Wednesday, September 30, 2015

El pueblo judío en 2050: Dos muy diferentes escenarios - Sergio Della Pergola - Ynet





Al inicio del Año Nuevo Judío, 5776, el pueblo judío suma unos 14,3 millones de personas, de acuerdo a una definición similar a la aceptada por el Tribunal Supremo de Israel.

Ser judío hoy significa, ante todo, la voluntad de expresar una auto identificación con el pueblo judío, incluyendo todo el rango entre muy religioso y anti-religioso, con exclusión de las personas de una religión diferente.

Aparte de todo esto, hay cerca de 6,3 millones de judíos que viven en el Estado de Israel (además de unos 360.000 personas que no están registradas como judíos en el Ministerio del Interior) y unos 8 millones de personas que viven en la diáspora: 5,7 millones en los Estados Unidos y 2,3 millones en el resto de países (principalmente Francia, Canadá, Gran Bretaña, Rusia, Argentina, Alemania, Australia y Brasil).

Un pronóstico para 2050 prevé un escenario de alta probabilidad de alrededor de 20 millones de judíos en Israel y en el mundo, en comparación con un escenario de baja probabilidad de unos 14 millones. De acuerdo con un escenario medio, existe la probabilidad de unos 17 millones en el 2050, donde el pueblo judío sería capaz de regresar a sus proporciones de antes del Holocausto.

En una era de inestabilidad no solamente en el Oriente Medio, sino también en la Unión Europea y en otras zonas del mundo, la predicción de una evolución en las próximas décadas resulta difícil y débil. Y es que es particularmente difícil imaginar el futuro del pueblo judío en el Estado de Israel y en la Diáspora, pues la profecía, como sabemos, es más bien propia de los simples, los ciegos y los menores.

Las predicciones demográficas, sin embargo, son como e, juego de pelota, donde el resultado de la primera mitad ya se sabe y todo lo que queda es determinar el resultado final, que por lo general no es independiente de lo que ocurrió en la primera mitad. Por lo tanto, las predicciones demográficas son bastante exactas en nuestro tiempo.

La infraestructura de la predicción incluye la tasa de natalidad que se espera en los próximos años, el nivel de salud y de mortalidad, la frecuencia de la inmigración entre los diferentes países (incluyendo desde y hacia el Estado de Israel), y la cantidad de personas que se unen el judaísmo - o se desconectan abiertamente de él.

Las tasas de natalidad y de mortalidad cambian lentamente a largo plazo, y con la mediación de la actual composición de las diferentes edades, sus niveles futuros no serán demasiado sorprendentes, aunque la inmigración internacional es más difícil de predecir ya que depende abruptamente de unas circunstancias cambiantes que se originan en las proximidades, así como en los lugares más lejanos de todo el mundo. La asimilación es un fenómeno que acontece en los países occidentales, mientras que la conversión depende de las decisiones de los rabinos que tienden a ser bastante estrictos.

El futuro del pueblo judío no solamente depende de sus circunstancias internas, sino de hechos decisivos dentro de los acontecimientos mundiales que recientemente no están bajo control, incluyendo las guerras y el terrorismo, las fluctuaciones económicas, los cambios climáticos, la inmigración a gran escala y sobre todo - la estabilidad o la ruptura de países (como lo que sucedió en la antigua Unión Soviética).

Los escenarios razonables para el futuro tienen un pie en el extremo superior y en el extremo inferior de lo posible, y esto en general, sin tener en cuenta los eventos catastróficos que todavía ocurren de vez en cuando en nuestra región y en el mundo.

El escenario optimista para el pueblo judío se basa en la estabilidad, la seguridad y la paz, y en una economía próspera para el Estado de Israel y para los países donde residen las principales comunidades judías.

La paz y el desarrollo económico pueden fortalecer la satisfacción y el optimismo de los residentes, y el resultado será demostrado con una tasa de natalidad alta y estable. La posición de Israel en la escala de calidad de la vida entre los países más desarrollados puede aumentar el atractivo del Estado e incrementar la inmigración sobre la de los últimos años, además de una redución en el número de emigrantes de Israel hacia otros países. El resultado sería un más rápido crecimiento de la población en Israel y una  reducción moderada en la de la Diáspora.

Además de estas condiciones positivas, se espera que la población judía en Israel (incluidos los familiares no judíos que pueden unirse formalmente al judaísmo en el ínterin) crezca a 8,5 millones en 2030 y 12,5 millones en 2050. Con la existencia de 2,5 millones de árabes en 2030 y 3,5 millones en 2050, la población del Estado de Israel llegará a 11 millones en 2030 y 16 millones en 2050 (con exclusión de los palestinos en Cisjordania y Gaza).

Un escenario optimista con respecto al judaísmo de la diáspora dará lugar a un incremento de la baja productividad como resultado de la mejoría en la confianza en sí mismos, de una caída de la asimilación, de una creciente voluntad de declarar abiertamente su identidad judía personal, y de una unión de las tribus perdidas, incluyendo los sefardíes del Bnei Anusim (criptojudíos y conversos),  de la época de la Inquisición.

El número total de judíos de la diáspora sería estable o experimentaría un descenso moderado, sobre todo por el perfil de envejecimiento de muchas de las comunidades judías, y debido a la continua emigración a favor de Israel que implantaría un equilibrio negativo para la diáspora.

Se espera que el número de judíos fuera de Israel de permanezca cercano a 8 millones de personas en 2030, y ligeramente se reducirá a 7,5 millones en 2050. En conclusión, con la inclusión de los familiares que no están registrados como judíos en Israel, el pueblo judío puede llegar a un total de 16,5 millones en 2030 y 20 millones en 2050.

Por el contrario, para un escenario pesimista todo gira en torno a que no haya seguridad en Israel, que viva en medio de un conflicto violento, que haya una erosión en la economía, en las inversiones, en el empleo y en los ingresos - los niveles de la natalidad y de la inmigración se reducirán, mientras que la emigración aumentará -.

El crecimiento de la población judía será bajo, y el número de judíos en Israel llegaría a 7,5 millones en 2030 y 9.000.000 en 2050. Junto con los árabes de Israel, que también crecerían más lentamente, la población de Israel llegaría alrededor de 9,5 millones en 2030 y 12 millones en 2050.

Los judíos de la diáspora también se verían afectados por unas condiciones de seguridad más pobres, con un aumento de la asimilación y del antisemitismo, con una tasa de natalidad baja y con unos niveles récord de envejecimiento. Su número se reduciría a 6,5 ​​millones en 2030 y 5 millones en 2050. Y así, de acuerdo con el escenario pesimista, toda la población judía incluiría a 14 millones de personas en 2030, y ese número también se mantendría estable en el 2050.

El escenario real es más probable que se encuentre en algún lugar entre ambos extremos. También es importante recordar que los diferentes sectores de la población en general crecen a un ritmo diferente, y que la distribución de toda la sociedad cambiará en consecuencia.

En Israel se espera que la población ultra-ortodoxa vaya creciendo poco a poco hasta constituir un tercio de toda la población judía, y así también, aunque a un nivel inferior, el porcentaje de árabes palestinos que viven en Israel.

En el escenario optimista, estos sectores se integrarán ampliamente y con éxito en la vida económica israelí y asumirán dicha responsabilidad por el bienestar de sus familias. En el escenario pesimista, estos sectores estarían desconectados de la corriente principal de la sociedad, estarían llenos de amargura y serían una fuente de inestabilidad. Un mayor supervivencia de las comunidades haredi también sería evidente en el exterior.

Esos números crecientes plantean un gran desafío en términos de infraestructura y de calidad del medio ambiente, pero afrontarlos con éxito no sería imposible si nos fijamos en Singapur, donde la densidad de población es mucho más grande en comparación con Israel, o en Arizona, un estado de los Estados Unidos con un entorno muy similar al desierto de Negev de Israel.

Por encima de todo, es crucial que el sistema político vaya preparándose adecuadamente para el futuro demográfico pronosticado en 2050, pues 2050 llegará algún día.

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