Thursday, August 11, 2016

Como las leyes antidiscriminación se han convertido en una religión y lo que puede significar para el judaísmo - David E. Bernstein - Mosaic



(Un interesante artículo demasiado largo para traducir completamente y del que extracto las partes más significativos. Este es la respuesta al ensayo mensual de Richard Samuelson "Qué es lo que asusta de la libertad religiosa".)


El ensayo de Richard Samuelson, "¿Quién tiene miedo de la libertad religiosa?" ofrece una visión aleccionadora de cómo la libertad religiosa ha llegado a ser devaluada por los liberales y progresistas estadounidenses, sobre todo cuando entra en conflicto con el apego de los liberales por las leyes contra la discriminación. Los progresistas ven la adhesión a muchas enseñanzas religiosas tradicionales, especialmente las relativas a la moral sexual y a la condición de la mujer, como meras intolerancias que deben ser selladas por las autoridades gubernamentales.

En lo que sigue, voy a abordar tres cuestiones planteadas por el ensayo. ¿Cómo llegamos aquí? ¿Es la situación tan grave como sugiere Samuelson? Y, finalmente, ¿qué significa todo esto para el futuro de los judíos y el judaísmo en los Estados Unidos?

Hay varias razones de por que las perspectivas religiosas tradicionales están perdiendo cada vez más los retos legales amparados bajo la rúbrica de la lucha contra la discriminación. La primera es la transformación gradual de la razón primordial de las leyes contra la discriminación. Estas comenzaron como parte de un esfuerzo para corregir la exclusión de los afroamericanos y otras minorías de la corriente principal la vida americana. Debido a que el objetivo estaba relativamente definido, los autores de la legislación de los derechos civiles, como observa Samuelson, se conformaron con dispensar de sus interpretaciones estrictas a los actores económicos menores, como los propietarios que estaban viviendo en su propiedad.

Con el tiempo, sin embargo, los estadounidenses gravitaron hacia la idea de que la discriminación, per se, es inmoral y perjudicial, y debe ser suprimida por la fuerza, incluso si las consecuencias económicas son mínimas o inexistentes. Hemos llegado a un punto en el que, si tan sólo uno de los cientos de fotógrafos de una boda declina por razones religiosas objetando fotografiar una boda entre personas del mismo sexo, ese fotógrafo solitario es visto por muchos como habiendo cometido una grave ofensa merecedora de castigo.

Otro factor que favorece a las leyes contra la discriminación sobre la libertad religiosa es que la izquierda, que tradicionalmente luchó tanto por la libertad religiosa  como por la no discriminación, se ha convertido últimamente en una religión virtual con el abandono en gran parte de la religión tradicional. La izquierda también una vez disfrutó de una sustancuial base religiosa, pero hoy está totalmente dominada por unos seculares que simplemente no entienden la perspectiva de los religiosos tradicionalistas o conservadores.

(. . . .)

La razón de este tipo de contorsiones: "La libertad religiosa es ahora contemplada como un código pata la discriminación de las minorías sexuales". Como ha dicho Louise Melling, directora jurídica adjunto de la ACLU, la libertad religiosa necesita ser limitada (se utiliza el término "modificada") "de modo que no se puede utilizar como una defensa para la discriminación". En términos más generales, sostiene que "la libertad religiosa no significa derecho a discriminar". En realidad, sin embargo, sí significa derecho a discriminar, o por lo menos puede, a no ser que se quiera adoptar la vieja línea soviética que significa que la libertad religiosa es libre de creer lo que se quiera, siempre y cuando no se actúa en base a esas creencias.

Como escribe Samuelson, el judaísmo ortodoxo no puede existir sin la "discriminación". Las instituciones ortodoxas (con algunas excepciones) no reconocen a las mujeres como rabinos, no reconocen a alguien como judía excepto si se muestra de acuerdo con la Halajá, no reconocen los matrimonios mixtos entre judíos y gentiles tal como sanciona la norma halajica, no reconocen los matrimonios del mismo sexo o, en la mayoría de los casos, la legitimidad de las relaciones romántico/sexuales con personas del mismo sexo, y así sucesivamente. Todos esto plausiblemente podría ser prohibido en virtud de la ley contra la discriminación.

Hasta que Barack Obama no fue elegido presidente, los tribunales federales adoptaban constantemente, de hecho por unanimidad, que las cláusulas religiosas de la Primera Enmienda protegían el derecho de las organizaciones religiosas a elegir su personal religioso libres de la interferencia de la ley secular. Esto se conoció como la excepción ministerial. Entonces, en un caso de 2011 llamado Hosanna-Tabor Iglesia Evangélica Luterana vs EEOC, el gobierno de Obama puso en marcha un asalto frontal contra esa excepción, que nunca había sido tratada directamente ante el Tribunal Supremo. En el evento, la Corte dictaminó por 9-0 que la excepción era válida.

El fallo de la Corte ponía límites significativos a la capacidad de los principios contra la discriminación a incidir sobre las organizaciones religiosas. Sin embargo, mientras Hosanna-Tabor fue una aplastante victoria para la libertad religiosa, la muy buena disposición del Departamento de Justicia para adoptar tan radical (y predeciblemente fútil) posición sugiere fuertemente que ese respeto por la libertad religiosa se ha hundido en ciertos de los principales círculos progresistas.

Entonces, ¿qué significa esto para el futuro de los judíos y el judaísmo en los Estados Unidos? Actualmente, los judíos se encuentran entre los grupos religiosos más populares en los Estados Unidos, y el antisemitismo se encuentra en mínimos históricos, incluso aunque los judios siguen sufriendo muchos más crímenes de odio que cualquier grupo religioso. De hecho, el aprecio general por los judíos se da en todo el espectro político, desde los ateos de izquierda que admiran la contribución judía a los movimientos de justicia social hasta los cristianos evangélicos que creen que la Biblia les ordena proteger al Estado de Israel y el pueblo judío.

La pregunta es cuánto tiempo durará este consenso. Si continúan las actuales tendencias demográficas, en un futuro relativamente cercano la mayoría de los estadounidenses de ascendencia judía ya no tendrá ninguna relación formal con la comunidad judía organizada. Es cierto que, en común con otros grupos étnicos como irlandeses, italianos y otros muchos, sin duda, seguirán mostrando un vago afecto nostálgico por sus orígenes étnicos, pero su específica herencia judía ya no afectará de forma significativa a sus vidas. En cuanto aquellos que permanezcan como miembros activos de la comunidad judía, estarán divididos entre una ahora mayoritaria, pero que será cada vez más decreciente, cohorte de judíos de la Reforma y de otros grupos religiosamente liberales; un grupo más pequeño pero muy vigoroso de judíos ortodoxos modernos y centristas al que se unirán remanentes del movimiento del judaísmo conservador en rápido declive; y un importante grupo de haredim o judíos "ultra-ortodoxos" en un proceso de vertiginoso crecimiento.

En algún momento, de hecho, este último grupo de ultra-ortodoxos, cuya tasa de crecimiento de población actualmente se sitúa en un sorprendente 5,5%, representará un elemento muy significativo de la "cara" pública de la comunidad judía estadounidense. Los Jon Stewart, Bernie Sanders y Ralph Laurens del mundo judío actual, figuras liberales y progresistas, competirán en las mentes de los estadounidenses con varios rabinos y líderes de la comunidad ultra-conservadores. Algunos de estos notables haredi puede exigir (o pueden ser percibido como exigiendo) vivienda y otros subsidios del gobierno para sus seguidores que apenas participan en la vida cívica general del país. Esto es poco probable que les congracie con los conservadores estadounidenses, y proporcionará forraje para el sector "alternativo derechista" antisemita.

Pero la mayor amenaza proviene desde la izquierda. Un sector que ya es hostil a las tradicionales expresiones de la libertad religiosa, y a algunos de los principales movimientos religiosos como el cristianismo evangélico, la izquierda también es ampliamente hostil a grupos más pequeños como los mormones. En este caso, el animus no está dirigida tanto al estilo de vida conservador de los mormones, sino al reconocimiento de que la iglesia mormona y sus congregantes son una significativa fuerza conservadora en la política estadounidense. Hostilidad que puede llegar a parecer de menor importancia en comparación con esa otra hostilidad dirigida a los haredim cuando su población se extienda de seis a siete cifras y cada vez más se afirmen como poder electoral y político.

Gran parte de ese poder, sin duda, será ejercido en su búsqueda de satisfacción de sus preocupaciones parroquiales, lo que en sí planteará algunas aproximaciones. Pero gran parte del creciente público ultra-ortodoxo se alineará inevitablemente con los candidatos y las posiciones más posiciones conservadoras. Esto podría ser especialmente problemático debido a que, según la mitología izquierdista, los judíos se les "supone" que son gente secular y progresista que, teniendo recuerdos residuales de su opresión colectiva, puede ser fiables a la hora de responder a la llamada de las causas de la extrema izquierda. En la existencia corporativa de la izquierda, los judíos solamente se justifican, en todo caso, por su papel de oráculos progresistas. De hecho, se espera que los judíos en particular asumieran como suya la causa palestina y, cuando no lo hacen, son sometidos a ese vicioso racismo utiliza la izquierda contra quien se opone a sus designios.

Israel, por su parte, representa un problema en sí mismo. Los judíos ortodoxos, ya sea sionistas o no, mantienen unos lazos mucho más fuertes a nivel cultural, familiar, religioso con Israel de lo que hacen otros judíos americanos. Si la hostilidad hacia Israel se convierte en un atributo de verdad que define a la izquierda política estadounidense, tal como las tendencias actuales parece sugerir, esto constituirá otro motivo de ira contra los judíos. Ya hemos visto avances en los ataques a los "neocons" pro-Israel de la administración Bush durante la guerra de Irak y más recientemente en las manifestaciones antisemitas del movimiento BDS en el campus.

En resumen, la izquierda sigue estando mayormente en paz con la comunidad judía estadounidense ya que este última es actualmente predominantemente irreligiosa, socialmente liberal y políticamente progresista.

Dentro de unas pocas décadas a partir de ahora, con la creciente desjudeización de los judíos más liberales y el incremento del sector ortodoxo y ultra-ortodoxo,  la mayoría de aquellos que se reconozcan como judíos pueden llegar a ser predominantemente religiosos, socialmente conservadores, y una importante fuerza  "reaccionaria" en la política, especialmente en Nueva York, donde se concentran los haredim. Esto es poco probable que ocurra sin un incremento significativo en el sentimiento anti-judío de la izquierda, trayendo consigo consecuencias potencialmente graves para la libertad religiosa de la comunidad. Tampoco, podemos predecir si este sentimiento anti-judío es probable que se limite a los haredim y no se extienda a otro grupos religiosos u observantes judíos.

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