Monday, April 17, 2017

Lo que el New York Times no dijo sobre Barghouti: es un asesino - Yair Lapid - Times of Israel



 Lo que se destaca más - y es más exasperante - sobre el artículo de opinión publicado por Marwan Barghouti en el New York Times es la única frase debajo del artículo que identifica  a su autor. “Marwan Barghouti es un líder y un parlamentario palestino”, se afirma con sequedad. Esto no es un error, esto es un engaño intencionado.

Cualquiera que lea la columna sin conocimiento previo de los hechos puede llegar a la conclusión de que Barghouti es un luchador por la libertad encarcelado por sus puntos de vista. Nada más lejos de la verdad. La parte que falta de la columna es que Marwan Barghouti es un asesino. Fue condenado en un tribunal civil (no militar) por cinco cargos separados de asesinato de civiles inocentes. Él estuvo implicado en ataques terroristas llevados a cabos y docenas de intentos. Él hizo que la gente perdiera a parte de sus familias, de que muchas personas acabaran mutiladas. Él ayudó a destruir vidas.

Barghouti no sólo cree en la violencia, también cree que le está permitido mentir. Él cree en el enfoque, muy tipifico en las organizaciones terroristas, de que Occidente es débil e ingenuo, así como nuestros medios de comunicación de cuyas buenas intenciones se debe abusar cínicamente para atacarnos desde dentro.

El intento por parte del New York Times de “ser equilibrado” ha debido divertir mucho a Barghouti. Se entiende que este sagrado intento de equilibrio trata de unir en pie de igualdad al asesino y al asesinado, al terrorista y la víctima, la mentira y la verdad.

Así Barghouti relata historias de horror sobre supuestas torturas sufridas durante las investigaciones israelíes. No hay ninguna base objetiva para estas historias. La tortura que se describe está prohibida por la ley israelí e incluso los mayores oponentes de Israel deberían reconocer que cumplimos con nuestras leyes.

La realidad es que un terrorista convicto está inventando historias sobre aquellos que lo han aprisionado, y que hay encarcelados en todo el mundo, incluso en los Estados Unidos.

En lugar de pedirle - como debería un periódico responsable- que si no tiene evidencias para apoyar sus historias, entonces no puede publicar lo que comenta, el New York Times le ha publicado en sus páginas de opinión y ni siquiera se ha molestado en explicar a sus lectores que el autor es un asesino convicto de la peor clase.

El auge de la violenta carrera de Barghouti se produjo durante la Segunda Intifada. Vale la pena recordar que estalló inmediatamente después que el primer ministro de Israel en aquel momento, Ehud Barak, hiciera a los palestinos una oferta que el mundo entero, incluyendo al presidente Clinton, pensaba que era imposible de rechazar: una retirada a las líneas de 1967, una división de Jerusalén y una solución humanitaria al problema de los refugiados. Y entonces Yasser Arafat dijo “no” y envió a Barghouti y a su gente a asesinar israelíes en ataques suicidas en autobuses y en centros comerciales.

Es por eso que Barghouti está en la cárcel. No por sus puntos de vista, no por su deseo de un estado palestino, no por su derecho a la libertad de expresión. Él podría haber sido un ciudadano libre - junto con los prisioneros que están con él - de un estado palestino independiente hace mucho tiempo. Él eligió el camino del terror, el asesinato y la violencia.

Sin embargo, el New York Times se olvidó de recordárselo a sus lectores.

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