Sunday, November 29, 2015

El legado de Isaac Rabin está muy vivo (pero no se trata de la paz, sino de la separación) - Shmuel Rosner - Moment Magazin



Si ustedes piensan que la "derecha" de Israel es "nacionalista" y la "izquierda" quiere la "paz", quizás se equivocan.

Cada cinco años más o menos tengo que escribir sobre el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin, ese terrible acontecimiento que cambió Israel para siempre. Y cada vez que lo hago, estoy ante la inevitable presencia de una desaparición que ha desencadenado un trauma emocional. En el décimo aniversario, fue posible recordar a los lectores que Israel no es el primer estado que ha tenido un líder asesinado; por el 14 aniversario tuve la oportunidad de comenzar un artículo sobre Rabin con una broma. Ahora, a los 20 años, es muy fácil presuponer en función de sus políticas, ya sea con desesperación o triunfalismo, que el legado de Rabin también se ha desvanecido.

Pero no estén tan seguros. El legado de Rabin está muy vivo, siempre que interpreten ese legado correctamente.

Rabin, inevitablemente, es recordado principalmente por ser el líder responsable del proceso de Oslo - el comienzo de la larga serie de conversaciones de paz entre israelíes y palestinos que han frustrado hasta ahora a sus participantes -. Cuando Israel sufre actualmente otra ola de violencia palestina, el legado de Rabin parece, de nuevo, como un legado perdedor. ¿Paz? ¿En nuestro tiempo? ¿Con los palestinos? De ninguna manera. Más del 70% de la población, según una encuesta reciente del Instituto de la Democracia de Israel, no cree "que las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina consigan llevar en los próximos años a una paz entre Israel y los palestinos"

Pero contemplar el legado de Rabin como fundamentalmente enfocado en la paz con los palestinos es cometer un error muy básico y muy común, un error basado en la suposición de que en Israel hay dos ideologías rivales: el "campo nacionalista" (en la derecha) y el "campo de la paz" (en la izquierda). Sería más exacto quitarnos esa visión de la cabeza. La derecha se está convirtiendo gradualmente en el campo que cada vez más cree en la paz, si por "paz" se refieren a israelíes y palestinos viviendo juntos. El campo de la izquierda - en realidad, el centro izquierda, más parte de la izquierda - es cada vez más el grupo que cree que israelíes y palestinos, o bien israelíes y árabes, no pueden vivir juntos en paz, y por lo tanto debe negociar algún tipo de separación política. Esta modificación de sus aspiraciones debería identificarles con el punto de vista nacionalista. Este es el verdadero legado de Rabin, y es un legado próspero.

Consideren los números. En una encuesta del Instituto de la Democracia de Israel, casi la mitad de los israelíes, ambos judíos y árabes, estuvieron de acuerdo con la afirmación de que "la idea de dos estados para dos pueblos está muerta". En tales circunstancias, más de un tercio de todos los judíos (36,3%) consideran anexionar los territorios y establecer "un estado bajo el dominio israelí sobre toda la tierra". Ese es el núcleo duro de la derecha, que por lo general no es visto como pacifista, representa al "campo de la paz" en el sentido de que muchos de sus miembros creen que es posible una coexistencia entre judíos y árabes bajo algún tipo de estado (Una pequeña facción en la extrema izquierda de Israel también cree en esa idea, pero bajo la forma de una "solución de un único estado").

Por contraste, la mayor parte del campo del centro-izquierda (y de parte de la izquierda), no cree en absoluto en una paz con los palestinos. Sin embargo, sí creen en la separación de árabes y judíos en dos estados, porque, al igual que lo pensaba Rabin, no creen que estos dos grupos puedan vivir juntos en armonía, y porque quieren que Israel siga siendo claramente judío y democrático. La reciente ola de violencia, los repentinos ataques de cuchillo y atropellamientos al azar, han reafirmado y reforzado a este campo de "separatistas".

Una vez más, los números reflejan este cambio. En una encuesta realizada por Menachem Lazar para el grupo de investigación de Panels Politics de mediados de octubre, el 66% de los judíos israelíes apoya la "separación" de los barrios judíos y árabes en Jerusalén, una clara indicación de que Jerusalén no está "unido" a pesar de la insistencia de los sucesivos gobiernos israelíes. Es preocupante que el 61% de los judíos en esa encuesta apoyen un "boicot" de los árabes israelíes por su apoyo a los palestinos. También es preocupante que el 58% apoye la idea de alentar a los palestinos a "transferirse voluntariamente" a otros lugares.

Estas son cifras devastadoras, y todos apuntan en una dirección: la erosión de la creencia de los judíos israelíes en la capacidad de que judíos y árabes palestinos (en algunos casos incluso los árabes israelíes) coexistan en paz, y su creciente deseo de una separación. Por supuesto, la forma de lograr dicha separación, y qué medidas se deben tomar para llegar a ella, siguen siendo materia de debate. Algunos judíos israelíes aún creen que todavía es factible una "solución de dos estados" a través de negociaciones entre israelíes y palestinos. Otros piensan que Israel tiene que actuar de manera unilateral y retirarse de los territorios en los que viven muchos palestinos. Seguramente, los israelíes entienden que la separación no significará un Israel sin árabes en absoluto. Por el contrario, esperan que cuando los palestinos tengan un lugar propio podrán desactivarse las relaciones en ocasiones tensas entre judíos y árabes dentro de Israel.

Esto es lo que Yitzhak Rabin quería. Su última campaña política, en 1992, llamaba a "sacar Gaza de Tel Aviv", es decir, cortar la conexión entre los residentes de Israel y los palestinos de Gaza. Él creía que "a largo plazo, la separación entre Israel y los palestinos era la mejor solución para resolver el conflicto palestino-israelí".

Seguramente, hubo momentos en los que creía que la forma que tomaría esa separación sería a través de una paz, por medio de negociaciones y acuerdos con la Autoridad Palestina de Yasser Arafat. Pero no fue una coincidencia que cuando Rabin y Arafat firmaron el acuerdo inicial, cuando los dos líderes tenían que darse la mano, el presidente Clinton tuvo que ayudar "a Mr. Rabin dándole un pequeño empujón extra por detrás", como señalaba la crónica del The New York Times.

Rabin se mantenía reacio ante Arafat y era muy cauteloso acerca de los sueños de paz. Y tenía razón en otra cosa, al igual que lo entienden la mayoría de los judíos israelíes de hoy en día, 20 años después de que su atroz asesinato le separara de nosotros: el objetivo más urgente de Israel no es la paz, sino la separación.

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