Sunday, March 13, 2016

Obama sólo admite un gran error por su parte: no haberse dado cuenta de cuán irrazonables y decepcionantes son los demás: La decepción de Obama - David Frume - The Atlantic



En el perfil íntimo que Jeffrey Goldberg ha esbozado tras su entrevista con el presidente Obama, Goldberg menciona a la canciller alemana Angela Merkel como "uno de los pocos líderes extranjeros que Obama respeta".

Hace treinta y cinco años, The Atlantic realizó una de las entrevistas más famosas de la historia del periodismo: la entrevista de Bill Greider titulada "La Educación de David Stockman".  La entrevista de Goldberg merecería convertirse en igualmente famosa, tal vez bajo el titular de "La decepción de Obama". El tema dominante de esta entrevista es que nosotros, todos nosotros, hemos defraudado gravemente al presidente.

Obama ha llegado a la conclusión, concluye Goldberg, "que ha encontrado al liderazgo mundial tal como él esperaba: socios globales que a menudo carecen de visión y de voluntad para gastar su capital político en la búsqueda de objetivos amplios y progresistas, y adversarios que no son, según su mente, tan racionales como él". La buena noticia es que esos socios inadecuados y esos adversarios miopes no tardará en sufrir su penitencia: "Lo que no han entendido es que la historia se inclina hacia mi dirección".

El problema es que esta consumación histórica que le daría la razón a Obama parece ir bastante lenta y tarda en llegar. En toda Europa y Oriente Medio, viejos amigos y nuevos que durante la presidencia de Obama inquietaron su labor desconfían de su relevancia y voluntad. "Creo que yo creo más en el poder estadounidense que el propio Obama", cita Goldberg que comentó el rey de Jordania, y que no estaba sólo en esa opinión. Obviamente, Obama es consciente del creciente nivel de preocupación que ha generado su presidencia. Obama insiste en que los Estados Unidos no tiene rivales geopolíticos a su altura, y sigue estableciendo la agenda para las reuniones del G-20. Cuando se trata de tareas retóricas, los EEUU aparentemente siguen siendo el Nº 1. Y para aquellos impacientes con las lagunas de su liderazgo, Obama responde con desprecio: "Está loca este gente. ¿Acaso les he decepcionado? ¡No. Soy yo el decepcionado y el enojado con ellos!"

En el relato de Goldberg: "En 2013, los resentimientos de Obama se incrementaron. Le molestaba que los líderes militares creyeran que podían solucionar cualquier problema si el comandante en jefe simplemente les daba a ellos lo que querían, y comenzó a molestarse con las ideas del establishment que dirigía la política exterior, y que muchos en la Casa Blanca veía como hacer lo que sugerían los donantes árabes y pro-Israel". Obama no tuvo "mucha paciencia con líderes como [el primer ministro israelí, Benjamin] Netanyahu y otros del Oriente Medio que cuestionaban su comprensión de la zona".

Y cuando la comprensión de los problemas por parte de Obama se demostraba equivocada, eso sólo confirmaba el desdén de Obama por todos los demás. Desde el principio, Obama había apostado con entusiasmo por la llamada Primavera Árabe. Pero pronto, tal como observa Goldberg, el presidente "se desilusionó con la brutalidad y la abrumadora disfuncionalidad del Oriente Medio", un desarrollo que aparentemente tomó por sorpresa totalmente al presidente.

Ahora Obama afirma con tristeza, "Todo lo que necesito en el Oriente Medio son unos pocos y elegantes autócratas". "Inteligentes, es aquí la definición que condensa los deseos de Obama". El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, sin duda ha gobernado como un autócrata. Sin embargo, Obama se ha sentido amargado con él, nos informa Goldberg, pues "Erdogan se ha negado a usar su enorme ejército para llevar la estabilidad a Siria".

Obama parece sentir un amplio y decepcionante desdén por las dos partes del conflicto árabe-israelí. Por un lado, Obama parece molesto porque los musulmanes de todo el mundo no han prestado la suficiente atención a su consejo "de preocuparse y examinar las raíces de la infelicidad de sus pueblos (y no echar las culpas a Israel)". Respecto a la otra parte, "de acuerdo con [el antiguo secretario de Defensa] Leon Panetta, Obama ha cuestionado la razón de que los EEUU deban mantener la ventaja militar cualitativa de Israel".

Todo esto puede parecer una manera indirecta de afirmar: "No ha sido por mi culpa".  Goldberg recoge una "notable autocrítica" por parte del presidente: Obama no parece haberse dado cuenta de cuán irrazonables y decepcionantes son los demás. En palabras del presidente: "Cada presidente tiene fortalezas y debilidades. Y no hay duda de que hay momentos en que no he estado lo suficientemente atento a los sentimientos y emociones de los demás, y a la política de comunicación de lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo".

Así, por ejemplo, ahora que la guerra en Libia ha degenerado en una estela de caos, Obama se reprende a sí mismo por no haber sabido anticipar los defectos de los implicados. "Cuando rememoro la situación y me pregunto qué salió mal, no hay espacio para la crítica, porque yo desde luego tenía más fe en los europeos, Dada la proximidad de Libia, debían haber invertido más en su seguimiento". El primer ministro británico, David Cameron, dejó de prestar atención a Libia, según Obama y "se distrajo con otras cosas". El presidente francés Nicolas Sarkozy, se comportó aún peor. "Sarkozy quería seguir con la campaña aérea, a pesar del hecho de que habíamos acabado con todas las defensas aéreas y con la infraestructura para la guerra".

Los propios libios decepcionaron del mismo modo a Obama. "El grado de división tribal en Libia era mayor del que nuestros analistas esperaban". Por lo tanto, una vez derrotado el hombre fuerte de Libia, Muammar al-Gadafi, el país se precipitó en una guerra civil a una corta distancia en barco del sur de Italia", resume el presidente con tristeza. "No había manera de comprometerse en el gobierno del Oriente Medio y el Norte de África".

Sin embargo, el Oriente Medio y el Norte de África no se mantuvieron muy tranquilos. En 2013, 2014 y 2015, una vasta oleada de emigrantes y solicitantes de asilo solicitaba su entrada en Europa desde el otro lado del Mediterráneo, y trató, en menor número, de llegar también a los Estados Unidos. Cuando los votantes estadounidenses reaccionaron negativamente al plan de Obama de reubicar a los sirios en los Estados Unidos, el presidente se sintió aturdido. El presidente se sintió aún más aturdido por la ansiedad desatada en los EEUU en noviembre pasado tras los ataques terroristas en París. "Todo el mundo, tras su vuelta a casa, parecía haber perdido la razón", le dijo un funcionario a Goldberg. "Más tarde", en palabras de Goldberg, "el presidente diría que él no había apreciado plenamente el temor que muchos estadounidenses estaban experimentando". Pero incluso después, despreciaba ese sentimiento y no lo respetaba. Esa "especie de pánico", en palabras de Obama. "le preocupó aún más por ser del tipo que se manifiesta a través de la xenofobia antimusulmana o  desafiando la apertura de los Estados Unidos". Dicha xenofobia, para Obama, representaba una amenaza mucho mayor que el propio terrorismo.

La política es el reino de la paradoja. La política exterior de Obama es especialmente rica en ellas. Un presidente que profesaba el multilateralismo ha dejado las alianzas de su país en desorden. Un presidente que criticó justamente a su predecesor por su mala programación de la posguerra en Irak, realizó su propia guerra en Libia sin ningún plan para la posguerra libia. Un presidente que rechaza el extremismo religioso y el autoritarismo tiene su política en el Oriente Medio fundamentada en sus visiones de cooperación con una autoritaria y extremista Irán.

Un presidente que trató de enseñar a América la sabiduría de la humildad, nunca aprendió esa lección para sí mismo.

De todas las paradojas, tal vez la principal sea la siguiente: un presidente que llegó a la oficina presidencial profundamente inquieto por el liderazgo de América, ha conseguido que casi ocho años no haya podido convencer al resto del mundo por qué que el liderazgo de América ya no es tan necesario.

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