Sunday, June 21, 2015

Esa chispa judía que habita dentro de los judíos seculares liberales - Amnón Rubinstein - Israel Hayom



Cuando un amigo mío que regresó de una breve visita a París me comentaba acerca del pésimo estado de ánimo de los judíos franceses, añadió despreocupadamente que los mercados kosher de las áreas judías de París tenían muy pocos compradores. Al oír esto, me llamó la atención un sentimiento de asombro mezclado con dolor. Por mi parte, evité darle la instintiva respuesta israelí: "Que se muevan aquí", simplemente vi esos hechos como una nueva evidencia de los problemas de ya muy larga duración a los que se enfrentan los judíos.

Como judío secular, no sigo el kashrut, las leyes dietéticas judías (aunque por razones que son difíciles de explicarme incluso a mí mismo, no como cerdo). Entonces, ¿por qué me sentí tan afligido? Creo en el judaísmo cultural y nacional, y suelo rehuir sostener aquellas opiniones judías tradicionales que no concuerdan con mi perspectiva liberal.

Me dije a mí mismo: yo no soy el único que mantiene esa actitud especial e irracional. Incluso Theodor Herzl, Ahad Haam y Zeev Jabotinsky tenían "desviaciones judías" como parte de sus perspectivas seculares. Como un auténtico liberal occidental, Jabotinsky abogó por la completa separación de la religión y del estado, y luchó por la igualdad de derechos para las mujeres. En su ensayo "El Oriental" escribió: "Muchas costumbres verdaderamente salvajes del Este de Europa se conservan en la vida de los judíos, aferrándose a costumbres obsoletas - la reprobación de la libre investigación, la absoluta participación de la religión en la vida, una mujer con peluca a quien ningún hombre con el que no tenga relación extiende su mano -. Si fuéramos a creer por un momento que esas características forman parte de la esencia orgánica del judaísmo, el ideal de perpetuar esa esencia haría que nuestra certeza estuviera teñida de desesperación".

Estas son palabras bastante fuertes. Jabotinsky nos está diciendo que si ése fuera el judaísmo, él no querría saber nada de él. Si tuviera que hacer tales declaraciones hoy mismo, sería llevado a juicio por incitación contra los haredim, y el movimiento Beitar que fundó le daría la espalda y le condenaría.

Pero secular como era, Jabotinsky también mantuvo algunas tradiciones judías. Cuando su padre murió, asistió a una pequeña sinagoga de Odessa tres veces al día. Él luego nos contó que no se aclimató a ella, ni tampoco participó en los servicios de oración excepto para recitar el Kadish. Más tarde, llegó a escribir un ensayo elogiando la aceptación del propio destino implícito en la oración judía del Kadish, aunque su redacción no coincidiera con su perspectiva.

Mientras Jabotinsky respetaba a la religión judía, se veía a sí mismo como un judío en el sentido nacional y moral del término. Su ejemplo fue también el de David Ben-Gurion, que se opuso a las leyes de conversión de los rabinos ortodoxos y vio a su nieto - el hijo de una madre no judía que se sometió a la conversión del Judaísmo de la Reforma - como judío en todos los sentidos. Hoy en día, Ben-Gurion también sería puesto en la picota por el Habayit Hayehudi, el guardián de todo lo rabínico y radical.

A mi pequeña manera, yo también luché en el gobierno de Israel, junto con Yair Tzaban, un ex miembro de la Knéset y ministro, por el establecimiento de cementerios seculares en Israel. Sin embargo, en mis últimas voluntades he dictado que me entierren en un cementerio judío. ¿Por qué? No tengo una explicación clara y completa.

¿Es esto una contradicción, una paradoja? Sí, es la paradoja de algunos judíos que no sólo se sienten cerca del pueblo judío por su cultura e historia, sino que también sienten que forman parte de la tribu judía con todas sus tradiciones. Y tal vez las respuestas judías de este tipo sean más comprensibles a la luz de lo que está ocurriendo en el ámbito internacional. Esta es una reacción que se enfrenta a la creciente epidemia de antisemitismo, una especie de guerra santa que se está librando contra cualquier cosa y contra todo lo judío, y nos enfrentamos a ella diciendo: "Nunca nos van a derrotar".

El escritor y periodista secular soviético judío, Ilya Ehrenburg, dijo una vez que permanecería judío mientras existiera un único antisemita. Hoy en día no existe un único antisemita, sino más bien un gran ejército de antisemitas. La mayoría de ellos son musulmanes que profanan el nombre de su propia religión para incitar, maldecir y asesinar a los judíos, los únicos vestigios que quedan después del horrible acto nazi de sus asesinatos en masa.

De hecho, se trata de la chispa judía, ese elemento no definido que se encuentra en algún lugar dentro de muchos judíos seculares que como yo, y que por una buena razón defienden a la vez la libertad de religión y la eliminación del monopolio destructivo del Gran Rabinato, con sus políticas antisionistas, y que para mí representan a una especie de emisarios antijudíos. Gente que como yo han luchado por el matrimonio civil y el transporte público en Shabat, se vuelven furiosas ante la transformación del sistema de escuelas públicas para dar cabida al judaísmo ortodoxo, y sienten el dolor del agunot (las limitaciones del divorcio para algunas mujeres judías) y la humillación de nuestros amigos LGBT. Pero a la vez también nos sentimos muy cerca de la tradición de nuestros antepasados, y no conducimos en Yom Kipur, sin sentir que nos vemos obligados a abstenernos de hacerlo durante dicho día (en mi caso, no es algo extremadamente raro).

Esta chispa interna no es uniforme. Varía de una persona a otra, y no hay manera de definirla, ya que, por definición, es producto del pensamiento libre. Algunos dirán que no solamente no hay ningún pueblo judío - lo que ya resulta un tema banal y desgastado del mundo académico post-sionista -, sino que tampoco hay judaísmo. En el extraño mundo de la post-inteligencia, todo vale, pero ¿qué podemos hacer cuando los hechos cuentan una historia completamente diferente?

A pesar de que la mayoría de los judíos seculares comparten las ideas de Herzl y Jabotinsky con respecto a la separación de la religión y el Estado, todavía quieren seguir siendo judíos, incluso si ellos no ven a sí mismos así religiosamente hablando. La evidencia de esto es lo más fuerte de todo: circuncidan a sus hijos. Se trata de una ceremonia escalofriante, difícil, cruel y muy desalentadora. Estuve a punto de desmayarme en la circuncisión de mi hijo, pero hice las paces con ello. Tuve a mi hijo ajeno a la creencia religiosa, pero debido a esa parte judía que hay dentro de mí, me exigí que al igual que yo mis hijos fueran judíos. Ninguna ley me obligó a ello.

La chispa judía que hay dentro de mí no me impide luchar por los valores de una sociedad liberal, libre del estrangulamiento de la soga del Rabinato. Sin embargo, la gente como yo continuaremos prestando atención a esa chispa judía irracional que habita dentro de nosotros, y que también nos hace sentir que formamos parte de una tribu extraña que siempre está en peligro, y cuyo destino nos toca personalmente.

Nosotros seguiremos haciendo todo aquello que sintamos como correcto, sin coacciones, pero al mismo tiempo seguiremos formando parte de la tribu judía, a pesar del peligro al que nos enfrentamos y que llega desde el exterior bajo la forma de un creciente antisemitismo. Eso incluye ir de compras a las tiendas kosher, de las cuales yo mismo no tengo ninguna necesidad.

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