Monday, December 19, 2016

Aharon Barak, el “padre del público ilustrado”, lleva su guerra contra la democracia israelí al siguiente nivel - Michael Deborin - Mida


El pasado fin de semana, el ex presidente de la Corte Suprema, Aharon Barak, pronunció un polémico y agresivo discurso en la conferencia anual de la Asociación para el Derecho Público. Como informó News 1, Barak dijo, entre otras cosas, lo siguiente:
Tenemos que entender que la Corte Suprema es una familia, aunque tenga diferentes opiniones. El bien del Estado es que haya una Corte coherente, cuyas relaciones sean como las de una familia, con todas las posibles disputas incluidas. No podemos permitir que entre alguien que no forma parte de la familia.
Barak entonces apeló directamente a la ministra de Justicia, que estaba presente en ese momento, declarando que estaba luchando con todo lo que posee en contra de la idea de “suprimir el veto sostenido por los jueces de la Corte Suprema en la comisión de nombramientos judiciales”. "Si me plantearas esta amenaza (suprimir el veto)", dijo Barak, "yo dimitiría y le diría a todos los jueces de la Corte Suprema que dimitieran. Si existen amenazas, todos nos jubilaremos, y eso es lo que voy a proponer que hagan todos mis colegas".

Es difícil exagerar lo grave que es esto. El hombre que estuvo en la cúspide del sistema de justicia israelí durante muchos años ha declarado la guerra a los representantes públicos y amenaza con cerrar el sistema, y todo a causa de la sugerencia de un cambio técnico que no perjudica por lo general a la mayoría sólida y automática de los magistrados (en favor de sus candidatos preferidos).

Tales declaraciones son apropiadas para el jefe de la familia Soprano, no del supuesto padre del "público ilustrado y progresista". El sistema de justicia ya se movilizó previamente para boicotear a la Asociación de Abogados de Israel por atreverse a distribuir un cuestionario [a sus miembros] sobre el desempeño de los jueces. Cuando ustedes recuerdan la declaración del  último presidente de la Corte Suprema Mishael Cheshin que él "cortaría la mano" a cualquiera que intentara cambiar la estructura de la Corte, es difícil no concluir que cuando se trata de la crítica, la transparencia, la moderación y la tolerancia, los jueces de Israel no practican lo que predican.

El arma de la primera ley

Aunque Barak renunció a la Corte Suprema en el 2005, sus enseñanzas y su espíritu, y el poder excesivo que ha logrado arrogarse ante la Corte, todavía están con nosotros, y es difícil ver cómo esto podría cambiar en un futuro cercano.

El poder de Barak involucró no sólo tomar más poder para sí mismo y para sus colegas de la Corte Suprema, sino también su constante vigilancia para que ninguno de los "súbditos del reino" intentara "rebelarse" contra su "revolución judicial". Barak comprendió que el fundamento teórico que estableció para fortalecer el inmenso poder de la Corte Suprema no duraría si el equipo rival se incorporaba al campo judicial y los dos enfoques, el activismo judicial progresista versus el conservadurismo y la restricción a la hora de la intervención - competían entre sí como iguales.

Es por eso que Barak hizo todo lo que pudo para bloquear la candidatura de Ruth Gavison a la Corte Suprema, descalificándola porque "ella tenía una agenda (política)". Al mismo tiempo, se encargó de nombrar a sus protegidos y herederos, juez tras juez, todos ellos con una misma y obvia agenda. A comienzos de los años 2000, cuando surgió otro "peligro" en forma de un posible Tribunal Constitucional, Barak bajó del monte Olimpo y se reunió con cada miembro de la Knesset, como un lobbysta desesperado, para que rechazaran tal propuesta que habría dividido el poder de la Corte Suprema. Sus esfuerzos tuvieron éxito y la propuesta fue retirada.

Incluso cuando el ministro de Justicia Daniel Friedman, un jurista de rango internacional, actuó para promover reformas particulares en el sistema legal, fue el propio Barak quien estuvo a la cabeza del campo opositor. Incluso entonces, en una entrevista con Haaretz, Barak hizo uso de una retórica extrema, con imágenes más apropiadas para los pistoleros del Oeste salvaje.

Después de todo, el ministro de Justicia va y le dice a la Corte: "Cojan el arma y póngala junto a su templo. Si están junto a mí, la pistola no se disparará. Pero si no lo hacen, el arma se dispara y su autoridad caerá".

Estas son sólo algunas de las formas en que la Corte Suprema ha trabajado para fortalecer su poder. Y han funcionado. Incluso después de que Barak renunciara, la Corte Suprema se ha convertido en cada vez más activista. Con la jubilación de los jueces Asher Grunis y Naor (que se consideran relativamente conservadores), esta tendencia se formalizó para continuar sin ningún cambio a la vista.

Dominando el campo

Barak entiende muy bien lo que muchos de la derecha no entienden o se niegan a comprenderlo: siempre y cuando el equilibrio de poder entre jueces conservadores y jueces progresistas esté abrumadoramente volcado a favor de estos últimos, incluso si un juez conservador es nombrado aquí o allí, el panorama general no cambiará. El secreto para preservar el poder excesivo de la Corte Suprema está en el proceso de selección judicial, donde en ese mismo comité los propios jueces tienen tres votos de nueve. Barak entiende que cualquier cambio en el funcionamiento del comité puede traer un cambio radical y conducir a nuevos nombramientos y al final de su hegemonía.

Es por eso que el jurista estadounidense Richard Posner ha catalogado a Barak de "déspota ilustrado", describiéndolo como un pirata que explotó hábilmente un vacío político y jurídico para fortalecer su poder.

Barak y sus colegas no se interesan por los nuevos miembros de la familia, al menos no por aquellos que no piensan como ellos, que tienen dudas sobre la revolución judicial, y que defienden el conservadurismo judicial y la moderación. Barak y sus colegas quieren seguir jugando en un campo vacío, sin rivales.

A ellos tampoco les importa que la mayoría de los países democráticos tengan un sistema de selección judicial que otorgue prominencia al poder legislativo, como Aviad Bakshi ha demostrado en sus escritos sobre este tema. No están interesados ​​en permitir que el público en general determine quién llega a ser un juez y cuánto puede intervenir en la ley. No vinieron a jugar bien, llegaron para ganar siempre.

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