Tuesday, November 15, 2016

Los judíos de América y el hebreo, un caso de resistencia activa: ¿No pueden o no quieren aprenderlo? - Michael Weingrad - Wstrom Center for Jewish Studies



Dara Horn se preguntaba no hace mucho: "¿Por qué no hay más judíos americanos que aprendan hebreo?" Su respuesta: "La razón por la que los judíos de América no aprenden hebreo es porque piensan que no pueden".

Ella cree que este fracaso se debe a una falta de confianza. Incluso Horn, que nos confesaba en un reciente artículo que ella creció familiarizada con las palabras hebreas y que era uno de esas raras estudiantes verdaderamente comprometidas con una suplementaria educación hebrea en su juventud, estaba convencida de que ella "en la actualidad podría no haber aprendido hebreo" como una lengua real. En su mente, el hebreo fluido era algo que sólo los israelíes o los judíos ortodoxos eran capaces de lograr. Y así, a pesar de que pasó de diez a veinte años leyendo literatura hebrea, no fue hasta los 32 años (un número que, por una preciosa coincidencia, se representa en hebreo por la palabra "corazón") que se atrevió a zambullirse directamente en una conferencia internacional de escritores en Israel en el mundo del hebreo hablado, sin la muleta perpetua de la traducción al inglés.

Es una historia inspiradora, pero respetuosamente sugiero que se equivoca sobre su premisa. No es que los judíos americanos piensen que no pueden aprender hebreo, sino que ellos de una manera activa no quieren aprenderlo. Después de todo, los judíos de América son poco conocidos por su falta de confianza, sobre todo cuando se trata de actividades intelectuales. Estamos rodeados de judíos estadounidenses que aprenden idiomas y que esperan que sus hijos también aprendan idiomas: español, mandarín, JavaScript. Y, como señala Horn, ahora vivimos con apps y iPads y con transmisión por vídeo. Una lengua es más fácil de aprender y disfrutar que en cualquier momento de la historia humana.

Así la terca negativa de los judíos americanos, incluso de muchos judíos que son muy activos en la vida judía comunitaria y cuyas bocas repiten palabras hebreas como meros sonidos semana tras semana en las sinagogas, a dominar el hebreo, una lengua que se puede aprender, hablar y utilizar, es poco menos que muy extraña.

Lo que vemos aquí no es una ausencia de confianza o de recursos. Es una presencia: la presión activa de la psique judía estadounidense. La identidad judía estadounidense se basa en un sentimiento de estar afuera, en el umbral de llamar a la puerta, pero nunca entrar. Llamar a la puerta de la identidad judía, o llamar a la puerta de la identidad americana. Pero entrar de lleno sería perder la propia identidad y convertirse en algo diferente, impensable para la mayoría de los judíos de América. Para ellos, la escalera de entrada a la casa se ha convertido en el hogar.

Las razones para esto tienen que ver principalmente con la naturaleza histórica y psicológica de la migración masiva desde Europa del Este hace un siglo, y con la nueva identidad judía que esos inmigrantes y sus hijos inventaron para si mismos en los Estados Unidos. Incluso hoy en día, ese extraño y arduo compromiso con la ambivalencia - ese eterno llamar a la puerta desde afuera - influye en la vida y en el comportamiento de los judíos estadounidenses. Sin embargo, el asunto aquí, para nuestros propósitos, es que aprender el hebreo para la mayoría de los judíos de América les resulta psicológicamente imposible (Una dinámica similar se aplica, como es el caso, en el aprendizaje del yiddish).

Donde encuentren a judíos americanos que son emocionalmente más capaces de aprender hebreo encontrarán a poblaciones que se encuentran alejadas de la migración masiva desde Europa del Este y de la principal corriente judía estadounidense generada: por ejemplo, judíos ortodoxos, convertidos, inmigrantes soviéticos, judíos Mizrahim, etc.

Pero para la mayoría de los judíos de América, el hebreo debe seguir siendo algo oscuro, un talismán, en el mejor de los casos algo litúrgico, pero nunca algo transparente o normal. Si estos judíos dejaran de tocar la puerta y en su lugar la abrieran y entraran, bueno, no se sabe lo que podrían encontrar.

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