Saturday, November 28, 2015

En serio, ¿consejos de John Kerry?, o la única cosa en la que israelíes y palestinos están de acuerdo - Shmuel Rosner



Más de 20 israelíes fueron asesinados en los últimos dos meses como consecuencia de los ataques palestinos. Más de 90 palestinos murieron en el mismo período. ¿Qué historia dicen estos números? ¿Qué conclusiones dibujan los dos pueblos de la historia que cuentan estos números?

Para los israelíes, el número de palestinos muertos en realidad no importa: Se preocupan por su propia cuenta, y saben que, mientras que los israelíes eran inocentes en sus muertes súbitas y violentas, la mayoría de los palestinos no lo eran, de hecho eran los atacantes, unos participantes activos en la ola de la violencia donde encontraron su propia muerte.

Para los palestinos, el número de palestinos muertos es la prueba de que, una vez más, son las víctimas. Ellos no ven muchos a los israelíes muertos en sus ataques como inocentes - un colono, un judío israelí que vive o que transita a través de Cisjordania o Jerusalén, nunca es inocente -. Tienen una versión de la historia incompatible con la narrativa israelí e incompatible con la realidad.

Caso en cuestión: Recientemente, una joven palestina de 16 años murió cerca del puesto de control de Hawara, en Cisjordania. Ella fue primero atropellada por un coche conducido por un ex líder bien conocido de los colonos, y luego muerta a balazos. En los informes de las radios palestinas y de la Autoridad Palestina, la trágica muerte de este joven adolescente se presentó como una ejecución israelí de una víctima sin ninguna mancha. El incidente se presentó de manera detallada y fue declarada por la Autoridad Palestina como un "brutal crimen de guerra contra la humanidad y la infancia", omitiendo sólo una pequeña pepita de información: Ashraqat Taha Ahmad Qatanani, de Nablus, fue asesinada cuando ella supuestamente corría hacia un joven israelí con un cuchillo en la mano y con el deseo de asesinarla.

Un cuchillo no es una broma, como demostró otro ataque reciente, aunque esta vez el agresor palestino fue más rápido que sus víctimas israelíes. Él atacante palestino, de 34 años de edad, era un hombre sin participación previa conocida en actos de terrorismo. Ella, la víctima judía, era una mujer de 21 años de edad, y acababa de regresar de un viaje por la India. Ella pasó a formar parte de uno de los más de 20 israelíes muertos. Él se cuenta como uno de los más de 90 palestinos muertos. Ambos forman parte de dos narrativas contradictorias que actualmente no muestran signos de fusión.

El secretario de Estado John Kerry tenía programado llegar en Tel Aviv el 24 de noviembre para visitar Israel y a la Autoridad Palestina, en un intento por detener la violencia actual. Después de más de un año de ausencia - un año en el que las tensiones entre Estados Unidos e Israel han llegado a un nuevo nivel -, su visita debería ser bienvenida como un signo saludable de que las cosas vuelvan a la normalidad, aunque siguen siendo tensas.

Kerry ha tenido su cuota de decepción con el conflicto palestino-israelí, y todavía parece creer que su logro le fue negado por una beligerante posición israelí. Una cualidad del conflicto palestino-israelí, que nunca deja de sorprenderme, es su capacidad para engañar a los más diversos líderes en la creencia de que están dolorosamente cerca de cerrar un acuerdo de estatus final que ponga fin a todas las hostilidades. Líderes como Kerry, que no es el más agudo de entre estos negociadores, se unirá a ese coro patético de estadounidenses e israelíes.

Él no estuvo ni siquiera cerca, ni siquiera se aproximó al ex primer ministro Ehud Olmert - otro líder que recientemente dio a los israelíes la impresión de que tenía un acuerdo de paz al alcance de la mano cuando era primer ministro -. Su homólogo palestino, Mahmoud Abbas, ha admitido que él rechazó la oferta generosa de Olmert, y dijo que tuvo que hacerlo porque Olmert no estuvo dispuesto a dejarle físicamente la oferta - un mapa del territorio que Olmert estaba dispuesto a entregar a la Autoridad Palestina -.

Esta no fue una coincidencia. Olmert, tan irresponsable como pudo haber sido en su oferta (este es sin duda el punto de vista de la mayoría de los israelíes de hoy), fue lo suficientemente responsable como para saber que, de entregar a Abbas el mapa, lo habría convertido en el punto de partida palestino para la próxima negociación en vez del resultado final de esa negociación. También fue lo suficientemente responsable como para saber que el rechazo de Abbas significaba más que un debate técnico sobre el mecanismo de la paz. Abbas no aceptó la oferta porque no puede aceptar ninguna oferta que sea aceptable para los israelíes.

Kerry, posiblemente, entiende algo de esto, y sin embargo sigue sintiéndose un tanto amargado por el hecho de que se le negó su momento gloria con una supuesta paz. Ahora llega a la región en el peor momento imaginable. La violencia se ha reproducido y el prestigio estadounidense está por los suelos. Israelíes y palestinos están luchando entre sí, pero si una cosa que tienen en común es su muy poca consideración hacía la administración Obama y su destreza diplomática. Mirando a su alrededor y viendo el resultado de siete años de políticas de Obama en el Oriente Medio, los israelíes o palestinos no parecen tener muchas ganas de aceptar ningún consejo de ningún diplomático estadounidense.

¿Se puede culparles por ello?

Kerry sugerirá que Israel ayude vigorosamente a la economía palestina. Intentará que Israel no promulge medidas que vuelvan a los palestinos más desesperados.

De hecho, eso es lo que el gobierno israelí trata de hacer, no empeorar las cosas. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, y más aún su ministro de Defensa, Moshe Yaalon, se muestran sordos e inflexibles a los llamamientos desde su derecha a tomar medidas más duras contra la población palestina en Cisjordania. Ya'alon, según los informes, se reunió la semana pasada con los políticos críticos del Likud que pensaban que su enfoque era excesivamente suave, y en esa reunión fue capaz de convencer a algunos de ellos de que su forma de hacer las cosas era la manera correcta .

Pero con cada ataque y con cada israelí muerto, la presión desde dentro de Israel para utilizar medios más agresivos crece. Y no se trata sólo de los ataques. Cuando se trata de políticos, la política es también un punto de gran consideración. Cuanto más escuchamos sobre el deseo de Netanyahu de ampliar su coalición - y después de que él fuera capaz de aprobar el presupuesto tras negociar en abundancia -, más le critica el socio derechista de su coalición, el partido Hayehudi Habayit y su líder, Naftali Bennett.

Bennett se ve a sí mismo como el futuro primer ministro de Israel, y no muestra temor ante los hechos actuales. También representa al partido que tiene el apoyo de muchos de los colonos, la comunidad judía que está expuesta a diario a la violencia palestina. Bennett no estaría de acuerdo con una aceptación israelí de la nueva situación, ataques violentos casi diarios contra los israelíes, como la nueva normalidad. El 23 de noviembre, tan sólo 24 horas antes de la visita de Kerry, ya estaba dando consejos al primer ministro - es decir, hablaba con él a través de las ondas de la radio - que eran todo lo contrario de los consejos emitidos por el secretario de Estado.

Y es que ser primer ministro de Israel es un trabajo ingrato.

Netanyahu tiene que escuchar los consejos indignos de Kerry porque Estados Unidos es un gran amigo y porque Israel, con toda su decepción ante el gobierno de Obama, no tiene un mejor amigo. Israel también pidió más asistencia financiera para reforzar sus defensas después del acuerdo con Irán, y los mendigos no pueden elegir.

Netanyahu también tiene que escuchar los consejos indignos de Bennett porque Habayit Hayehudi es un socio en la coalición de Netanyahu, y debido a que muchos de los votantes de Netanyahu son partidarios naturales del enfoque de Bennett. Con toda su decepción ante Bennett, Netanyahu no tiene actualmente sustituto. Él quiere que su coalición sobreviva, y Bennett es clave para dicha supervivencia. Así que, de nuevo, los mendigos no pueden elegir.

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