Wednesday, April 20, 2016

Antisemitismo: El único odio permitido en los "espacios seguros" de los campus universitarios - Lawrence Summers - NYPost



 Cada vez es más evidente ese doble rasero con respecto a los diversos prejuicios que existe en los campus universitarios estadounidenses. Existe una enorme hipersensibilidad con respecto a los prejuicios contra la mayoría de los grupos minoritarios, pero a la vez existe una hiper insensibilidad con respecto al antisemitismo.

En el Bowdoin College, la celebración de fiestas con sombreros mejicanos y tequila se considera que es un acto de prejuicio contra los estudiantes de origen mexicano. En Emory, cualquier tipo de muestra de respaldo al probable candidato presidencial republicano, Donald Trump, requiere una revisión de las cintas de seguridad para controlarlo o reprocharlo.

La existencia de un colegio universitario que lleva el nombre de un ex presidente de los EEUU ampliamente admirado ha sido condenado en Princeton bajo la presión de agrupaciones estudiantiles.

En Yale, los disfraces de Halloween son el objeto de aprobación de un decreto administrativo para no ofender a las minorías.

El propio decano de la Facultad de Derecho de Harvard ha reconocido que la suya es una institución racista, mientras que el decano de primer año de la Universidad de Harvard ha utilizado manteles individuales para la cena para realizar propaganda en favor de la diversidad entre el alumnado.

Es más. los profesores consienten cuando los estudiantes insisten en no estar expuestos a puntos de vista contrarios sobre temas como el aborto, los cuales les hacen sentirse incómodos por desafiar su visión de las cosas.

Todo esto es incompatible con los valores básicos estadounidenses de libertad de expresión y un debate abierto.

Es necesario reconocer que una educación liberal adecuada debe permitir y provocar momentos de malestar cuando nuestras queridas creencias personales son desafiadas.

Pero si esta comodidad - los "espacios seguros" - es elevada a un valor preeminente, la norma debería ser aplicada universalmente. Por desgracia, existe una clara excepción a este "tipo de seguridad" en la mayoría de los campus universitarios estadounidenses: cuando se trata de los actos y las palabras antisemitas.

El Departamento de Estado ha dejado muy claro que se trata de antisemitismo cuando se procede a la demonización sistemática de Israel o cuando se "aplica un doble rasero al exigir a Israel un comportamiento que no se espera o exige a cualquier otra nación democrática".

Esto tiene un sentido obvio. ¿Alguien duda de que si se aplicara este doble rasero a los países africanos y no se aplicara a otros países, o bien si se promoviera una sanción para ellos mientras se evita ese castigo a otros países no africanos culpables de mucho mayores pecados, todo esto se consideraría una desagradable muestra de racismo?

Los casos de antisemitismo que siguen estas normas o pautas, demonización y doble rasero, son omnipresentes en la vida académica estadounidense. Casi una docena de asociaciones académicas han promulgado boicots formales contra instituciones israelíes y en algunos casos contra académicos israelíes.

Gobiernos estudiantiles en decenas de universidades han exigido que se cese la colaboración con aquellas empresas que hacen negocios en Israel o en Cisjordania.

Numerosos oradores invitados e incluso algunos profesores en sus aulas comparan a Israel con la Alemania nazi, y cuestionan el propio derecho a la existencia como Estado judío.

Sin embargo, y con muy pocas excepciones, esos mismos líderes universitarios que son tan rápidos en levantarse "contra las microagresiones - contradecir los puntos de vista progresistas - contra otros grupos minoritarios", guardan un espeso silencio de cara del antisemitismo.

De hecho, muchas de las principales universidades de Estados Unidos, incluyendo Harvard, tienen miembros institucionales en asociaciones que se dedican y predican el boicot de Israel. Inclusive la idea misma de promover la desinversión en Israel cuando se cuestiona se ve como una intrusión inadecuada en temas políticos, no como algo inmoral o antisemita.

Es por todo esto que la reciente declaración en contra del antisemitismo de la junta de regentes de la Universidad de Californiaes es tan bienvenida. Es contundente y clara sobre el antisemitismo, al tiempo que reconoce la importancia de la libertad de expresión. Sostiene que "el antisemitismo, y formas de antisemitismo como el antisionismo y otras formas de discriminación, no tendrán lugar en la Universidad de California".

Sería de esperar que declaraciones similares sean adoptadas por los líderes de las universidades públicas y privadas de todo el país.

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