Tuesday, November 01, 2016

Leer para verificar el descalabro de los sionistas liberales: "Cariño, hemos encogido a los niños". Los judíos progres se dan cuenta ahora de lo que han contribuido a crear, y quieren resolverlo haciendo carantoñas a sus acomodaticios y caprichosos nenes




Sionistas liberales, hemos perdido a nuestros chicos - Sara Hirschhorn - Haaretz

 Pasé parte de la tarde de Yom Kipur con un grupo de adolescentes de mi comunidad en Oxford, dirigiendo una sesión sobre el sionismo. Mi tarea era hablar de lo que Israel significa para los chicos de 14 a 18 años de edad, y resultó que realmente no significa mucho para ellos. ¿Mi conclusión? "Confesarse". Debemos reparar lo hecho, porque les hemos fallado a toda una generación.

Un grupo de "unos demasiado fríos adolescentes para la sinagoga" se reunió en una sala de reuniones, la mayoría hijos de incondicionales y orgullosos sionistas de esta comunidad británica que iban del judaísmo de la Reforma al judaísmo ortodoxo, aunque la mayor parte se describía a sí mismos como tradicionales. La mayoría asistían a las excelentes escuelas estatales (públicas) de Oxford (o academias privadas de la élite en Londres), ya que a diferencia de Londres, no hay escuelas judías en Oxford, a pesar de que están activas el cheder interdenominacional y otras juventudes judías.

Pocos de entre ellos hablaban hebreo, aunque estaban versados ​​en los rituales, festividades y tradiciones del judaísmo. Todos habían visitado Israel al menos una vez (más del 80% de los adolescentes británicos lo han hecho) y muchos tenían parientes allí.

Con todo, sería justo caracterizarlos como chicos comprometidos judaicamente y con una buena educación, tanto del conocimiento secular como religioso, en un grado no menos importante que sus equivalentes judíos estadounidenses, y con una mucho más tangible exposición en el país a Israel.

El sionismo como una historia antigua

Hablamos por primera vez de Israel como una idea - las oraciones pronunciadas en los días festivos, los anhelos de generaciones de un pueblo en el exilio, y como un futuro lugar para la diáspora. Fueron unos participantes muy activos, compitiendo para demostrar su conocimiento de la liturgia y la historia judía. Sin embargo, cuando se habla del retorno al Estado de Israel de hoy, este grupo de estudiantes británicos de secundaria me enseñó rápidamente que esa esperanza de 2.000 años era para ellos historia antigua.

Era fácil entender por qué el argumento de "Israel como refugio" ya no resultaba convincente para estos adolescentes de una famosa ciudad universitaria, ya que Israel era un lugar con un importante terrorismo y en conflicto constante tal como informaban las noticias, reclamando sentirse mucho más seguros en el tranquilo Oxford que en una zona de guerra a miles de millas de distancia. A pesar de conocer los últimos escándalos de antisemitismo en Gran Bretaña, la mayoría rápidamente los tomó en broma con un "esto no es Francia", y asegurando que no se sentían amenazados físicamente en Gran Bretaña. Para ellos, el Estado de Israel ya no era necesario o capaz de salvar a los judíos de sus problemas. (A lo cual habría decir que no sería la primera generación que hiciera ese tipo de observación [N.P.: piensen en los muy asimilados judíos alemanes de antes de la II Guerra Mundial]).

Sin embargo, según la discusión se iba desarrollando, se hizo evidente que ninguno de ellos quería identificarse a sí mismo como un sionista. Un "Estado de los judíos" era algo de "la vieja escuela" y procedieron conscientemente a despedir e ignorar todos los motivos para una autodeterminación judía que los sionistas han esgrimido desde hace 100 años.

El coste social de apoyar a un Estado judío

Para ellos, la soberanía y el poder judío ya no resultaba llamativo o no era defendible en la era del multiculturalismo, donde dirigirse y apoyar a "Israel" les puede probablemente comprometer y volver impopulares entre sus compañeros no judíos (las experiencias que transmitían sonaban inquietantemente en mi opinión a la existencia de una intimidación, aunque el grupo prefería echar esas preocupaciones a un lado).

A pesar de la reciente votación del Brexit, estos adolescentes ingleses estaban convencidos de que el sistema del Estado-nación iría a la quiebra de todos modos, por lo que tampoco parecían tener especial apego en defender la soberanía de cualquier entidad, inclusive Gran Bretaña, y más aun si se trataba de los símbolos y valores de un particularismo judío que les parecían demasiado parroquiales para sus sofisticados paladares multiculturales. "¿Quién quiere ser como Arabia Saudita?", me preguntaron. Aunque cuando les hice caer en la cuenta del número (al menos nominalmente) de estados musulmanes y cristianos (incluyendo aquel en el que vivían y no parecían sentirse preocupados) en comparación con el único Estado de los judíos, mis palabras desencadenaron un pétreo silencio.

Sin embargo, a pesar de lo que Peter Beinart y otros han estado argumentado durante años, el grupo no citó a la ocupación y/o los asentamientos como responsables de su distanciamiento, para ellos la cuestión iba más allá, a la misma premisa de un estado que se autodefinía de los judíos, y que fue creado en 1948.

Ellos no sentían la urgencia de un refugio judío después del Holocausto, ni la singularidad de una autodeterminación después de miles de años. No comprendían la importancia (así como la responsabilidad) de la existencia de un poder judío, ni que el sionismo fuera concebido como un movimiento de liberación nacional. Y ciertamente no veían la reunión del pueblo judío en su territorio ancestral como un evento histórico. Sion solamente era una tierra demasiado prometida y comprometida, y con ello, el estado de los judíos solamente podía ser sinónimo de xenofobia, colonialismo, desplazamiento, chovinismo, fundamentalismo y antiliberalismo.

Sin embargo, lo que surgió con mayor énfasis fue la falta de lazos emocionales - y ello a pesar de las recientes visitas durante el verano y la presencia de familiares en Israel - . Como me informó una joven precoz, "Israel es sólo otro país extranjero al que puedo volar con EasyJet. Es un buen lugar para visitar, algo así como Canadá, pero no siento nada especial allí".

Por otra parte, cuando les pregunté directamente si alteraría su identidad judía si el Estado de Israel desapareciera mañana mismo, me encontré con un encogimiento de hombros y luego con declaraciones más firmes de que Israel no era relevante para su comprensión o expresión del judaísmo. Mientras me impresionó el que no idolatraran a Israel (o el Holocausto) y que a esos adolescentes distantes les gustara admitir de buen grado su búsqueda de un rico significado en el estudio textual judía, la oración, la celebración de las fiestas, la realización de rituales y tomar parte en el Tikun Olam - todos actos y valores en el núcleo de nuestra tradición -, todo ello motivó la reflexión de por qué Israel ya no tenía lugar en la mente o el corazón de estos adolescentes.

No son los asentamientos o la ocupación. Es la idea en sí misma

La hora de la verdad está aquí, sionistas liberales: hemos sido juzgados y han quedado demostradas nuestras deficiencias en la siguiente generación. Mientras podemos rezar para que las políticas del gobierno israelí vayan a cambiar, para que los palestinos dejen a un lado la violencia, para que exista un acuerdo de paz en el horizonte, eso no va a cambiar la falta de preocupación de la actual generación por Israel.

Tenemos que encontrar nuevas formas de verbalizar lo que significa Israel para la próxima generación, para reparar nuestra incapacidad para tener una conversación abierta, honesta y real acerca de las ideas y el valor del Estado de Israel para unos adolescentes que han crecido en una mundo multicultural sin fronteras, que toman la seguridad de los judíos en la diáspora como si fuera una especie de artículo de fe, que han visto solamente el ciclo de violencia en Israel / Palestina, y que no sienten nada especial o la necesidad de un Estado para los judíos.

A los adolescentes con los que hablé no se les puede culpar por expresar el relativismo posmodernista en el que han crecido, ni por carecer de una perspectiva histórica más amplia que el presente en el que viven. Pero podemos decirles y decirnos cómo han llegado hasta aquí: que el siglo XX fue testigo de conflictos mortales entre el liberalismo y el nacionalismo, la religión y el estado, el individuo y el colectivo. Que la suerte del Estado-nación y de las organizaciones supranacionales también han aumentado y disminuido en los últimos cincuenta y tantos años. Que las políticas tanto del gobierno israelí como de la Autoridad Palestina han sido a menudo perjudiciales, que ambas partes recurran a la violencia ilegítima, y ​​que un tratado de paz no está en el horizonte.

Una nueva narrativa sobre Israel

No podemos negar o deslegitimar estas tendencias, de hecho tienen que ser parte integral de la demostración de por qué Israel puede y debe existir en la actualidad. Hay que explicar por qué un Estado de los judíos no es incompatible con la época de la multiculturalidad, que Israel es y puede ser una democracia multi-étnica, multi-religiosa, multilingüe para todos sus ciudadanos y que aspiramos a ofrecer un modelo para otros estados. Tenemos que hablar de una manera más creativa sobre cómo pueden coexistir palestinos e israelíes, poniendo fin a la ocupación y buscando nuevas configuraciones políticas, incluyendo la confederación.

Debemos reinterpretar el sionismo como una liberación nacional, recuperando la enseñanza que ofrece nuestra tradición sobre la responsabilidad moral y política. No podemos evangelizar con puntos o mitos que hablan por los hechos. Tenemos que involucrar a la próxima generación en la construcción de una nueva y matizada narrativa.

Por otra parte, no solamente podemos ofrecer argumentos negativos o defensivos, necesitamos ofrecer ideas positivas, afirmaciones que sean apetecibles y ejemplos que sean plausibles para estos estudiosos cosmopolitas en las escuelas y universidades, que viajan y resuenan en las redes sociales. Por encima de todo, no sólo podemos catalogar las (muchas) lagunas, debemos expresar constantemente y de manera convincente lo que hoy en día todavía nos vuelve orgullosos - a pesar de todo - del Estado de Israel. Si no podemos hacer eso en un selfie, un tweet, un post en Facebook, un artículo de opinión o una discusión cara a cara, debemos mirar crudamente en que hemos fallado, por nosotros y por nuestro futuro.



PD. Tanto criticar gratuitamente a Israel por no parecerse a la sociedad diásporica progresista a la que ellos se adhieren y para salvar la cara ante sus compañeros izquierdistas opuestos a su existencia, ha dado lugar a que los nenes decidan no buscarse problemas y molestias, evitar comprometerse y optar por parecerse a los judíos alemanes asimilados antes de la llegada de los nazis al poder

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