Saturday, April 23, 2016

La "Nuit debout" desvelada. Gracias Alain Finkielkraut. A ellos les gusta la democracia... y odian la divergencia - Elizabeth Levy - Causeur



Ecologistas, ciudadanos y fanáticamente sectarios. No se podría agradecer lo suficiente a Finkielkraut el haber querido hacerse con una opinión razonada sobre la "Nuit debout" (Noche de pie). Con su breve estancia en la Plaza de la República hemos aprendido más acerca de la "nueva democracia" que se trata de inventar que con las decenas de artículos publicados por los apologistas desde hace dos semanas que tratan de vendérnosla.

Como siempre, los aspectos ridículos de este happening infantil y ruidoso se les escapan a muchos de los comentaristas que evocan con la mayor seriedad la aparente serenidad, los baños secos y los talleres constituyentes de los manifestantes.

Cualquiera que haya seguido el debate en su totalidad no puede más que echarse a reír al leer el editorial de Laurent Joffrin en Liberatión, en donde se dan la mano tanto el miedo a perder el aire del momento como las visiones cómicas que describe en la Plaza de la República. Allí el jefe del Liberation vio un "laboratorio popular". Sólo y nada más que eso. Pero los manifestantes que ocupan el lugar desde hace dos semanas son en verdad elementos representativos de todos los caprichos de la extrema izquierda, lo que significa que encarna a un micro-segmento de la población francesa. Los participantes en la "Noche de pie" luchan contra la dominación capitalista, la devastación del planeta y, por supuesto, la opresión israelí: a eso se llama una convergencia de luchas.

En cuanto al "laboratorio de ideas", en realidad no parece que nos pueda llegar a interesar conocer lo que podría salir de tal verborrea presa de una reflexividad plana y estática. El "movimiento", como ellos mismos suelen denominarlo, no habla más que de sí mismo y de la manera en que es preciso hablar.

Pero para Joffrin y otros apologistas, poco importa que en realidad no tengan nada que decir, lo importante es hablar. Así pues, el director de Liberation sólo parece poder deducir de esa cháchara uniforme un "síntoma frágil pero eminentemente positivo de la rehabilitación de la política ajena a la política tradicional" . Por favor, devuélvanos nuestra política tradicional.

Solamente que he aquí que Alain Finkielkraut quería ir hasta allí y ver por sus propios ojos. Y en pocos minutos nosotros hemos podido ver el verdadero rostro de esta pseudo-revolución falsamente amable. Lo que tienen en común los participantes en este ágora kitsch, el verdadero punto de convergencia de sus respectivas luchas, es el odio. El odio a un opresor imaginario que, en la noche del sábado, tenía los rasgos de Alain Finkielkraut.

Nuestro querido académico ha tenido que pasar un mal cuarto de hora. Sin embargo, él no ha perdido su tiempo ni nosotros, gracias a él, el nuestro. El ha encontrado lo que había ido a buscar: el significado de este movimiento. Dándose cuenta que a cincuenta metros de la Plaza de la República ha divisado a numerosos transeúntes que no se preocupaban ni la tercera o cuarta parte que él por lo que estaba ocurriendo - broncas a parte -, se entiende que la "Noche de pie" es una burbuja. Y que pronto hará pschitt.

Estos manifestantes no quieren cambiar el mundo, quieren ignorarlo y jugar a que protagonizan una revolución. Como si se hubiera abolido el capitalismo, como si se hubiera hecho la revolución, como si hubieran inventado la sombra del prolegómeno de una idea. Y además ni siquiera parece que haya líderes, ¿entonces?

Que personas que no toleran ninguna contradicción a sus ideas pretendan renovar y restaurar la democracia resulta ya demasiado. Por lo tanto, la sana curiosidad de Alain Finkielkraut debería servir como una revelación. Si mis colegas de la prensa no han perdido del todo la cabeza ante tal ejemplo de "espontaneidad", este momento debe marcar el final de la estafa y del fraude de la "Noche de pie".

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