Saturday, October 15, 2016

Andalucía, o la leyenda de la España islámica - Nirmal Dass - New Rambler



Revisión de "El mito del paraíso andaluz: Musulmanes, Cristianos y Judíos bajo el dominio islámico en la España medieval" de Darío Fernández-Morera


¿Por qué la historia es importante? Algunos dicen que ofrece lecciones que han de ser tenidas en cuenta. Otros ven la historia como inherentemente defectuosa, con deficiencias que han de ser expuestas y censuradas. Otros todavía adoptan el enfoque aprobativo y tratan de apegarse a los casos particulares que se exponen a continuación como antecedentes ejemplares. Tales estrategias, aunque populares, sólo crean mitos, y por lo tanto son profundamente defectuosas porque niegan el verdadero objetivo de la historia que es establecer la verdad de las cosas a través del trabajo de la razón.

Existen abundantes casos de este tipo. Un ejemplo es el mito de la España islámica o de una utópica Andalucía: Una sociedad exitosa y armoniosa, donde unos "gobernantes musulmanes sabios y urbanos transformaron los rudos y bárbaros cacicazgos visigodos en un reino paradisiaco lleno de tolerancia hacia todas las religiones". Esto es denominado "convivencia y coexistencia armoniosa". En ambos casos se trata de retroproyecciones de un deseo contemporáneo, en los que precedentes históricos se buscan con el fin de justificar las nociones actuales de una sociedad ideal, en este caso, el multiculturalismo. Dignos como tales esfuerzos podrían llegar a ser, en realidad niegan la verdad de la historia. En el caso de Andalucía, Darío Fernández-Morera, un profesor de literatura medieval española y de historia de la Universidad de Northwestern, asume la tarea de separar los hechos de la ficción. Lo hace de manera elocuente y sobre la base de la última metodología académica europea (la mayoría de la cual permanece sin traducir al inglés), así como sobre pruebas documentales y arqueológicas.

De hecho, la España musulmana fue una distopía. Fernández-Morera coloca la conquista musulmana de España en el contexto de la yihad, tal como evidencia el propio Ibn Jaldún: "En la comunidad musulmana, la guerra santa [yihad] es un deber religioso provocado por la vocación universal del Islam y la obligación de convertir a todo el mundo al Islam, ya sea mediante la persuasión o por la fuerza. Por lo tanto, el califato y la autoridad real [poder político y religioso] están unidos en el Islam". Los que se negaban a ser persuadidos podían seguir viviendo como dhimmis, unos individuos subalternos que vivían en un régimen de inseguridad, y que debían pagar el impuesto requerido para su protección (jaziya), que en sí mismo no era ninguna garantía de tolerancia. Los pogromos contra los cristianos eran habituales, en ellos las crucifixiones, los empalamientos y las decapitaciones eran frecuentes y los niños cristianos eran tomados a la fuerza para ser criados como musulmanes. A veces, los judíos se aliaron con las autoridades islámicas, pero esto no alteró su situación de población subalterna e insegura. De este modo, en 1066 los judíos de Granada fueron asesinados por las turbas musulmanas, mientras que los caraítas eran aniquilados sistemáticamente en toda Andalucía. En palabras de Maimónides, el filósofo judío que fue testigo de esas atrocidades: "Nunca hubo una nación [los musulmanes] que nos molestara tanto, degradara, envileciera y nos odiara tanto como ella".

Las mujeres estaban segregadas, veladas y vivían subordinadas a los parientes masculinos o los maridos, mientras que la lapidación de mujeres por adulterio estaba incluida el la ley (la sharia). Por otra parte, la esclavitud sexual femenina abundaba y estaba legalmente reconocida. Las mujeres cristianas capturadas eran muy apreciadas en todo el mundo musulmán, y su tráfico era muy rentable.

La realidad distópica era en parte consecuencia de la sharia, tal como interpretaban su aplicación en la sociedad las cuatro escuelas oficiales de jurisprudencia. En Andalucía, la escuela maliki prevaleció, y era conocida por su severidad hacia los no musulmanes. El jurista andalusí Ibn Abdun escribió en 1100: "[Judíos y cristianos] deben ser detestados y evitados. Está prohibido saludarles con un ‘la paz sea contigo’. Satanás los posee, lo que les lleva a olvidar las advertencias de Dios. Pertenecen a Satanás. Una señal distintiva debe ser empleada por ellos para que puedan ser reconocidos, y para que ese señal pueda llegar a ser una fuente de vergüenza para ellos". Por lo tanto, los cristianos llevaban un parche azul y los judíos uno amarillo. La evidencia documental sugiere también un éxodo masivo de los no musulmanes de Andalucía hacia los territorios cristianos en el norte. Por el contrario, en el Oriente Medio y Egipto, donde una escuela diferente de jurisprudencia dominó, los no musulmanes fueron perseguidos con menos severidad.

Mucho también se ha dicho de una Andalucía como un lugar de libre pensamiento, donde la filosofía floreció a través del diálogo interreligioso. La jurisprudencia maliki, de hecho, niega tal indulgencia. En el mundo islámico, la filosofía era sólo un pasatiempo personal para unos pocos elegidos cuyas reflexiones no tenían ninguna influencia en la dirección de la vida humana, la cual era una prerrogativa de la sharia, la única que prescribe lo que se debía hacer y cómo uno debe vivir. En la filosofía del Islam, simplemente la filosofía no es necesaria.

Esto se ve claramente en los dos pensadores asociados al saber en Andalucía, Averroes (Ibn Rushd) y Maimónides. Averroes fue un jurista, un dispensador de la sharia, mientras que Maimónides huyó para salvar su vida porque era judío. De hecho, las obras de los dos ganaron su popularidad en la Europa cristiana, tras ser descubiertos y traducidos en el siglo XIII, ya que Occidente siempre ha necesitado de la filosofía para guiar la vida social y personal.

Además, el término "España islámica" supone que el dominio musulmán fue estable y duradero desde el siglo VIII al XV, cuando el rey Fernando y la reina Isabel vencieron al último gobernante musulmán de Granada y pusieron fin a la Reconquista en 1492. Sin embargo, la historia cuenta una historia diferente. La incursión musulmana inicial en el 711 d. C. alcanzó de hecho hasta el río Duero, pero esa tierra conquistada pronto se dividió en cacicazgos islámicos menores (taifas) que lucharon entre sí por el control de los recursos. Desde los tiempos de Don Pelayo y la Batalla de Covadonga en el 722 d. C., la recuperación cristiana (Reconquista) del territorio fue continúa y permanente. Por lo tanto, en el siglo XI el dominio islámico se redujo hasta el norte de Madrid. En el siglo XIII se extendía sólo hasta Sevilla. Y en el siglo XIV sólo las ciudades de Málaga y Granada se mantuvieron musulmanas. Y en 1492, sólo permanecía Granada, que se dejaba que existiera porque producía buenos ingresos para Fernando. Pero cuando su gobernante musulmán comenzó a negociar con los turcos otomanos, cuyo imperio iba en aumento, Fernando tomó posesión de Granada (el acto final de la larga Reconquista) para negar a los otomanos un punto de apoyo en España.

En cuanto a la herencia arquitectónica de España, la contribución visigoda es a menudo ignorada. De hecho, los visigodos eran apenas "bárbaros", por lo que crearon una vibrante y sofisticada sociedad donde el arte y la arquitectura prosperaron. La evidencia arqueológica apunta a edificios extravagantes que fueron destruidos por los invasores musulmanes. Los visigodos formaban parte de los Romanitas, o la "Roman-ness", ese contexto profundamente influyente y permanente de aprendizaje y de cultura greco-romana que se extendía por todo el Mediterráneo, Oriente Medio, Asia Central y hacia la India. El Islam también surgió y se expandió dentro de este contexto clásico (como el reciente trabajo del grupo de estudiosos Inarah demuestra claramente).

El filósofo francés Rémi Brague ha observado que el Islam siempre ha sido un gran digeridor de culturas. Por lo tanto, la arquitectura "islámica" es una estética grecorromana reformulada. El emblema de Granada, construido en un momento en que el dominio islámico casi había desaparecido de España, es también un jadeo exuberante de una civilización visigoda largamente enterrada. Las ideas no desaparecen simplemente. No existe la amnesia cultural, no al menos al por mayor.

Minucioso y profundo como es el análisis de Fernández-Morera, también podría haber abordado el problema principal de las evidencias documentales árabes de la invasión musulmana de España en el año 711, que son bastante tardías. Ambas, la Crónica del Moro Rasis se encuentra sólo en una recensión del siglo XV, mientras que la famosa obra de Al-Maqqari ( Nafh al-tib ) data del siglo XVII. Como es habitual en la mayoría de las fuentes antiguas, incluidas las fuentes árabes, el pasado se contó con fines laudatorios en lugar de con miras cronológicas e históricas. Además, el análisis de Fernández-Morera se habría beneficiado de la obra de Johannes Thomas, cuya reciente estudio sobre Andalucía (aún no traducido) es innovador.

Dicho todo esto, el libro tiene un éxito indiscutible a la hora de explosionar el mito de la armonía multicultural en Andalucia. El historiador Serafín Fanjul, escribiendo en español, ha observado que la famosa convivencia era en realidad un brutal apartheid. El muy necesario libro de Fernández-Morera se ha propuesto al fin aclarar las cosas para el mundo de habla inglesa. Sólo la verdad debe ser la preocupación de la historia.

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