Friday, June 23, 2017

Los peligros del particularismo (y los riesgos de la disolución de sus límites) - David Wolpe



Dos prominentes rabinos conservadores recientemente abandonaron el movimiento del Judaísmo Conservador con el fin de oficiar matrimonios entre judíos y no judíos, algo prohibido para los rabinos del movimiento conservador. Entre los muchos argumentos de ambas partes, había una realidad subyacente: Estados Unidos es un país que se siente muy incómodo ante el particularismo. Fronteras, límites y exclusiones nos vuelven incómodos. Las normas nos huelen a elitismo. Decir a alguien "no puede unirse a nosotros" va en contra de nuestra filosofía americana.

En la historia americana, el amor borra todos los límites y fronteras. Piensen en las películas de Disney: la bella se casa con la bestia, la sirena se casa con el hombre. La gente que se sitúa al margen en este tipo de historias y dice "ustedes no pueden casarse entre sí pues son de mundos diferentes", no acaban bien o son malvados. ¿Cuántas películas, programas y libros americanos cuentan la historia del forastero que es finalmente aceptado? Puede ser una bruja verde, como en "Wicked", o un ogro verde como "Shrek", pero en el fondo todo el mundo es el mismo.

Cruzar fronteras forma parte de la historia nacional de los Estados Unidos. El matrimonio interracial primero, y el matrimonio homosexual después, eran cuestiones de límites, resueltos de manera decisiva por la sociedad americana con su denuncia de la validez de esos límites. Hoy en día, la lucha por la inmigración adquiere esta pregunta: ¿cuáles son nuestros derechos de exclusión y cuáles son las normas de inclusión?

Para los judíos esta es una pregunta muy importante. A diferencia del cristianismo que es un sistema basado en la creencia (se cree en Jesús y que son cristianos), el judaísmo es familiar. Usted ha nacido judío. Como cualquier familia, puede unirse a ella (a través de la conversión), pero se espera que usted se "sienta" de esa familia. Eso está implicado en el destino de todos los judíos.

Así que cuando una pareja llega a mi oficina y me dice, "pero pensé que lo único que importaba era ser una buena persona", yo tengo que explicarles cuidadosamente que el judaísmo ve el asunto de otra manera. Hay normas que dictan que se está en el grupo o que se encuentra fuera. Cada club al que una trata de unirse tiene normas de admisión - ya sea una universidad o una liga de bolos -. Pero sé que se eso se revela inútil cuando se dirige un juicio sobre la persona. A pesar de que usted no esté "juzgando" a un francés que no desea convertirse en ciudadano de los Estados Unidos, pero que insiste en merecer poder votar. Sin embargo, las analogías se derriten ante la emoción del rechazo. Parece antiamericano decir que ser bueno no es suficiente. Es como tratar de pescar a la Sirenita.

Pero decir a alguien que desea convertirse que para ello precisa ser algo diferente de lo que ahora es, puede hacer que sienta una especie de rechazo - "¿No soy lo suficientemente bueno tal como soy?". En una sociedad inundada por el lenguaje de la autoaceptación y el abrazo al Otro, ¿cómo puede un rabino sentarse y decirle: "No puedo celebrar su amor a menos que cambie"?

Sin embargo, sabemos lo que sucede cuando no hay fronteras en absoluto. Sin fronteras no hay nación, sin normas no existe una institución, sin la existencia de la posibilidad del rechazo la aceptación no significa nada. Así pues una religión que por un lado se ve estrecha y excluyente, por el otro lado puede que pierda todo tipo de autodefinición.

Teniendo en cuenta las estadísticas de población de los judíos americanos - un mero 2,2% de la población de los Estados Unidos - la cuestión es importante y urgente. ¿Se puede argumentar en favor de la validez de la exclusión en una sociedad americana que quiere abarcar todo? Cuando esos rabinos abandonaron el movimiento conservador del que formaban parte, en parte lo hicieron porque pensaban que nuestro mundo ya no tolerará más los límites que construimos entre unos y otros, y que el judaísmo sería mejor servido por rabinos que dejaran caer esta antigua prohibición.

La historia juzgará, como siempre lo hace. Pero sigo creyendo que el colapso de las fronteras será inseparable del colapso de las normas, y que tanta bienvenida es un paso hacia la disolución. Cuando un rabino dice: "Bendeciré esta unión tanto si se compromete con el judaísmo como si no", ¿se trata de una señal de aceptación o de falta de solidez y compromiso?

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