Saturday, October 17, 2015

Los saudíes e Irán rivalizan a la hora de detener o fomentar, respectivamente, el terror palestino. Los EEUU marginados por todos - Debka



En la ola de terrorismo palestino que azota a Israel en las últimas dos semanas estan inmersos y en silencio dos fuerzas opuestas externas. Según revelaron a DEBKA fuentes de inteligencias: Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están proporcionando grandes fajos de billetes a varios grupos palestinos, especialmente la milicia Tanzim de Fatah, para que permanezca fuera de la actual ofensiva terrorista. El dinero se canaliza a través de Israel y de Jordania. Además también proporcionan información de inteligencia sobre qué grupos son dignos de financiación para contrarrestar los esfuerzos de Teherán y de Beirut (Hezbollah) de proporcionar combustible a las llamas.

Los gobiernos y los oficiales de seguridad israelíes y jordanos a los más altos niveles están trabajando duro para eliminar obstáculos burocráticos y mantener el dinero fluyendo en la dirección correcta.

Frente a esa ayuda, Irán y Hezbollah están enviando instrucciones a sus destinatarios palestinos sobre cómo y cuándo proceder para relanzar la ofensiva terrorista de una etapa a la siguiente. Por ejemplo, la mañana del sábado 17 de octubre, tras el éxito parcial de Israel a la hora de frenar la avalancha de ataques palestinos con cuchillos, los medios de comunicación de Hamas instruyeron a los activistas terroristas para que cambiaran sus métodos, favoreciendo en vez de los apuñalamientos los atropellos con vehículos, como una forma más efectiva de matar a un número mayor de civiles israelíes.

La competencia tras el escenario entre los dúos sauditas-EAU e iraníes-Hezbollah está determinando fuertemente el curso de la ofensiva terrorista palestina, con el efecto de marginar a Washington y manifestar la cada vez mayor falta de poder del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas.

En cualquier caso, la administración Obama ya había renunciado a influir en estos acontecimientos al negarse a pedir a Teherán que frenara en su implicación en la violencia extremista palestina. Ese fue parte del precio exigido por Israel para finiquitar su combate contra el acuerdo nuclear de Obama con Irán.

De ahí los equidistantes comentarios procedentes de Washington referentes a la actual violencia palestina, esos que tanto indignaron a los israelíes esta semana cuando el secretario John Kerry vinculó el estallido de la violencia con una sorprendente "construcción masiva de asentamientos" y el Departamento de Estado se refirió a la "fuerza excesiva" empleada por Israel para combatir la violencia palestina.

Posteriormente, el presidente Obama y Kerry dieron marcha atrás a esos comentarios el viernes 16 de octubre, después de haber sido criticados con una energía sin precedentes por el primer ministro, Binyamin Netanyahu, y por el ministro de Defensa, Moshe Yaalon, acusándoles de declaraciones que podrían interpretarse como un apoyo al terrorismo.

No obstante, Obama y Kerry volvieron a las andadas y filtraron a los medios insinuaciones negativas sobre las acciones israelíes para frenar el terror. Un informe, por ejemplo, señaló que "ambas partes deben meditar su responsabilidad en la ola de violencia" y otros destacaron la muerte de los terroristas palestinos y reivindicaron su violencia.

La reputación internacional de Israel, sin duda, sufre de esta estratagema de la administración Obama, que en nada contribuye a la solución de la crisis.

Mahmoud Abbas, aunque por una vez parece haber prescindido de las condiciones previas para una reunión con Netanyahu, tiene aún menos que aportar. Su influencia en la calle palestina está por los suelos, incluso después de su tartamudeante apoyo a la revuelta palestina por "Al Aqsa".

Su presencia en Ramallah es ignorada por los dos gobiernos árabes que trabajan para sofocar el terrorismo palestino. Ellos prefieren dirigirse directamente al rey Abdullah de Jordania y a Netanyahu, y ​​dejarlo aparte. Las apuestas de la contienda entre Arabia Saudita, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, e Irán y Hezbollah por el otro, son altas en verdad: no sólo para la seguridad de Israel, sino también para la de Jordania, así como para su estabilidad si la radicalización de los palestinos no se somete rápidamente.

La política de la administración Obama de retirada de los conflictos candentes de la región, y los puntos que ha perdido esta administración en Jerusalén, han dejado a los EEUU con las manos vacías para cualquier toma de decisiones sobre la actual crisis terrorista palestino-israelí.

Igualmente, el gobierno de Jerusalén no mantiene ilusiones ni espera nada útil del encuentro de Netanyahu con Kerry en Berlín el próximo miércoles 21 de octubre

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