Thursday, June 16, 2016

Los problemas de Israel con el Partido Demócrata - Shmuel Rosner - NYT




Durante décadas, el apoyo estadounidense a Israel ha sido fuerte y bipartidista. Tanto los votantes demócratas como los republicanos solían ver al Estado judío como un "amigo", catalogando a ese país favorablemente en comparación con otros, y tendiendo a apoyar a Israel sobre los palestinos. Los líderes de ambos partidos prometían con regularidad mantener la alianza entre Estados Unidos-Israel y mantener la seguridad de Israel era una prioridad.

Pero muchos en Israel temen que esto podría estar cambiando. Y lo que más les preocupa es el Partido Demócrata.

El cambio en el tono y en las políticas hacia Israel comenzó con la decisión inicial del presidente Obama de alejarse de una tradición de 16 años de apoyo incondicional a Israel, y continuó con su difícil relación con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Pero la campaña del candidato demócrata Bernie Sanders parece probar que el tratamiento de Israel por parte de Obama podría ser una tendencia, no una aberración. Los jóvenes partidarios liberales y progresistas del señor Sanders manifiestan solidarizarse relativamente más con los palestinos y menos con Israel los demócratas más moderados y de más edad.

Las opiniones explícitas de Mr. Sanders no son el problema. Él ha dicho que está "100% a favor de Israel en el sentido del derecho de Israel a existir". También ha dicho que quiere la paz y la seguridad para Israel. Como la mayoría de los estadounidenses, él cree en una solución de dos estados. Como la mayoría de los israelíes, él se opone al control permanente de Israel sobre los palestinos en Cisjordania.

El verdadero problema es el sentimiento. En abril, Mr. Sanders nombró como directora de su campaña divulgatoria entre la población judía estadounidense a una joven que había descalificado a Netanyahu con epítetos vulgares y descrito como "arrogante, mentiroso, cínico, manipulador".  Posteriormente fue suspendida del cargo, pero su nombramiento no fue una casualidad. El candidato demócrata se asocia constantemente con personas que sienten de la misma forma en que él lo hace. En mayo, designó a dos duros críticos de Israel - uno de los cuales ha acusado a Netanyahu de crímenes de guerra - para la comisión que va a redactar la plataforma del Partido Demócrata.

Al igual que Mr. Obama cuando se postuló para presidente en 2008, Mr. Sanders intenta distinguir el apoyo a Israel de su falta de apoyo al gobierno israelí. Él trata al gobierno de Israel como si fuera el malo del conflicto, pero deja de lado un hecho: la mayoría de los israelíes votaron varias veces para los partidos que han compuesto las coaliciones de derecha y centro-derecha de Mr. Netanyahu, y además respaldan la mayor parte de las políticas a las que se opone Mr. Sanders. Por lo tanto, tampoco los gobiernos de derecha de Israel no son una casualidad.

La buena noticia para Israel es que Bernie Sanders no será el candidato demócrata. Y que el tono de Hillary Clinton hacia Israel es mucho menos preocupante. Clinton promete que la plataforma del Partido Demócrata reflejará el "fuerte apoyo de muchos años a Israel", y las encuestas encuentran que sus seguidores son más comprensivos hacia el país.

Pero las malas noticias para Israel es que la señora Clinton por sí sola no puede resistirse a lo que parece ser una tendencia constante en su partido. Cada vez más votantes demócratas se identifican como liberales, y cuanto más liberales que son  menos apoyan a Israel. La realidad política en última instancia pondrá al día a la señora Clinton y a otros demócratas moderados. En el Congreso, un deslizamiento opuesto a Israel entre los demócratas puede que ya esté en marcha. Anteriormente, los legisladores demócratas tenían que preocuparse si mostraban su falta de apoyo a Israel. Hoy algunos de ellos - especialmente aquellos que necesitan ser re-elegidos por los votantes más liberales y progresistas - parecen tener la preocupación contrario: no quieren ser vistos como que apoyan demasiado a Israel.

Algunos políticos israelíes de alto rango me dicen que creen que los cambios en la política de Israel podrían hacer desencadenar rápidamente un creciente descontento de los estadounidenses con su país. Una mejoría en las relaciones con los demócratas estadounidenses, dicen los políticos anti-Netanyahu, es una de las muchas recompensas que Israel recibirá cuando recupere el sentido. Para que esto suceda, dicen, el gobierno debe demostrar que apoya una solución de dos estados. Pero eso no es un movimiento fácil para la actual coalición de gobierno de línea dura.

Los israelíes más sobrios  - y los americanos conservadores - ridiculizan tales sugerencias porque creen que el electorado liberal y progresista del Partido Demócrata ya se estaba moviendo cada vez más hacia la izquierda, hacia un espectro ideológico donde condenar a Israel está de moda, y hay poco que Israel puede hacer para dar la vuelta a lo que es una tendencia entre los más liberales americanos.

Tampoco tendría mucho sentido para la mayoría de los israelíes elegir a sus líderes en base a las preferencias de los militantes demócratas estadounidenses. Y militarmente Israel tampoco puede cambiar sus tácticas para ajustarse a los deseos de los votantes demócratas. Del mismo modo, no tendría sentido que el gobierno de Israel cediera a presiones diplomáticos sólo para apaciguar los sangrantes y biempensantes corazones de los demócratas liberales.

Ahora bien, ¿tal vez debería? Israel recibe más ayuda exterior estadounidense que de cualquier otro país, colabora con Washington en materia de seguridad y de inteligencia y recibe el apoyo diplomático estadounidense en las Naciones Unidas y en otros lugares. Debido a esto, Israel basa ese apoyo en ambos partidos políticos estadounidenses. Y eso por supuesto tiene un precio. El truco para Israel es mantener ese precio lo más bajo posible, manteniendo su condición de "amigo especial" de los Estados Unidos. Israel trata de hacer esto tanto si un republicano como George W. Bush está en el poder, o (a veces con mucho menos éxito) cuando un demócrata como Barack Obama está en el poder.

Para que las relaciones entre Israel y los demócratas sigan siendo fuertes una de estas dos cosas tiene que suceder: o bien las actitudes de los demócratas y las políticas de Israel convergen, o bien los demócratas deben convencerse de que el debilitamiento de su apoyo a Israel tendrá también un precio político. Mr. Netanyahu y Mrs. Clinton tendrán que averiguar cual es el camino a seguir, o de lo contrario la deriva continuará.

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