Monday, November 09, 2015

No es un levantamiento contra la "ocupación", es un levantamiento contra la existencia de Israel - David Horovitz - Times of Israel



Ellos nos dicen que no se trata de un terrorismo "orquestado y organizado", pero sí lo es. De hecho, es la ola de terror más ampliamente "orquestada" desde los atentados suicidas de la Segunda Intifada.

Al inicio de la década de 2000, los terroristas de Hamas y Fatah se entrenaban, armaban y despachaban terroristas suicidas para atacar nuestros autobuses, centros comerciales, restaurantes, cafeterías, discotecas y más lugares, matando a 10, 20 o 30 personas a la vez. Nuestro ministro de Defensa asegura que no hay actualmente ningún "infraestructura" terrorista en Cisjordania capaz de replicar esas oleadas de terrorismo suicida. El tiempo dirá si tiene razón.

Pero a lo que nos enfrentamos ahora es un número desconocido de atacantes potenciales, que han sido promovidos fervorosamente por una campaña asesina de odio organizada conscientemente contra nosotros.

El mensaje de que "los judíos están conspirando contra Al-Aqsa" ha sido repetido mes tras mes por los jefes políticos palestinos, su líderes espirituales y por la corriente principal de los medios sociales: Mahmoud Abbas, en los discursos a su pueblo (realizando inclusive descaradas falsas acusaciones); Fatah en folletos y publicaciones en Facebook; Hamas en vídeos; la rama norte del Movimiento Islámico agitando dentro de Israel; los miembros árabes de la Knesset...,  todos estos y otros más han estado lanzando combustible al fuego.

Como fue el caso hace 11-15 años, el resultado es que salimos cada día a la calle sabiendo que hay personas a nuestro alrededor que quieren matarnos. Por el momento, por lo general, se utilizan métodos menos devastadores que por aquel entonces. Pero potencialmente, hay más de ellos. Y están aquí entre nosotros, en el lado "bueno" de la barrera que hemos construido para detener a los terroristas suicidas de la Segunda Intifada. Son hombres, mujeres e incluso niños. Y su lavado de cerebro ha sido tan eficaz que vienen hacia nosotros dispuestos y preparados para morir en su intento de matar a judíos, esos malvados judíos, tal como han sido persuadidos de manera tan efectiva, esos judíos que no tiene derecho a estar aquí, que no tienen conexión con Jerusalén y con esta tierra.

Dicen que las relaciones entre los ciudadanos judíos y musulmanes de Israel nunca serán las mismas después de esto, aunque un nuevo "después de esto" pudiera repetirse. Pero tan negro como ha sido este pasado mes de octubre, esa conclusión extrema parece prematura, por lo menos a partir de anteriores experiencias.

Los árabes israelíes apenas participaron en la Segunda Intifada, y su participación en el frenesí de terror actual ha sido relativamente marginal - a pesar de los grandes esfuerzos de algunos de sus representantes en la Knesset - y no se puede señalar el colapso de todos los puentes. La mujer de Nazaret que sacó un cuchillo en la estación de autobuses de Afula el 9 de octubre, y que fue disparada en la parte inferior del cuerpo, al parecer tenía problemas mentales relacionados con su divorcio. El terrorista árabe que apuñaló a cuatro judíos cerca de Hadera el 11 de octubre, estaba viviendo en Umm al-Fahm pero no era un árabe israelí ya que nació en la Ribera Occidental, y se encontraba en Israel bajo un acuerdo de reunificación familiar. La madre del terrorista beduino que mató a un soldado y abrió fuego en la estación de autobuses de Beersheba nació en Gaza, y la comunidad beduina y los familiares del asesino se apresuraron a condenar y desvincularse de sus acciones.

La relación de Israel con su comunidad árabe es compleja, por decirlo suavemente. Ellos son (mayoritariamente) no sionistas, pero también son (en su inmensa mayoría) ciudadanos respetuosos de la ley. Quieren ver el conflicto con los palestinos resuelto, aunque la rama norte del Movimiento Islámico utilice ese conflicto para fomentar el odio y la violencia. El más exitoso de sus partidos políticos, el Hadash, busca la convivencia. Existe el peligro de la profecía autocumplida en lo referente a la cancelación de las relaciones entre judíos y musulmanes en Israel.

Ellos dicen que Israel está colocando muros y dividiendo de nuevo Jerusalén. Pero la colocación de seis losas de hormigón en Armon Hanatziv, previstas antes de la actual ola de apuñalamientos para bloquear el lanzamiento de cócteles molotov y de piedras en una zona particularmente violenta, no constituye un nuevo reparto de la ciudad.

Aun así, los cortes de rutas en las entradas a los barrios árabes subrayan que Jerusalén nunca ha estado realmente unida desde 1967, pues sus barrios árabes nunca fueron integrados. La locura de la expansión de las fronteras de la ciudad para incluir zonas árabes sin tratar de gobernarlas equitativamente, nunca ha sido expuesta con más claridad que hoy en día, cuando Israel debe proteger a sus ciudadanos de esos residentes árabes a los que se optó por incluir en su ciudad capital. Este fue un terreno fértil para que el odio pudiera explotar.

Dicen que este último levantamiento va dirigido contra la ocupación. No es así. Se trata del último levantamiento contra la existencia de Israel.

La mayoría de los israelíes no quieren gobernar a los palestinos. La mayoría de los israelíes quieren separarse de los palestinos. Si los palestinos quieren un Estado basado en las fronteras de 1967 tienen que convencer a una mayoría de israelíes de que su independencia no amenazaría nuestra existencia. Uno pensaba que esto sería obvio. Evidentemente no lo es.

No obstante, esta última fase de terrorismo y de violencia palestina - al igual que las previas guerras convencionales, las oleadas de atacantes suicidas, y la implacable campaña de tergiversación, demonización y de negación de la historia judía en la tierra santa - envía el mensaje contrario a Israel y a los israelíes. Aun así, gran parte del resto del mundo - por su cortedad de miras de ver a Israel como un Goliat, cuando es un pequeño y odiado país en una región en plena ebullición por el extremismo islamista - se niega a verlo.

Y es así como, con unas letras mayúsculas sangrientas e inconfundibles, los autores de esta nueva ronda de violencia y de caos proclaman ante los israelíes: No queremos vivir junto a vosotros. Queremos mataros y obligaros a salir de aquí.

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