Wednesday, May 27, 2015

¿Es Obama solamente un amigo de Israel y del judaísmo en su propia imaginación? - Shmuel Rosner - Jewish Journal



El presidente Barack Obama no entiende a Israel. Él nunca ha hecho, y a día de hoy uno sospecha que nunca lo hará.

Pero esto no le hace un enemigo de Israel. No veo ninguna razón para no creer que Obama cree en lo que dice: que él se preocupa por Israel, que aun cuando critica a Israel lo hace porque se preocupa por Israel. Como él enmarcó el pasado viernes en su charla celebrada en la sinagoga Adas Israel de Washington: "Es precisamente porque me importa tan profundamente... que me siento con la responsabilidad de hablar honestamente acerca de lo que siento".

No obstante, Obama dijo algunas cosas positivas acerca de Israel en los últimos días. Como Yair Rosenberg comenta en su crónica en Tablet, Obama afirma que a Israel no se le debe negar su derecho "a existir como una patria para el pueblo judío, definiendo al antisionismo - a diferencia de los que lo presentan como una crítica aguda y pública de Israel y de sus políticas - como antisemitismo".

Por desgracia, el hecho de cuidar o de tener supuestamente pensamientos positivos acerca de Israel no convierte a Obama en un intérprete fiable de las motivaciones, las acciones, y el carácter de Israel. De hecho, la combinación de una supuesta preocupación por Israel con una suposición sin fundamento de una pretendida comprensión, puede ser muy peligrosa. Obama no es un enemigo de Israel, pero su estado de ánimo actual todavía podría ser peligroso para Israel.

En la última semana, Obama demostró públicamente ese estado mental bastante problemático... y por dos veces. Una vez cuando habló con el periodista Jeff Goldberg de The Atlantic, y la segunda vez en su discurso en la sinagoga. En ambos casos se trataba de un público receptivo de estadounidenses con ideas afines. En ambos casos, era evidente que él tenía unos objetivos políticos en mente - por ejemplo, eliminar, o al menos reducir, los obstáculos que podrían complicar una rápida firma de un acuerdo con Irán -. Obama estaba hablando en voz baja acerca de Israel, y ocultaba el palo (mostrando solo las zanahorias)... por el momento. Pero el palo sobresalía. Si el acuerdo con Irán no se materializa,  si Israel se volvía demasiado perjudicial, o bien si tras dicho acuerdo Obama ya no consideraba necesario mostrarse tan agradable, los recelos de Obama se mostrarían a la luz del día mucho más de lo que muestran hoy.

Sin embargo, aún hoy, Obama es bastante claro. Su frustración con Israel sale a la intemperie. Obama se siente frustrado con Israel porque no sigue el guión de una conducta correcta diseñado por Obama. Por desgracia, su guión es erróneo. Es un guión basado en la ficción. Y Obama especificó su narrativa de ficción sobre Israel y el judaísmo que escribió para sí mismo.

Ejemplo:
Obama dice que lo que el actual primer ministro israelí Netanyahu hizo el día de las elecciones - es decir, las crudas advertencias de Netanyahu sobre una masiva presencia de los árabes en las urnas, era "contraria al mismo lenguaje de la Declaración de Independencia de Israel". 
Menudo descaro, y sin sentido, del propio Obama. 
No hay lugar (ni para cualquier otro líder extranjero) para que Obama de una conferencia al primer ministro de Israel sobre la Declaración de Independencia de Israel. ¿Se imaginan ustedes las airadas reacciones ante una respuesta de Netanyahu - o de Merkel, Erdogan, o Putin - afirmando que las declaraciones de Obama sobre tal o cual tema contradicen la Constitución de los Estados Unidos? 
Además, Obama no es un intérprete fiable de la Declaración de Independencia de Israel, y Netanyahu por otra parte no hizo nada que "explícitamente" contradiga el lenguaje de dicha Declaración. Sí, utilizó una táctica política bastante fea. Y sí, los israelíes estarían justificados si estuvieran decepcionados (yo ya manifesté mi decepción con respecto a su declaración más de una vez). Pero Netanyahu no trató de bloquear la votación de los árabes, ni trató de evitar su participación en el proceso político democrático, ni les negó su derecho a ejercerlo en condiciones de igualdad.

Otro ejemplo:
Obama pretende interpretar no sólo las principales leyes israelíes, sino también la teología judía. En su discurso ante la congregación Adas Israel, la palabra "valores" aparece 19 veces. En todos esos casos, y muy dignamente, el Presidente Obama habla de sus propios valores, y en todos los casos, también dignamente, el Presidente Obama confunde sus propios "valores" con los "valores judíos", o bien pretende que los valores judíos se asemejen a los suyos. Todo muy conveniente. 
Bien, Obama tiene valores. Él cree compartir estos valores con la comunidad judía porque considera o pretende que los suyos - sus valores - son idénticos a los valores judíos. Por cierto, Obama cita la misma lista de valores para todas las religiones. Para él todos los valores son uno y el mismo, y todas las religiones coinciden convenientemente con la religión de Obama.
Hablar de los valores de tal manera supone en realidad utilizar el truco más viejo del mundo: hacer que sus puntos de vista aparezcan como "valores" y la opinión contraria a ellos de sus oponentes parezca como una "violación de dichos valores". El asunto es sencillo, Hagan que sus puntos de vista aparezcan como "valores" y su amenaza de represalias, ante la negativa a adoptarlos, de repente parecerá noble. Si Israel es castigado, según Obama, no será por tener una opinión diferente, sino más bien por faltar a los "valores de Obama".

Obama no tiene la capacidad de hablar inteligentemente sobre Israel y sobre el judaísmo. Eli Lake demostró esto con pequeñeces como por ejemplo su ridícula fascinación con Golda Meir. Otros seguramente discreparán con su referencia, no menos ridícula, a la tradición judeo-cristiana. Hay muchos ejemplos que podrían ser utilizados para demostrar este mismo hecho con sólo mirar sus declaraciones en los últimos días

Y sin embargo..., Obama habla sobre Israel y sobre el judaísmo. De una manera poco inteligente... y además peligrosamente.

Por supuesto, el presidente Obama no se encuentra bajo ninguna obligación de entender a Israel. O al judaísmo. Él es un presidente de otro país, de otro continente. Él es un político, no un filósofo, ni tampoco es un rabino (y no es que todos los rabinos puedan hablar con autoridad sobre los valores judíos).

Es importante, sin embargo, para un presidente americano tener una visión realista de lo que hace y de lo que no entiende. Cuando un presidente no entiende algo y aún así supone que lo entiende, o bien pretende que es un experto, o al menos pretende pasar por ello, el resultado puede ser peligrosamente negativo.

Obama dice ser amigo de Israel y un amigo de los judíos. No veo ninguna razón para dudar de su sinceridad en su deseo de ser un amigo de ambos. Pero, ¿qué pasa si descubre que su Israel es un Israel imaginario y que su judaísmo es un judaísmo imaginario?

Y esto es lo que realmente ha sucedido: Obama ha dibujado el verdadero carácter de Israel de una manera determinada, y ha recreado el verdadero carácter del judaísmo de otra manera determinada. Con posterioridad, Obama espera que Israel se comporte de una manera que convenga a su caracterización errónea del país y de la cultura judía que él dice entender y representar. Lo que sucede, obviamente, es que él se siente frustrado cuando Israel va en una dirección diferente a la que él espera. Entonces, él quiere reeducar a Israel y ponerlo de nuevo en marcha en el camino de una israelidad y judeidad tal como la entiende el presidente Obama.

Existe una ironía en este enfoque tan acusado de Obama cuando, una vez más, y ya van mil, se queja ante Goldberg del "esfuerzo concertado por parte de algunas fuerzas políticas que equiparan ser pro-Israel, y por lo tanto apoyar al pueblo judío, con aprobar todo el conjunto de políticas que salen de los gobiernos israelíes (en este caso de Netanyahu)".

Ya hemos escuchado antes estas palabras y este razonamiento de Obama. Los escuchamos de él antes de que fuera presidente. ,Lo escuchamos entonces y en la actualidad. Es una constante. Pero que él se queje de ese tipo esfuerzo apenas puede justificarse cuando el propio presidente Obama se involucra en otro tipo de esfuerzo muy similar: Obama también quiere "equiparar su ser muy favorable a Israel, y a unos supuestos auténticos valores judíos, con aprobar el conjunto particular de sus políticas". Sólo que para él, estas no son políticas "que salen del gobierno israelí", sino más bien políticas que provienen de la administración Obama.

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2 Comments:

Blogger Marlowe said...

Estais más espesos que los españoles.Lo siento.

7:52 PM  
Blogger José Antonio said...

Yo diría que los que estuvieron espesos fueron los que le dieron el Premio Nobel de la Paz

8:46 PM  

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