Sunday, February 19, 2017

Las explicaciones de la izquierda liberal judía: Lo sentimos Israel, los judíos de los Estados Unidos simplemente no se parecen a ustedes - Alon Pinkas - Times of Israel



¿Realmente los judíos de América se preocupan por Israel? ¿Siempre? ¿Israel forma parte de su "identidad judía"? ¿Israel es una causa unificadora o un tema que divide a los judíos de América?

Hay una premisa falsa y engañosa, adoptada convenientemente por la mayoría de los israelíes y por algunos miembros de la comunidad judía estadounidense según la cual los judíos de América se despiertan por la mañana, pasan su jornada laboral y se van a dormir por la noche pensando en Israel y en lo que han hecho hoy por Israel. Ese nunca fue el caso.

Es tranquilizador ciertamente que una mayoría significativa (el 70%) de los judíos de América se sientan "muy" o "bastante" unidos a Israel, como reseñó el estudio del Pew Research de 2013: "Un retrato de los judíos estadounidenses: Una visión general".

Sin embargo, la trayectoria y las tendencias son preocupantes. Un gran grieta tectónica se está formando y mientras Israel sigue siendo un tema central - ya sea como unificación o controversia - para los judíos de América, la evidencia apunta hacia una disociación.

Los judíos de América están en medio de "Una historia de amor menguante" con Israel, tal como expresó Steven Rosenthal, y están experimentando un "Problema en la tribu", como señala el título del nuevo libro de Dov Waxman.

Tomamos la afinidad de los judíos americanos, y su apoyo a Israel, como una ley inmutable de la historia judía moderna. No es cierto, ni ha sido siempre así.

Antes de 1948, los judíos de América se encontraban en una situación única, a menudo extraña, ya que eran el único grupo étnico-religioso en los Estados Unidos sin "patria", sin ningún viejo país al que añorar e idealizar al igual que los otros grupos de inmigrantes. Esta característica, combinada con el Holocausto, es de enorme importancia en la comprensión de la evolución de la percepción judía americana de las relaciones con Israel.

La mayoría de los judíos de América, antes de 1948, eran por lo general indiferentes o abiertamente hostiles al sionismo. Llegaron a los Estados Unidos para convertirse en estadounidenses. Su identidad étnico-religiosa fue formada y moldeada por la vida estadounidense, por las circunstancias americanas y por la cultura estadounidense. Deseaban tener éxito y fundirse en el crisol americano, no luchar por la independencia y la soberanía judía en una antigua tierra estéril rodeada de 120 millones de árabes.

Israel sigue siendo un tema omnipresente en la vida judía americana, pero un cambio generacional está tomando forma, e Israel está perdiendo cada vez más un papel central en la mente de los judíos de América de menos de cincuenta años. No sólo el sionismo e Israel no forman parte de la identidad judía americana, de la autoimagen judía americana, sino que además su enfoque cosmopolita y su sistemas de valores éticos y morales progresistas se desarrollaron con anterioridad al establecimiento de Israel.

Por otra parte, el desarrollo cultural, la socialización, la asimilación y la mezcla en la sociedad y la cultura estadounidenses son atributos distintivos de los judíos estadounidenses y unas cualidades que no tienen nada que ver con Israel, que tampoco fue una idea después de 1948. La mayor parte de los judíos de América no fueron receptivos al sionismo, y solo de mala gana abrazaron a Israel como una "Patria original", uno que nunca visitaban.

Luego vino 1967 y la Guerra de los Seis Días.

1967 transformó a Israel en casi una religión civil, un "sucedáneo de religión". Una victoria militar sorprendente después de una percibida amenaza existencial creó un Israel diferente en las mentes y en los corazones judíos estadounidenses. Abarcaba a todo el establishment  judío: organizaciones, federaciones, grupos, sinagogas de todas las denominaciones judías.

Lo que finalmente llevó a la aparición de un lema: Somos Uno. Aunque se usa como un argumento y una herramienta para el reclutamiento para la acción, como solicitar contribuciones y compromiso con las organizaciones y proyectos, también tuvo una importante consecuencia: convertir a Israel en la principal causa unificadora, y en casi la razón de ser de las organizaciones y sus respectivas actividades.

Al mismo tiempo, los EEUU e Israel forjaron una alianza política y militar que, emanada de las consideraciones de la Guerra Fría, se consolidó y se caracterizó como una relación especial y única basada gradualmente  en su valor. Esto hizo de Israel un elemento aún más importante en la identidad judía y en la política.

Esta historia de amor duró dos o tres décadas, pero una serie de acontecimientos y desarrollos afectaron los contornos y la esencia de la relación. La controversia "¿Quién es judío", el caso Pollard en 1985, el asesinato de Rabin en 1995, el callejón sin salida palestino-israelí y la aparición de una generación más joven, urbana, liberal y escéptica, todos ellos tuvieron su peaje.

Israel ya no era el folleto brillante que sus padres les mostraron, y se hizo cada vez más incompatible con el sistema de valores liberal-sionista tradicional.

Dos cuestiones importantes precipitaron el cambio gradual: El intratable conflicto palestino-israelí y la realidad de décadas de ocupación israelí, junto con la despectiva, desconsiderada y por momentos arrogante actitud israelí con los judíos de la Reforma y del movimiento conservador, que comprende el 80% de la comunidad judía americana.

En lo político, Israel no está entre los cinco primeros temas que influyen en los patrones de voto de los judíos estadounidenses en las elecciones estadounidenses, como numerosos estudios indican. La relación entre Israel y las actividades, organizaciones, proyectos y manifestaciones de los pro-Israel proliferaron, pero los judíos americanos tienden a no colocar a Israel en un lugar destacado a la hora de cómo votan.

Sus preocupaciones son autóctonas y su participación activa en la política estadounidense no es - en general - motivada por causas impulsadas por Israel.

Los judíos israelíes no entienden ni respetan plenamente la proclividad natural de los judíos americanos a la diversidad religiosa, el liberalismo y la inclusión. Los judíos de América tampoco son plenamente conscientes de las inseguridades, ansiedades y mentalidad de asedio que sienten los israelíes. No son capaces de conciliar el inmenso poder y el éxito de Israel con los temores de Israel.

Sin embargo, a pesar de las lagunas y el distanciamiento, Israel sigue siendo la mejor, tal vez la única, esperanza de una duradera identidad judía americana que no sea exclusivamente religiosa.

Israel es a la vez unificador y divisorio, pero seguirá siendo necesario siempre y cuando se prosiga el diálogo. Si existirá un diálogo serio es otra cuestión.


PD: [N.P.] Tras tanto reseñar y alabar la "independencia de los judíos americanos" con respecto a Israel, una de las frases finales deja en evidencia la fragilidad y falta de sustancia de tal independencia "judía": 
"Israel sigue siendo la mejor, tal vez la única, esperanza de una duradera identidad judía americana que no sea exclusivamente religiosa".
Menudo panorama para el futuro del judaísmo no ortodoxo en los EEUU.

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