Thursday, April 07, 2016

Un musulmán moderadamente moderado. Una carrera en taxi a Saint Lazare hasta el país del complot - Benoît Rayski - Causeur



Según una antigua leyenda que se resiste a morir, un taxista es un lujo para cualquier periodista. Se trata de un chollo si no terminas de conocer el país en el que vives y donde están ocurriendo cosas que no entiendes. Uno se sube a un taxi y es el conductor del vehículo, hablador y atento, quien te explica lo que debes saber. Pude dar fe de esto cuando hace poco tomé un taxi a la estación de Saint-Lazare.

El conductor escuchaba France Info. Se hablaba de Siria o Irak o Yemen, en cualquier caso de un país árabe... "Usted se da cuenta de como la información está orientada en Francia", me comenta. Esbozo un prudente "¿En serio?". "Sí", me contesta, "los periodistas dicen lo que sus amos les dicen que digan y sólo invitan a los que sus amos desean que inviten". Contesto con un segundo "¿En serio?" que le ayuda a acelerar la máquina. "Por ejemplo, cuando se trata de Buteflika (el líder argelino), invitan siempre a escritores opuestos, Kacimi Daoud...".

Me arriesgo con un provocador: "¿Usted conoce a muchos escritores argelinos que le defiendan?". La respuesta llegó con una áspera simplicidad: "Desde 1962, Francia tiene cuentas pendientes con Argelia". El taxista añadió - lo que no era necesario - que era franco-argelino y musulmán. Luego me explicó que en Francia, y en Occidente en general, no nos dicen toda la verdad sobre el Daech, el cual está "manipulado en secreto por los sionistas" .

El tema se volvía caliente y me abstuve de hacer comentarios. "Además, es el gendarme del mundo quien decide todo". Luego el gendarme del mundo fue designado: los Estados Unidos. "¿Y usted ha visto lo que hicieron en la prisión de Bagram con los prisioneros desnudos y encadenados?". Me arriesgué con un: "Sí, fueron humillados, pero no asesinados como en otros lugares, y sus captores fueron duramente condenados". A esto siguió un silencio un poco triste del taxista, y pude comprobar que mis comentarios desataron una tormenta en su cabeza.

Recuperando el aliento, continuó: "¿Y usted piensa que Francia es una verdadera democracia?" Humildemente, le dije que se explicara. "De hecho, es Bernard-Henri Levy quien en realidad dirige Francia. Fue él quien promovió el envío de aviones franceses contra Gadafi". Le puntualizo: "Por supuesto, pero también sé que fue él quien promovió que Europa se moviera para salvar a los musulmanes de Bosnia".

En la cara del taxista la perplejidad se mezcló con el abatimiento. Tras unos pocos segundos de silencio regresó con su venganza "¿Por qué entonces, cuando él viaja a Francia, la justicia francesa no detiene a Netanyahu?". Entonces le contesté con otra pregunta desagradable: "¿Me podría decir si Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, ha presentado una denuncia en buena y debida forma en contra de él?".

El conductor del taxi se abandonó en un doloroso silencio. Al terminar el viaje, no le di propina, pero me explique: "Entiéndalo, los judíos somos tacaños".

Mi taxista no se inscribía en ninguna de nuestras configuraciones políticas. No era ni de izquierdas ni de derechas, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda. Se situaba en otro lugar. Aunque domiciliado aquí, era similar a cientos de miles de personas cuyas categorías mentales, intelectuales y pasionales revelan un sentimiento de pertenencia mas vasto y externo.

La Umma, el mundo musulmán, más de mil millones de personas... Los pies en nuestra casa pero la cabeza en otra parte. Ellos no son violentamente hostiles, sino que son moderados. Sólo piensan que estamos en contra de ellos. Nosotros somos los auténticos e incansables constructores de conspiraciones contra su mundo, identificado como su único marcador identitario.

Para ellos, los extranjeros somos nosotros.

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