Sunday, April 02, 2017

Desmantelar el sistema - Dror Eydar - Israel Hayom



Así es como funciona el método: Gritan "están destruyendo nuestra cultura", "es un golpe a la democracia", "la gente está siendo silenciada", y los medios de comunicación salen en defensa del artista inofensivo al que se le impide supuestamente crear arte. La gran estafa es el éxito de transformar un debate legítimo sobre la libertad de financiación en un debate sobre la libertad de expresión. Pero no solamente es esto: la libertad de expresión no es el objeto del debate. El estado no está tratando de prohibir a los artistas por criticarlo a él o a sus símbolos. El estado únicamente trata de ejercer su derecho a no financiar tal tipo de denuncias, al igual que no se espera que financie las protestas contra el Estado, sólo permite que tengan lugar.

Durante años, la izquierda israelí se ha comportado como si las instituciones culturales de Israel fueran de su propiedad privada. Los fundamentos culturales, el teatro nacional, la industria del cine, el Premio Israel, los museos (incluso los departamentos de humanidades de la universidad y el sistema judicial) y muchos otros centros de poder que no están sujetos a las reglas de la democracia, han preferido tradicionalmente a esas personas con una visión ideológica del mundo muy específica. Obviamente, las razones que argumentaban eran meramente "profesionales". Y para nuestra vergüenza, tras la revolución política de 1977 (cuando un gobierno de la derecha se hizo con el poder después de décadas de hegemonía política de la izquierda), el Likud y la derecha no han logrado cambiar el sistema.

El Fondo de Cine de Israel es uno de los peores ejemplos. Con sus 80 millones de shekels (22 millones de $) entregados por el Ministerio de Cultura cada año, alrededor de dos tercios se dan a Israel Film Fund y la Fundación Rabinowitz. Con los años, las quejas contra estas bases, que se comportan como clubes privados, se han acumulado. Basta con mirar la lista de películas que fueron aceptadas y aquellas que fueron rechazadas. Las que son aceptadas casi exclusivamente tienen una particular visión ideológica del mundo. (Es ese tipo de visión del mundo que se define como "crítica", pero si se presenta una película que es crítica con sus ideas entonces se utilizan las excusas creativas).

No hay transparencia en los jurados, esos que toman decisiones en base a los gustos personales de sus miembros, y en especial a la ideología del director artístico, ese que controla el jurado desde hace mucho tiempo y ahora ocupa la silla del director por tiempo indefinido.

¿Podríamos entonces decir que la "ocupación corrompe"?.

La afirmación del multiculturalismo también se queda corta, ya que esa necesaria visión "crítica" que asegura las ideas y visiones minoritarias dentro de la sociedad siempre se hacen a partir de una, la tel-avivniana, es decir, la perspectiva de la izquierda hegemónica.

Se nos dice que cuando los guiones son rechazados, lo son por no ser dignos artísticamente. No les creo. Se trata de la misma y familiar forzada politización. La experiencia demuestra que en casi todos los lugares donde la izquierda tiene exclusivamente el control, no se concede espacio a las visiones opuestas del mundo, a menos que la izquierda se vea obligado a dejarlas entrar. Eso es precisamente lo que la ministra de Cultura Miri Regev está tratando de hacer, y con razón .

Aquí está un ejemplo entre muchos: Menora Hazani, una estimada y fascinante directora, con un rico mundo que presentar a la opinión pública israelí, aunque no bajo la forma hostil y alienada de la vieja creación. Hazani es hija de Benny Katzover, uno de los líderes del movimiento de asentamientos en Judea y Samaria. Ella tiene un raro material que documenta una de las grandes empresas sionistas de la nueva era. Esto debería interesar a los que se oponen a los asentamientos, pero ha sido rechazada cuatro veces. Por razones profesionales, por supuesto. Ahora ha comenzado una campaña de crowdfunding con la esperanza de que el público ayude a financiar su película.

El miércoles, Yael Dan de la Radio del Ejército, comentó: "Es la función del Estado financiar a los que le critican, así es en toda democracia". Debo admitir que no sabía que un estado tuviera ese tipo de obligación. El director Rani Blair comentó: "Todo debe ser financiado en un estado democrático, todo el arte es el deber de una democracia".

¡Nada menos! Si el Estado tiene que financiar todo el arte, ¿por qué entonces desde las organizaciones culturales de Israel se potencia una cultura y una visión unidimensional? No se oían reclamaciones similares cuando los fondos beneficiaban exclusivamente a una estrecha visión ideológica y política. ¿Por qué deberíamos confiar en la presunta sabiduría y buena fe de unas pocas personas para determinar lo que es buen arte?

Y una pregunta fundamental: ¿Por qué el Estado tiene que intervenir en nuestras vidas y financiar la cultura, el cine y la radio y la televisión pública? Eso no es democracia. Eso es fascismo.

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