Saturday, July 29, 2017

La crisis del Monte del Templo demuestra que la violencia musulmana funciona (contra Occidente) - Brigadier General (Res.) Amir Avivi - Ynet


Una de las muchas imágenes en el mundo árabe alabando la "victoria del Al Aqsa"


La violencia religiosa, una vez más, ha valido la pena. Esa es la principal conclusión de la última crisis del Monte del Templo.

La necesidad de llevar a cabo controles de seguridad, y evitar el contrabando de armas o explosivos en un lugar tan sensible, debería ser evidente. Es ridículo ver a los detectores de metales como una amenaza para la libertad de culto islámico, o un cambio del status quo en el sitio sagrado.

Sin embargo, el establishment de defensa de Israel recomendó retirar los detectores de meta, que fueron instalados en el Monte del Templo tras el asesinato allí de dos oficiales de la policía israelí por una célula terrorista árabe israelí.

Esta recomendación conlleva algunos riesgos reales.

Otro ataque podría ocurrir en el Monte del Templo, y podría ser mucho peor que la anterior. Inclusive un atacante suicida del ISIS podría, por ejemplo, decidirse a hacerse estallar en la mezquita de Al Aqsa, en un intento de propagar el caos en todo Oriente Medio.

Entonces, ¿por qué el establishment de defensa israelí todavía recomienda deshacerse de los detectores de metales? La respuesta está en una visión estratégica más amplia que guía a los jefes de la defensa.

En este momento, los enemigos de Israel en todo el Oriente Medio están ocupados luchando entre sí. Israel permanece fuera de los campos de combate.

Sin embargo, una provocación en el Monte del Templo puede alimentar a los elementos radicales de aquí, los cuales tratarán de explotar este tema para generar una unidad islámica en torno a la meta de la lucha contra Israel.

En una perspectiva más amplia, el interés de Israel no es entrar en un nuevo conflicto. Israel no tiene interés en unir al mundo islámico en contra suya.

Además, tales incidentes colocan al Rey Abdullah de Jordania en una situación difícil. Es seguro asumir que su mensaje a Israel es que ya tiene suficientes problemas domésticos que tratar, y que Israel está socavando su control del Reino.

La amenaza de que la Corte Hachemita pierda el control de Jordania es real. Una confrontación enfocada en los matices religiosos puede crear emociones intensas entre la ciudadanía jordana, y poner en peligro el gobierno de la autoridad jordana.

Jordania sigue siendo un aliado importante de Israel, y asegura la única frontera tranquila que Israel tiene hoy. Esto crea la obligación de Jerusalén de hacer todo lo posible para calmar la situación.

Estas consideraciones significan que para el establishment de defensa israelí y para el gobierno, la cuestión del Monte del Templo es una batalla por la soberanía que encaja en un panorama mucho más amplio.

Es un asunto importante, pero no es la única manera de ver la situación.

Un segundo enfoque de la crisis - que no encaja en la narrativa basada en la seguridad - se basa en la importancia de la soberanía judía-israelí y en el derecho de Israel a introducir unas medidas de seguridad razonables.

Sólo el tiempo dirá qué narración debería haber prevalecido, y qué precio pagará Israel por no defender su soberanía.

Lejos de este debate, la crisis del Monte del Templo también lleva consigo una advertencia para el mundo occidental en general. Está surgiendo una tendencia mayor que trasciende del conflicto local israelí-palestino. Lamentablemente, puede resumirse bajo el siguiente titular: "La violencia musulmana funciona".

Estos tipos de incidentes son juzgados cada vez más no por su propio mérito moral, sino más bien, según los niveles de rabia que generan las comunidades musulmanas.

En el momento en que las comunidades musulmanas responden a una controversia con rabia y violencia, el lado receptor de dicha violencia comienza a preguntarse si ha hecho algo mal.

Esta es una tendencia sumamente preocupante, que con el tiempo se volverá cada vez más relevante para los países europeos que albergan a importantes minorías musulmanas.

Si bien hoy en Europa tales cuestiones no aparecen con la intensidad con la que aparecen en Jerusalén y el Oriente Medio, a medida que crezcan las comunidades musulmanas crecerá también la intensidad de las controversias en las dichas comunidades se considerarán las víctimas de ofensas colectivas, independientemente del porcentaje que dentro de esas comunidades musulmanas representen las facciones más militantes.

Tarde o temprano, Occidente tendrá que preguntarse si está dispuesto a vivir de acuerdo con el estándar de la "rabia islámica", y si está dispuesto a retirarse una y otra vez de todas las líneas rojas existentes.

Occidente no tendrá otra opción que formular una estrategia clara en el futuro para regular tales confrontaciones. La dinámica del Monte del Templo es una temprana advertencia, la cual alerta al mundo occidental sobre tal tendencia.


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