Friday, January 06, 2017

Obama: Un lobo pan-islámico con vestimenta progresista - Harry Ben-Zvi y Gidon Ben-Zvi - Jewish Journal



El 23 de diciembre del 2016, la votación en la ONU demostró que el presidente Barack Obama sólo hablaba de boquilla cuando apelaba a una solución del conflicto árabe-israelí durante sus ocho años de mandato. Resulta que el verdadero objetivo de este orgulloso progresista fue golpear al "último puesto avanzado colonial" en el mundo.

Ya que no es políticamente correcto para un presidente de los Estados Unidos pedir la desaparición del Estado judío, su muerte mediante resoluciones de la ONU tendría que ser suficiente.

El esperado próximo paso: las sanciones internacionales contra Israel.

La decisión de la administración Obama de abstenerse en la Resolución de la ONU 2334 tiene incluso indignados a importantes demócratas del Congreso, que sostienen que una solución de dos estados debe ser negociada directamente entre los israelíes y los palestinos.

Sin embargo, incluso buenos liberales como Jerrold Nadler, Richard Blumenthal, Hakeem Jeffries, Adam Schiff, Sherrod Brown y Ron Wyden no viene al caso. La abstención no era solamente un cambio drástico en las tácticas con la intención de obligar a Israel a aceptar la inevitabilidad de un estado palestino sin negociaciones directas. Por el contrario, el voto de la ONU fue un voto por el rechazo árabe a Israel, por la codificación de un perpetuo estado de conflicto entre los "opresores judíos" y los "oprimidos" musulmanes.

Sin ayuda de nadie, el presidente Obama ha tratado de revertir el Acuerdo Sykes-Picot de 1916 que facilitó una de las mayores apropiaciones de territorio de la historia. Como resultado de este acuerdo, Gran Bretaña y Francia se repartieron gran parte del Oriente Medio en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial.

En el siguiente significativo ejemplo  de la intromisión colonial en el Oriente Medio, un hachemita de Arabia, el príncipe Abdullah I, fue convencido por el Secretario de Estado para las Colonias, Winston Churchill, para que no ayudara a su hermano Faisal en la guerra contra el nuevo mandato francés en Siria.

A cambio, Abdullah I fue recompensado con el 75% del nuevo mandato británico de Palestina.

Mucho antes de que la solución de dos estados fuera abrazado por decadentes diplomáticos y profesores universitarios, existió en 1936 la Comisión Peel británica, la cual habría dividido el 25% restante de la Palestina del Mandato Británico en dos naciones: una árabe y otra judía.

Adelantando el escenario de los próximos 80 años repletos de compromisos judíos por la paz y de rechazos árabes, el expansionista Abdullah I rechazó la oferta, a pesar de la reacia aceptación de los principales líderes sionistas al plan de la Comisión Peel. Unidos por el deseo de echar de la región a esos intrusos judíos europeos, los líderes árabes superaron sus rivalidades y se unieron para protestar violentamente contra la administración británica del Mandato de Palestina.

Otro golpe contra la intervención colonial fue el plan de partición de la ONU de 1947, el cual nuevamente aprobaron los líderes sionistas y rechazó el mundo árabe, que reaccionó con el lanzamiento de una nueva guerra para convertir a la región en una zona judenrein.

Sin embargo, desesperado por obtener la legitimidad internacional, Israel continuó jugando con las reglas de gobierno del Marqués de Queensbury  en lugar de anexionarse Judea en Samaria en 1956, 1967, o 1973.

Sin embargo, basar las relaciones internacionales en un libro de jugadas escrito en el 10 Downing Street no parece ser el objetivo de Barack Obama, de John Kerry y de otros autoproclamados progresistas, los cuales ven el mundo a través de una lente anticolonialista.

El deseo de Israel de existir simplemente entre la familia de las naciones se percibe como una continuación de unas fronteras imperiales arbitrariamente dibujadas que son los culpables de todo lo malo, y es enorme, que sucede en el Oriente Medio hoy en día.

Sobre la base de externalizar la política estadounidense en el Oriente Medio contratando a la chiíta Irán y la sunita Turquía, junto con el desinteres por la suerte de los kurdos, cristianos y judíos en el Oriente Medio, se puede postular que Barack Obama está en paz con la idea del panarabismo.

Guiados por la creencia anticolonialista de que los países ricos europeos se enriquecieron saqueando a las poblaciones indígenas de los países pobres del Oriente Medio, Obama dio un pequeño paso para corregir esta injusticia histórica en las Naciones Unidas lanzando un ataque directo al derecho de Israel a existir .

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