Sunday, May 24, 2015

Esa izquierda que no se atreve a criticar al Islam - Michael Walzer - Le Monde



Desde la revolución iraní, he visto a la izquierda debatirse para comprender el retorno de lo religioso. Cada una de las grandes religiones experimentan hoy en día un retorno. Esta fe redescubierto, lejos de ser un opiáceo, es un poderoso estimulante. Desde finales de 1970, y especialmente en los últimos diez años, es en el mundo musulmán donde este estimulante obra con más fuerza.

De Pakistán a Nigeria, pero también en ciertas partes de Europa, el Islam es hoy una religión ahora capaz de incitar a un gran número de hombres y mujeres a matar o morir en su nombre. Algunos de entre nosotros estamos tratando de responder a esta situación, pero en su mayor parte, estamos fracasando lamentablemente. Una de las razones de este fracaso proviene del miedo y el pánico a ser tratados como "islamófobos". El antiamericanismo y una forma radical de relativismo cultural también desempeñan un papel importante, pero esas son antiguas patologías.

Por mi parte, yo vivo en el temor de cualquier forma de militancia religiosa, pero he de admitir que los islamistas fanáticos son los que más me asustan, porque el mundo musulmán resulta, en este momento de nuestra historia (y no siempre ha sido así y no hay razón para creer que siempre será así), particularmente febril y ferviente.

Una "yihad del alma"

¿Se debe considerar que mi temor expresa una posición anti-musulmana, alimentada por los prejuicios y la hostilidad? Si yo digo que el cristianismo era, en el siglo XI, una religión de cruzados, peligrosa para los judíos y los musulmanes, ¿eso me convertiría en un anti-cristiano? Sé que el celo proselitista ya no es esencial para el cristianismo y que el tiempo de las cruzadas en la historia cristiana duró solamente unos doscientos años.

Se puede y se debería ser capaz de decir las mismas cosas de los islamistas actuales, incluso si la violencia yihadista no es requerida por la teología islámica, e incluso cuando muchos musulmanes "moderados" se oponen a la violencia religiosa, e incluso si la mayoría de los musulmanes son felices de dejar al cielo la preocupación de decidir el destino de los herejes e infieles.

Yo sé que existe una "yihad del alma", además de la "yihad por la espada", y que Muhammad dijo que la primera de ellas se correspondía con la "gran yihad". Y reconozco que el mundo musulmán no es monolítico. Sin embargo, eso no impide que "la yihad por la espada" es en verdad muy poderosa hoy en día, y también aterradora.

Dicho esto, una vez más, y a menudo, me encontré confrontado con esa izquierda más preocupada por evitar las acusaciones de islamofobia que de condenar el fanatismo islámico. Hay una razón para esto en la Europa occidental, y probablemente también en los Estados Unidos, donde los musulmanes son unos inmigrantes recientes, son objeto de discriminación y de vigilancia policial, e incluso a veces de brutalidad policial y de hostilidad popular. La islamofobia parece incrementarse, y no sólo proveniente de la derecha populista y nacionalista.

El imperialismo occidental encausado

A pesar de su incapacidad para entender el fenómeno religioso, la mayor parte de la gente de izquierdas no experimenta ninguna dificultad o temor a la hora de luchar contra los nacionalistas hindúes, los monjes budistas más fervientes y los sionistas mesiánicos dedicadas a la defensa de los asentamientos israelíes (en este último caso, decir que no tienen "ningún problema" es hablar suavemente). Por supuesto, nadie dentro de la izquierda ha hecho suya la causa de los yihadistas islámicos. Como un hecho menos escandaloso, aunque desde luego bastante grave, me resulta la negativa de la mayoría de la izquierda a reconocer estos crímenes e intentar un análisis global y una crítica que abarque el fanatismo islámico.

¿Pero que dificulta éste análisis y ésta crítica?

Numerosos autores de la izquierda insisten en que la causa del fanatismo religioso no es la religión, sino el imperialismo occidental, la opresión y la pobreza. También podemos hallar gente dentro de la izquierda que considera que el fanatismo islámico no es el producto del imperialismo occidental, sino una forma de resistencia a él. Cualesquiera que sean las causas que atraigan la práctica del fanatismo islamista, se trataría de  una ideología de los oprimidos, una alternativa, aunque un poco extraña, a las políticas de izquierda.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek sostiene que el radicalismo islámico expresa "la ira y la rabia de las víctimas de la globalización capitalista". Debo decir que Zizek no tiene miedo a ser tratado de islamófobo: él defiende una crítica "respetuosa y por esa misma razón no menos despiadada" del Islam y de las otras religiones. Pero su crítica no tendrá éxito siempre y cuando se siga creyendo que el objeto de la ira islamista es el mismo que el de su propia rabia.

La filósofa estadounidense Judith Butler comete el mismo error cuando explica que "es muy importante considerar a grupos como Hamas y Hezbollah como movimientos sociales progresistas, situados en el ámbito de la izquierda y que forman parte de la izquierda mundial" . Ella afirmó esta idea en 2006 y la repitió de nuevo en el 2012, pero aportando un correctivo: Hamas y Hezbollah pertenecen a la izquierda porque son "anti-imperialistas", pero Butler no sostiene a todas las organizaciones de la izquierda mundial y sobre todo no aprueba el uso de la violencia por parte de estas dos organizaciones. Le reconozco esta última consideración, pero realizar una parecida asimilación a la izquierda me sigue pareciendo incorrecta.

En el análisis del fanatismo islámico, los posmodernistas no lo han hecho mucho mejor que los anti-imperialistas. Recordemos a Michel Foucault y su apología de la brutalidad de la revolución iraní: Irán no tiene "el mismo régimen (sistema) de verdad que nosotros". Esta versión del relativismo cultural se ha convertido en un lugar común.

La defensa posmoderna más vigorosa del radicalismo islámico la podemos encontrar en el profesor de literatura Michael Hardt y en el filósofo italiano Antonio Negri, quienes afirman que el Islam es en sí mismo un proyecto posmoderno: "La posmodernidad del fundamentalismo se reconoce en su rechazo de la modernidad como un arma de la hegemonía euro-americana. A este respecto, el fundamentalismo islámico representa perfectamente un ejemplo paradigmático". O aún más: "En la medida en que la revolución iraní ha expresado su profundo rechazo del mercado mundial, podría ser considerada como la primera revolución posmoderna".

La hipocresía occidental

Todas estas respuestas de la izquierda a estos fanáticos islamistas parecen bastante extrañas cuando se considera el contenido de su ideología. La oposición yihadista a "Occidente" debería inquietar a la izquierda. Boko Haram ha comenzado atacando las escuelas de "estilo occidental" y otros grupos islamistas han lanzado ataques similares, en particular contra las escuelas de niñas. Los valores que estos fanáticos han denunciado como "occidentales" - la libertad individual, la democracia, la igualdad de género, el pluralismo religioso - están en el centro del debate.

Es cierto, los occidentales no siempre han estado a la altura de estos valores y, a menudo, han fracasado a la hora de defenderlos, pero estos son valores a los que la hipocresía occidental rinde homenaje, y que algunos de nosotros nos esforzamos por proteger. Y estos son valores que caracterizan, identificándose con ellos, a gran parte de la izquierda.

¿A qué se parecería un movimiento de izquierdas contra la opresión y la pobreza? Sería un movimiento de los oprimidos, de movilización de hombres y mujeres anteriormente pasivos, incapaces de expresarse y temerosos, que finalmente conseguirían hablar en su propio nombre y defender sus derechos como seres humanos. Su propósito sería la liberación de estas personas. Y su fuerza motriz: una visión, probablemente modelada por la cultura local, de una nueva sociedad cuyos miembros, ya sean hombres y mujeres, serían más libres e iguales, y hacia los cuales el gobierno se mostraría sensible y responsable.

¿Cómo debería responder la izquierda ante estos grupos de fanáticos islamistas? Debería apoyar los esfuerzos militares, incluidos aquellos que tienen por objetivo detener la masacre de infieles y de heréticos. Después de eso, me gustaría que se considerara una política que se centrara en la contención del islamismo en lugar de una guerra (o una sucesión de guerras) con el fin de destruirlo. Este es un fuego que debería extinguirse él mismo. Pero esta idea nos enfrenta a una profunda dificultad: numerosas personas sufrirán en este proceso de "extinción", y la izquierda ignora este sufrimiento, poniendo en riesgo nuestra propia consideración moral. ¿Cómo podemos ayudar a esos que las fuerzas islamistas toman como blancos? Esta es una pregunta que surgirá continuamente. Pero debemos comenzar por la guerra ideológica.

Colaborar con los musulmanes

En primer lugar es necesario distinguir el fanatismo islámico del propio Islam. Debemos insistir en particular sobre la diferencia entre los escritos de fanáticos como Hassan al-Banna (1906-1949), el fundador de la Hermandad Musulmana, o el teólogo pakistaní Maulana Maududi (1903-1979), de la obra de grandes filósofos racionalistas de la antigua historia musulmana y de reformadores liberales más recientes.

También debemos colaborar con los musulmanes, practicantes y no practicantes, que combaten el fanatismo, y aportarles el apoyo que necesitan. Nos encontramos ante muchos musulmanes antifanaticos y algunos, como la ensayista somalí Ayaan Hirsi Ali, llegados desde la izquierda, pero que han girado a la derecha porque encuentran pocos amigos dentro de la izquierda. La gente de la izquierda debe ser capaz de comprender la mejor forma de defender el Estado laico en esta era "postsecular" y cómo defender la igualdad y la democracia contra los argumentos religiosos en favor de la jerarquía y la teocracia.

Debemos reconocer el poder de los fanáticos y lo extenso de su alcance político, debemos designarlos claramente como nuestros enemigos y comprometernos contra ellos en una campaña intelectual: una campaña en defensa de la libertad, la igualdad y el pluralismo. No estoy diciendo que la izquierda debe unirse al famoso "choque de civilizaciones". Todas las grandes civilizaciones religiosas son capaces, y sin duda igualmente capaces, de producir tanto a fanáticos violentos como a santos pacíficos, y a todo lo que se sitúa entre ellos. Tampoco es necesario pensar ese combate contra los islamistas en términos de civilización, sino en términos ideológicos.

Hay peligros y la izquierda tiene necesidad de defensores. Es por eso que yo escribo, pues yo soy un escritor y no un combatiente, y lo más útil que puedo hacer es unirme a este combate ideológico. Yo deseo apelar a los camaradas de muchas naciones, pero eso está todavía muy lejos de ser suficiente. Existe una brigada internacional de intelectuales de izquierda que sigue esperando tomar forma.

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