse bien con lo que estaba haciendo.

Anna Baltzer, que aparece en la categoría de "nietos" en el mencionado anuncio, se llama realmente Anna Piller. Pero después de convertirse en apologista a pleno pulmón y prácticamente a tiempo completo de Hamas, y de ser una activista (como Epstein) del Movimiento de Solidaridad Internacional y del movimiento BDS, decidió ocultar su auténtica identidad por su abuela, que aún vive, y que es una auténtica superviviente del Holocausto y una firme partidaria de Israel. Para personas como Baltzer, no es el pecado sino su divulgación lo que debe tomarse en serio. Esa justificación permite a Piller-Baltzer prologar todas sus idioteces solemnes sobre el "apartheid" israelí arengando "como judía" en las iglesias presbiterianas y lugares similares en nombre de una organización que predica la matanza de judíos, mientras a su vez "protege" a su abuela de conocer las actividades de su nieta. (¿Hubo alguna vez una respuesta más astuta a la pregunta "¿Quién es un judío?" que la propuesta por el novelista hebreo Yosef Haim Brenner, cuando dijo que "un judío es alguien con nietos judíos"?)

En el caso de Piller-Baltzer tenemos la paradoja epistemológica de una demanda basada en una sabiduría moral heredada biológicamente (por su abuela sobreviviente del Holocausto), pero que es refutada por el mismo ancestro invocado para justificarla.

Tal vez la última palabra (aunque no infalible) en esta última deformación del Holocausto debería dejarse al último Primo Levi, cuya decencia y sabiduría sobrevivió pero no fue creada por Auschwitz:
Los "salvados (supervivientes)" de los Lager no fueron los mejores, los predestinados a hacer el bien, los portadores de un mensaje. Lo que yo había visto y vivido me demostraba exactamente todo lo contrario. Preferiblemente sobrevivieron los peores, los más egoístas, los más violentos, los más insensibles, los colaboradores en las "zonas grises", los espías. Esto ciertamente no fue una cierta regla... sino que fue, sin embargo, la regla. Me sentía inocente, es cierto, pero me inscribí entre los "salvados", y por lo tanto en la búsqueda permanente de una justificación ante mis propios ojos y ante los de los demás. Los peores sobrevivimos, es decir, los más aptos; pero todos los mejores murieron. (Primo Levi, Los hundidos y los salvados)

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