Saturday, October 15, 2016

Rememorando el olvidado pogromo de Jaffa de mayo de 1921 - Avi Woolf - Mosaic


Procesión árabe de Nabi Musa, de camino a un pogromo esta vez en Jerusalén

 El 1 de mayo de 1921, hace 95 años, cientos de árabes recorrieron las calles de Jaffa con palos, cuchillos, barras de metal y pistolas, buscando imparablemente el asesinato de judíos. Los alborotadores árabes apuñalaron a judíos impotentes hasta la muerte, cruelmente atacaron a bebés y ancianos, violaron a mujeres y niñas, y quemaron y saquearon todo lo que pudo caer en sus manos. Cuarenta y tres judíos murieron ese día, y muchos otros resultaron heridos o murieron posteriormente de sus heridas. La policía británica demostró ser vergonzosamente impotente de cara a los asesinos árabes.

Antes de la tormenta

A principios del siglo XX, Jaffa era el centro más importante de la actividad sionista en la Tierra de Israel. Unos 10.000 judíos vivían en la ciudad portuaria, la más grande en donde vivían estas comunidades. Estaban integrados en la vida cultural, social y económica de la bulliciosa ciudad, y colectivamente pagaban más impuestos que cualquier otro grupo étnico-religioso a pesar de que no estar representados en el ayuntamiento de la ciudad. La rama palestina del movimiento sionista y la rama central del Banco Anglo-Palestino operaban en Jaffa. La ciudad era un centro social y económico para los miembros de las colonias agrícolas judías y disfrutaba de una próspera cultura hebrea.

En el verano de 1914, la Primera Guerra Mundial estalló trayendo consigo cuatro años terribles en los que los residentes de Jaffa experimentaron la persecución, la expulsión, el hambre y la muerte. Hacia el final de la guerra, la Tierra de Israel fue conquistada por la Fuerza Expedicionaria egipcia del general Allenby, poniendo fin a 400 años de dominio otomano. La conquista británica trajo una gran cantidad de esperanza para los judíos. De hecho, los judíos de Jaffa regresaron a sus hogares después de muchos meses de exilio interno en el que habían muerto cientos de ellos. El joven autor Tzvi Shatz escribió en un arranque de entusiasmo profético: "Nuestro amanecer nacional es comenzando".

En el inicio de 1919, incluso antes de que se renovara la inmigración judía al país, una "Asociación entre musulmanes y cristianos" fue fundada en Jaffa para reunir a los árabes contra la Declaración Balfour. A su cabeza estaba Omar al-Bitar, el alcalde de Jaffa. Esta asociación publica, abierta y oficialmente emitía peligrosas declaraciones de incitación antisemita, y en secreto comenzaba a reunir armas y entrenaba a sus voluntarios.

El 27 de febrero de 1920, manifestaciones antisionistas se llevaron a cabo en toda Palestina. El gobierno, que se había comprometido a respetar las reglas de libre expresión y de democracia, permitió que las manifestaciones pudieran celebrarse. Dicho permiso fue visto como una forma de aprobación gubernamental del contenido de la manifestación. Por primera vez, los manifestantes gritaron la frase al-Dawla ma-ana, "el gobierno (británico) está con nosotros".

En 1921, el periodista árabe Issa al-Issa volvió a Jaffa. Issa, antes de partir durante varios años a Damasco, había editado el periódico Falastin en Jaffa hasta 1914. Bajo su dirección, el periódico publicó una tan extrema incitación contra los judíos que incluso las autoridades otomanas prohibieron la publicación. A su regreso, los británicos le dieron permiso para renovar la publicación de su diario.

A Abdullah Dajani, uno de los líderes árabes de Jaffa, le aterraba el peligro inherente generado por la concesión del permiso oficial para publicar las palabras de odio de Issa al-Issa. Junto a su amigo, el agrónomo judío Shmuel Tolkowski, Dajani trató de obtener que se rescindiera dicha aprobación, pero fue en vano. Los residentes de Jaffa interpretaron ese permiso como el apoyo gubernamental para el fomento del antisemitismo.

La espontaneidad planificada

Volvamos al primero de Mayo de 1921. En honor del día Internacional de los Trabajadores se llevó a cabo una manifestación de los trabajadores del Ahdut Ha-Avoda. Los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores (MFS), que no participaron, apoyaban la versión bolchevique del socialismo y se oponían fuertemente al sionismo.

Los miembros del MFS insistían en hablar entre si en yiddish y trataron de acercarse al nacionalismo árabe, predicando la solidaridad del proletariado judío y árabe. También se realizó un desfile de los suyos para celebrar el día, y en una de las etapa (después de un encuentro con los miembros del Ahdut Ha-Avoda), siguieron adelante hacia la vecindad de Manshiah, en el norte de Jaffa, donde vivían árabes y judíos. Sin embargo, en su camino, se encontraron con un grupo de árabes de religión griega ortodoxa que se manifestaban para conmemorar la Pascua. Una pelea masiva se desató entre ellos.

Cuando los comunistas apenas habían logrado salir de la pelea, las masas árabes se dispusieron en la plaza del reloj de Jaffa. En su camino, atacaron a los judíos que encontraron, golpeando con rabia al industrial y empresario Dov (Boris) Goldberg, quien había bajado al puerto para fines comerciales. Los manifestantes árabes posteriormente se enfrentaron entre sí por el botín: los dientes de oro que habían sido arrancados de su boca, y lo dejaron finalmente allí herido y sangrando. Murió dos años más tarde debido a las complicaciones médicas derivadas de sus heridas.

El peor caso en ese amargo día tuvo lugar en la casa de unos inmigrantes judíos que operaba en la parte superior de la calle al-Ajmi. La casa, que tenía un gran patio interior, fue alquilada por la Comisión Sionista como una casa de absorción de los nuevos inmigrantes que acababan de llegar al puerto de Jaffa para sus primeros días en el país. La casa era dirigida por Haim Feinberg, y la mantenía una familia de cinco, los Cherkevskiis, que vivían allí y se hicieron cargo de su mantenimiento. El día antes de los disturbios, un vecino árabe había advertido a Duba Cherkeskii que abandonara el lugar con su familia antes de que comenzara el ataque "espontáneo". Duba decidió quedarse con su marido, pero ella envió a sus tres hijos a un lugar más seguro.

A la una de la tarde, una turba árabe comenzó a lanzar piedras contra la casa que en ese momento albergaba a unos 100 inmigrantes judíos. Feinberg ordenó cerrar las puertas del patio y se preparó para defender a los habitantes. Los residentes desmantelaron las barras de hierro de las puertas del patio para utilizarlas como armas y apostaron guardias en cada una de las entradas.

Ellos lucharon con valentía contra los atacantes que rodeaban la casa. "La lluvia de piedras se hizo más gruesa; los ladrillos volaban también contra nosotros", declaró Feinberg más tarde. "La turba intentaba entrar por la puerta cuando de repente apareció una fuerza de policía armada (al parecer con rifles vacíos) comandada por Khana Bardakush”. Pero la policía no trató de despejar los alborotadores, sino más bien todo lo contrario: lanzaron una bomba en el patio, matando a uno de los defensores. La policía rompió la puerta con las culatas de sus rifles y gritaron a los otros manifestantes: "¿por qué están ahí? Masacradlos a todos".

Tan pronto como la puerta fue rota, el pequeño patio se convirtió en un torbellino sangriento de asesinatos y saqueos a cada paso. Los inmigrantes fueron golpeados con barras de hierro y apuñalados hasta que caían sin vida. Nissel Rosenberg, un empleado de la Oficina de Inmigración, recurrió una y otra vez al comandante de la policía en el puerto, el mayor John, para que enviara una escolta de rescate para la casa. El mayor John testificó que en el camino se encontraron con cadáveres y heridos judíos. Cuando llegaron al edificio, el mayor John sacó su pistola y disparó un tiro al aire. El ataque cesó inmediatamente.

Nissel Rosenberg declaró más tarde lo que vio:
En el primer piso, las pertenencias de los inmigrantes estaban dispersas, y fuera los árabes, tanto hombres como mujeres y sus hijos, se dividían el botín. El patio parecía un lugar que había sido destruido y muchos heridos estaban en el suelo. Al lado de la puerta estaba el cuerpo de la señora Cherkevskii, y estaba claro que los asesinos la habían violado. Encontramos once muertos y un gran número de heridos.
Los tres hijos de la señora Cherkevskii estaban fuera del lugar, a partir de entonces crecieron como huérfanos de madre y de padre.

Entre los muertos en la batalla estaba el pionero Yitzhak Hiller. Su sobrino, el arquitecto Shmuel Giller, ha dedicado muchos años al estudio de los hechos sangrientos en la casa de los inmigrantes. Giller destaca la importancia histórica de los hechos que aún no se han ganado el lugar que les corresponde en la memoria sionista:
En contraste con la historia del patio de Tel Hai [un pueblo en el norte de Galilea atacado por una milicia árabe en 1920] que se convirtió en un símbolo nacional, la historia del patio de Jaffa apenas se menciona como un episodio sangriento más entre nosotros y los árabes. Los jóvenes inmigrantes judíos, que acababan de descender de los barcos, tuvieron que defenderse con barras de metal contra una turba armada con cuchillos, piedras y bloques de cemento, y lo hicieron heroicamente durante 40 minutos. Recuperar esta historia supuso para mí devolver al patio Jaffa su honor perdido.
La campaña de asesinatos no se detuvo en la casa de los inmigrantes judíos. El famoso autor Yosef Hayim Brenner pasó la noche de los disturbios encerrado en una gran casa de campo en el límite de la ciudad, junto con otros cinco hombres que vivían allí. Cuando llegó la mañana, los habitantes de la casa salieron al patio y cruzaron el cercano cementerio musulmán, donde se encontraron con la procesión fúnebre de Daoud Zinati, un niño árabe que había muerto un día antes en los intercambios de disparos en Jaffa. Los seis hombres fueron golpeados con azadas y apuñalados hasta la muerte. Más tarde también fueron atacadas las ciudades cercanas de Petah Tikva y Hadera.

A raíz de los disturbios, los miles de judíos que viven en Jaffa sintieron que existía un claro y nítido peligro para sus vidas e integridad. A los pocos meses, la ciudad estaba vacía de judíos. Muchos de ellos se establecieron en la nueva ciudad, la adyacente Tel Aviv, y dejaron tras de sí hogares y negocios, huertos y talleres, un tejido de vida con raíces profundas. La lengua árabe tiene una palabra para este tipo de crisis: Nakba.

Simplemente, no lo llamen pogromo

El alto comisionado británico Herbert Samuel deseaba mostrar una impresión moderada y denominó a estos terribles pogromos "acontecimientos". La comunidad judía también adoptó esta terminología, y la utilizó para describir acontecimientos similares en los próximos años. Esto, al parecer, debido a la repulsión por el uso del término diaspórico "pogromo".

Samuel nombró una comisión de investigación encabezada por el entonces presidente de la Corte Suprema, Thomas Haycraft, la cual convocó a 291 testigos y registró cuidadosamente todos sus relatos, sin importar cuán exagerados o extravagantes fueran. Al cabo de dos meses de deliberaciones, la Comisión publicó un informe en el que echaba la culpa a los judíos, pues aunque señalaban que los árabes habían comenzado con la violencia, al parecer lo hicieron debido a un temor real a un posible daño a su medio de vida a causa de la compra de tierras por parte de los judíos. El gobierno británico adoptó las conclusiones de la comisión con la publicación del primer Libro Blanco, el cual limitaba los derechos que habían sido concedidos hasta entonces a los judíos.

Las conclusiones de la comisión, las cuales fueron escritos por el secretario Harry Lucas (cuyo nombre original era Haim Lukach), no fueron las de una voz solitaria. A través de los años, varios estudiosos y propagandistas trataron de ofrecer razones para explicar e incluso justificar la violencia árabe. Hubo quienes dijeron que se trataba de una lucha nacional contra el sionismo, una respuesta a la Declaración Balfour. Hubo quienes dijeron que la violencia se debió a la moral liberal de los inmigrantes, los cuales actuaron de una forma no tradicional cuando se trataba de las relaciones amorosas.

Estas declaraciones no se ajustan a los hechos. Las primeras víctimas fueron comunistas, los cuales se opusieron firmemente a la creación de un estado judío e incluso colaboraron para este fin con los radicales árabes. Durante estos días de rabia y violencia, judíos pobres y ricos, seculares y religiosos, nuevos inmigrantes y residentes ya veteranos, fueron asesinados o atacados. Provenían de todas las comunidades y ocupaban todos los puntos del espectro político y económico. Entre los muertos, sólo existía un denominador común: todos eran judíos.

El 8 de marzo de este año 2016, Taylor Force, un oficial estadounidense de 29 años caminaba tranquilamente por la playa. Fue muerto a tiros mientras caminaba por la misma zona en la que estallaron los acontecimientos de 1921. Taylor no era un soldado del IDF, un "colono", o incluso un ciudadano israelí. La razón de que Taylor fuera asesinado era simple, primitiva, y transparente, parecía judío.


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