Friday, October 07, 2016

La póliza de seguros del pueblo judío - Dror Eydar - Israel Hayom



1.- Me pidieron que diera un discurso de unos 12 minutos en la próxima conferencia nacional del Israel American Council Israel a los jóvenes israelíes que viven en los EEUU sobre la arqueología y la historia de Israel.

Es una cosa muy judía, la compresión de miles de años en una gota de tiempo. Hay muchos aspectos en la arqueología. En general, se trata de tocar físicamente material antiguo: estructuras, fragmentos de cerámica y metal, inscripciones, tumbas y más restos. La historia, en particular la historia antigua, es en su mayoría silenciosa. Muy poco de ella se ha escrito. La arqueología ayuda a reconstruir el pasado.

Para nosotros como judíos, la reconstrucción del pasado no es un asunto para que lo maneje un museo. No estamos sentados y viendo una obra histórica, somos parte de ella. Para entender esto, vamos a pensar en la arqueología en otros campos, como la arqueología de textos o del lenguaje.

¿Qué es una palabra? Un significante. ¿Qué ocurre cuando una palabra puede referirse a más de una cosa? ¿Qué pasa cuando se trata de una palabra antigua que existe desde hace 3.000 años? Palabras como éstas son como las puntas de icebergs, ya que su significado contemporáneo se encuentra en la capa más superficial. Si cavamos, descubrimos capas más antiguas de significado. Podríamos encontrar, en otras épocas, que una palabra significaba exactamente lo contrario de lo que significa ahora.

Piensen en el hebreo. Cualquier persona que habla esta antigua lengua habla inconscientemente al pasado y despierta el inmenso tesoro de conocimientos, significados y tradiciones acumulados dentro del lenguaje. En un Beit Midrash, un lugar de aprendizaje judío, vamos a descubrir que los verbos son utilizados en el tiempo presente: Rabí Akiva "dice" (no "dijo"), Rashi interpreta, el profeta Isaías profetiza. Para el judío, estos textos antiguos no son algo que se haya abandonado en estantes polvorientos o en museos, sino que siempre han rodeado a los judíos, quienes hablaron y discutieron con ellos, desafiándoles y tomándose alegrías con ellos. A través del uso del hebreo, siempre han estado accesibles.

Hoy en día, también los que hablan el hebreo son capaces de leer los textos que datan de hace 2.000 años o más. Si nos esforzamos más, también podemos conocer el Talmud. Y por supuesto, la poesía de los judíos españoles, la filosofía judía, los comentarios bíblicos, la literatura mística, el Zohar, los movimientos hasídicos y la Haskala, la literatura del renacimiento del moderno pueblo judío y la de los tiempos modernos. Si queremos, podemos aprender sobre la vida de las comunidades judías en el norte de África en el siglo X o en la Italia del Renacimiento, y más a través del sistema de preguntas y respuestas (laS responsa) que conectaban al mundo judío.

He mencionado que estos textos nos "rodean" a todos nosotros, y en realidad quería decir que nos "envuelven" como individuos y como pueblo. Se trata de un envoltorio defensivo que nos protege y nos ha guardado durante el largo exilio, y que se supone que aún hoy en día protege a los judíos del mundo, siempre y cuando ellos no están en su terreno natural, Israel.

2.- Los textos, tan importantes y en movimiento como son, proporcionan una experiencia arqueológica limitada. La lectura y el estudio sobre el Jerusalén del período del Primer Templo no son como caminar por la Ciudad de David. Cuando estás de pie allí mismo, puedes entender lo que el poeta quiere decir con "las montañas rodean a Jerusalén" (Salmo 125: 2) o "morará entre sus hombros" en la bendición de Moisés a Benjamin (Deuteronomio 33:12) - ese lugar donde reside Dios conocido en hebreo como la "shechinah" y que está entre los hombros -, no en el valle y tampoco en la cumbre más alta. Así es como nuestros antepasados ​​distinguían entre sus creencias y el culto a los ídolos que estaban "en un monte alto y sublime" y "bajo unos árboles frondosos" (Isaías 57: 5-7).

Hace varias semanas, los arqueólogos revelaron cómo estaba decorado el suelo del templo. Lo descubrieron después de un intenso trabajo que implicó recoger y unir los fragmentos de piedra que habían sido encontrados entre los escombros retirados del Monte del Templo. Ese supuestamente proporcionó el suelo, los colores y piedras, no mucho más.

Por la enorme emoción expresada en los titulares de las noticias al hacerse público el descubrimiento, se demostró que el hallazgo arqueológico había tocado un punto sensible. Cada vez que nos encontramos con un remanente de nuestro pasado como pueblo obtenemos una responsa (y tal vez, una respuesta) a la cuestión de la identidad, sobre la cual hemos estado debatiendo desde que regresamos a la historia, y más aún desde que establecimos un estado judío independiente: ¿Quiénes somos? ¿Es el Estado de Israel una continuación viviente del antiguo reino de Israel? ¿Son los judíos del siglo XXI los continuadores de ese pueblo cuyos altos sacerdotes pisaron ese suelo y esas baldosas maravillosas? En palabras del investigador y crítico literario Baruch Kurzweil: ¿Somos una continuación o una revolución?

La Autoridad Palestina está invirtiendo unos esfuerzos hercúleos en el borrado y eliminación de la historia judía en la Tierra de Israel, tratando de inculcar en su lugar la historia de los palestinos. Un profesor de la Universidad Birzeit llama a nuestra conexión con la tierra de Israel "un mito, una historia que no tiene valor, como la historia de 1.001 mil y una noches". Y agregó: "Después de 60 años de excavaciones ellos (los judíos) no han encontrado nada, ni una jarra de agua, ni una moneda, ni una vasija de cerámica, ni un arma de bronce, ni una pieza de metal: nada de nada porque ese mito es un mito y una mentira. Esas excavaciones no han dejado un solo metro sin excavar, pero no han encontrado nada".

Los palestinos se refieren habitualmente al Templo judío como "imaginario" y a las historias de la Biblia como "imaginarias". La razón de sus esfuerzos es clara: si no existe una relación histórica entre el pueblo judío y esta tierra, entonces solamente seríamos unos invasores extranjeros que tomaron el control de un país que no era la nuestra.

Pero no vivimos por lo que dicen los palestinos. Al igual que el idioma hebreo ya es un tema importante, familiarizarse con los descubrimientos arqueológicos de nuestro pasado es importante para el fortalecimiento de nuestra identidad como pueblo y de nuestros vínculos con la tierra de Israel. El "muro de hierro" que el líder sionista Zeev Jabotinsky trató de erigir entre nosotros y nuestros enemigos, y que conseguiría que ellos pierdan la esperanza de que alguna vez nos podrán expulsar, no es sólo un literal muro de hierro defensivo. Primero y ante todo, es un muro de hierro de la conciencia.

3.- La gran mayoría de los judíos de Israel y de todo el mundo están, en cierta medida, familiarizados con los hallazgos arqueológicos de nuestro pasado y del tiempo de Jerusalén, desde el siglo X a. C., con los reinos de David y Salomón, y hasta ahora. Las excavaciones en la Ciudad de David en estos últimos 25 años han ayudado a profundizar nuestro conocimiento. Pero todo lo que tenga que ver con el período anterior a la monarquía - del cruce del río Jordán y la llegada de las tribus de Israel al final del siglo XIII a. C., al asentamiento en el Valle del Jordán y la expansión hacia las colinas del oeste y al sur hacia Shiloh, es un agujero negro para la mayoría de los judíos.

Pronto vamos a hacer un año desde la muerte de Adam Zertal, uno de los más grandes arqueólogos bíblicos del siglo XX. El suplemento de fin de semana de Israel Hayom tuvo el privilegio de publicar algunos de sus grandes descubrimientos sobre Gilgalim, un lugar nombrado en la Biblia y donde las tribus israelitas acamparon y adoraron a Dios después de cruzar el río Jordán, mucho antes de que Jerusalén o Shiloh existieran. Zertal encontró seis recintos que contenían características y fragmentos de cerámica similares a la época israelita. En el Monte Ebal tuvo el privilegio de encontrar el Santo Grial de los arqueólogos bíblicos: un altar de sacrificio israelita que data del siglo XII a. C., y que orprendentemente se ajustaba a la descripción de un altar en la misma montaña que se puede encontrar en el libro de Josué (8:30-35).

Durante sus 35 años de estudios arqueológicos de Samaria, Zertal y su equipo encontraron unos 1.500 lugares, de los cuales aproximadamente el 90% eran desconocidos. Cerca 450 de ellos se fechan en la Edad del Hierro I, o el momento en que las tribus de Israel se estaban asentando en la tierra y el momento del primer templo. Esto cambia todo lo que la ciencia sabía acerca de la Biblia y de nuestra historia. Los estudiantes israelíes y los judíos de todo el mundo necesitan saber acerca de esto. Es una parte definitiva de nuestra póliza de seguro.

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