Friday, June 23, 2017

Un silencio ensordecedor: ¿Por qué permanecen en silencio las organizaciones judías con respecto a la muerte de Otto Warmbier? - Liel Leibovitz - Tablet




Otto Warmbier, un estudiante americano de la Universidad de Virginia - activo en Hillel y que fue a Birthright  donde recibió un nombre hebreo - murió ayer después de haber sido detenido y torturado por Corea del Norte. Se podría pensar que esas organizaciones judías tan generosamente financiadas y que enarbolen la bandera de la justicia social y la protección de la vida judía en los Estados Unidos y en el extranjero lo considerarían como uno de los suyos, y reconocerían su asesinato. Sin embargo, y hasta ahora, la burocracia judía americana ha mantenido un ensordecedor silencio.

El odioso Anne Frank Center, cuya supuesta misión es perorar sobre un mundo más amable y más justo donde los niños judíos estén a salvo de los campos de exterminio de los regímenes tiránicos, no se molestó ni siquiera en tomarse un descanso en sus ataques diarios a Donald Trump para lamentar la muerte de este joven judío condenado a muerte por el peor dictador y violador de los derechos humanos en el mundo. Tampoco la ADL, una organización muy rápida en salir en defensa de Linda Sarsour cuando negó a los judíos su derecho a la autodeterminación, pero no tan rápida cuando la víctima es un joven judío cuyo crimen fue realizar una broma tonta en su hotel, mientras hacia un recorrido por una nación donde se muere de hambre de forma rutinaria y se aprisiona y ejecuta a cientos de miles de sus propios ciudadanos. En ninguno de los lugares donde hoy se muestra una gran preocupación por la justicia social, se oye a nadie exigir justicia para Otto Warmbier.

Lo que se oye son los aullidos de las brigadas por la justicia social, para quienes Warmbier, al ser blanco y hombre, parece tener toda la culpa de su propio asesinato. Cuando el joven estudiante fue detenido el año pasado, en el buque insignia de esta izquierda progresista, desde la web Salon al felizmente desaparecido Nightly Show, se burlaron alegremente de Warmbier argumentando que el privilegio blanco era la verdadera razón de su situación, sugiriendo que cuando se trata de opresión, no había realmente diferencias entre Portland y Pyongyang. “El temor sin esperanza que Warmbier está experimentando ahora”, opinaba una joven activista afroamericana y blogger en el Huffington Post, “es mi realidad diaria de vivir en un país (los Estados Unidos) donde los hombres blancos como él son deliberadamente ajenos a mi sufrimiento, incluso a medida que son cómplices en el mantenimiento de las estructuras de poder que garantizan su supremacía a mi costa“.

Este tipo de tonterías intolerantes es tóxica para todos los estadounidenses, pero es particularmente peligrosa para los judíos, cuyo sufrimiento se está explicando y justificando demasiado a menudo en estos días como un subproducto aceptable de un excesivo poder e influencia. Pero es precisamente para combatir este tipo de argumentaciones que fueron fundadas las organizaciones judías que luchan contra el antisemitismo. Su silencio ante el largo calvario y asesinato de Warmbier es una vergüenza.

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