Sunday, October 30, 2016

Obama está repitiendo los errores de Eisenhower en el Oriente Medio - Michael Doran - LA Times



Durante los últimos cinco años, el presidente Obama ha colocado su gran apuesta en Moscú y Teherán. Ha girado lejos de los aliados históricos de los Estados Unidos en el Oriente Medio - Israel, Arabia Saudita y Turquía - para crear un espacio para los rusos y los iraníes en la arquitectura de la seguridad regional. Una y otra vez, la apuesta ha llegado hasta la estupidez.

El acuerdo nuclear iraní se suponía que era el comienzo de una nueva era en las relaciones entre los EEUU e Irán. A cambio, ha dado lugar a una alianza ruso-iraní. Las tropas terrestres más potentes que trabajan con la Fuerza Aérea de Rusia para salvar al presidente sirio Bashar Assad están bajo el control directo de la Guardia Revolucionaria iraní, la cual también ejerce una influencia desmesurada, directamente y a través de las diversas milicias chitas internacionales, sobre las fuerzas que sitian Mosul. En consecuencia, la alianza ruso-iraní está en camino de construir un corredor de estados subordinados que se extiende desde Teherán a Beirut.

Obama ha hecho la vista gorda a los riesgos a largo plazo de este corredor, porque espera que Teherán y Moscú trabajen con él para construir un sistema de concierto en el Oriente Medio: un club de naciones que, unida en su hostilidad a Al Qaeda y al Estado islámico, cooperará para contener las peores patologías de la región.

Tal como el presidente Obama sugirió inmediatamente después de la firma del acuerdo nuclear iraní, ese club se supone que ayudará con retos más allá del Estado islámico. "Construyendo este acuerdo, podemos seguir teniendo conversaciones con Irán que le incentiven a comportarse de una manera diferente en la región, a ser menos agresivos, menos hostiles, más cooperativos... en la resolución de problemas como Siria o lo que está sucediendo en Irak, o controlar su ayuda a los chiítas huzíes del Yemen".

Pero Teherán no se ha moderado, y ahora los huzíes tienen misiles iraníes y, sin duda con el apoyo de Irán, están lanzando misiles contra barcos estadounidenses en el Mar Rojo.

Obama no es el primer presidente de Estados Unidos que apuesta a tan largo plazo en favor de un adversario. En 1953, cuando el presidente Eisenhower asumió el cargo, él también buscó estabilizar el Oriente Medio cooptando al líder más anti-occidental del momento: el dirigente egipcio Gamal Abdel Nasser. Eisenhower creía que haciendo de Egipto un socio para la seguridad regional, podría suavizar el comportamiento de Nasser y atraerlo para organizar a los árabes detrás de Occidente en la Guerra Fría.

Creyendo que la asociación de los Estados Unidos con el sionismo y el imperialismo británico estaba envenenando las relaciones estadounidenses con los musulmanes de Oriente Medio, Eisenhower trabajó para demostrar a Nasser que los EEUU le ayudarían a lograr sus objetivos nacionalistas, incluso si fueron a costa de los intereses de Gran Bretaña e Israel. Así por ejemplo, Eisenhower dirigió una enorme presión sobre los británicos para que retiraran sus tropas de Egipto, donde habían disfrutado de una presencia continua durante muchas décadas.

Esta política llegó a su conclusión lógica hace unos 60 años, cuando en el momento culminante de la crisis de Suez, Gran Bretaña, Francia e Israel lanzaron ataques coordinados contra Egipto. La oposición de Eisenhower a sus aliados fue extrema. Trabajando en paralelo con la Unión Soviética, llevó a la economía británica al borde de la destrucción y exigió que los invasores se detuvieran y evacuaran Egipto inmediatamente. Los aliados de Estados Unidos se doblaron bajo la presión.

La política de Eisenhower le dio a Nasser la victoria de su vida, y la reputación del líder egipcio en la política árabe se disparó a alturas míticas. ¿Cómo le devolvió Nasser el apoyo del presidente de los Estados Unidos? Volviéndose más radical, más anti-occidental, y más pro-soviético.

El ascenso de Nasser, como actualmente el de Rusia e Irán, tuvo un efecto profundamente desestabilizador sobre el Oriente Medio, llevando, entre otros resultados, al cambio de régimen en Siria e Irak, y la profunda penetración de la región por el poder soviético.

Richard Nixon, el vicepresidente de Ike, contó en 1980 que cerca de un año antes de su muerte, Eisenhower reconoció que su apoyo a Egipto fue su gran error de política exterior. "Ayudar a Nasser en Suez, no ayudó al Oriente Medio. Nasser se hizo aún más anti-occidental y anti-estadounidense", comentó Eisenhower. También afirmó, según Nixon, "que la peor consecuencia de Suez fue que debilitó la voluntad de nuestros mejores aliados, Gran Bretaña y Francia, que desempeñaban un papel importante en el Oriente Medio o en otras zonas fuera de Europa".

Eisenhower llegó a darse cuenta de que Israel era el amigo más fiel de los Estados Unidos en el Oriente Medio y que cortejar a los adversarios de los EEUU es un negocio muy arriesgado. Ya es demasiado tarde para que Obama aprenda esa lección, pero no para su sucesor, que tendrá dos ejemplos que no deberá repetir.

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