Friday, September 29, 2017

Memorias de un Departamento de Estado antisemita - Dennis B. Ross - NYT



La ex oficial de la CIA Valerie Plame Wilson salió en las noticias por su cuenta de twitter la semana pasada cuando, en el primer día de Rosh Hashana, compartió un artículo que decía: "Los judíos de Estados Unidos están conduciendo las guerras de los Estados Unidos. No se deberían recusar a si mismos cuando se trata del Oriente Medio?"

El artículo, que apareció en una web alternativa, afirmaba que los judíos neoconservadores estaban presionando para una guerra con Irán. La Sra. Wilson, cuya identidad en un operativo secreto fue filtrada en el 2003 por los miembros de la administración de George W. Bush por la oposición de su marido, el embajador Joseph Wilson, a la guerra de Iraq, repitió la ya habitual narrativa de que los judíos neoconservadores promovieron la invasión de Irak y están golpeando el tambor para un conflicto con Irán.

Por supuesto, la mayoría de los judíos no son neoconservadores, y la mayoría de los neoconservadores no son judíos. En cualquier caso, fueron dos influyentes no judíos, el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quienes desempeñaron el papel central con el presidente Bush en la decisión de invadir Iraq en 2003. Ignorando el viejo refrán acerca de cuando usted está en un agujero debe dejar de cavar, la Sra. Wilson esbozó algunos excusas y luego mencionó que es de ascendencia judía. Finalmente, ella se disculpó.

Tengo poco interés en criticar a la Sra. Wilson. Pero todo el asunto me trajo recuerdos acerca de cómo los judíos eran percibidos dentro del aparato de la seguridad nacional durante mucho tiempo. Cuando empecé a trabajar en el Pentágono durante la administración del presidente Jimmy Carter, existía una evidencia inconfundible: Si eres judío, no podrías trabajar en el  Oriente Medio porque tu actitud sería sesgada.

Sin embargo, si usted conocía algo del Oriente Medio porque provenía de una familia misionera o de la industria petrolera, usted era un experto. Si se tenía ese trasfondo entonces sí podría dar forma a una visión particular de la región, y los intereses de los Estados Unidos no estarían en peligro. Las personas con estos antecedentes eran percibidas como siendo imparciales, mientras que los judíos no podrían ser objetivos y estarían mediatizados por Israel, excluyendo así los intereses americanos.

A veces, yo mismo me encontrñe con esta opinión expresada sutilmente. Otras veces incluso después de que el Secretario de Estado George Shultz tratara de cambiar la cultura del Departamento de Estado durante los primeros años de la administración Reagan. Para el Sr. Shultz, ser judío ya no era una descalificación a la hora de trabajar en las cuestiones árabe-israelíes. Él estaba más interesado en el conocimiento que en la identidad. Él me hizo, alguien que era judío y estaba trabajando en el personal del Consejo de Seguridad Nacional en ese momento, miembro del pequeño equipo que trataba la diplomacia árabe-israelí. (Daniel Kurtzer, que también es judío y un oficial del servicio exterior, también estaba en ese equipo).

Cuando James Baker se convirtió en secretario de Estado en 1989, siguió ayudando a eliminar las sospechas sobre los judíos en el establishment de la seguridad nacional. Y todavía recuerdo bien la época de 1990, cuando era el jefe de planificación de políticas del Departamento de Estado, y fui visitado por un investigador diplomático que realizaba una verificación de antecedentes de alguien que me habían recomendado. Esa persona estaba siendo considerada para un alto cargo en la administración de George H. W. Bush, pero no directamente involucrado con el Oriente Medio.

En cierto momento, el investigador me hizo una pregunta que era rutinaria en esta verificación de antecedentes: ¿Esa persona era leal a los Estados Unidos? Yo le respondí que sí, sin duda. Pero su pregunta de seguimiento fue que "si esa persona tuviera que elegir entre los intereses de Estados Unidos y los de Israel, ¿cuáles atendería primero?". No había nada sutil en esta presunción de doble lealtad.

"¿Por qué harías esa pregunta?", le pregunté, aunque me di cuenta de que podría no estar ayudando a la persona aludida. Él respondió: "Porque es judío". Así que continué: "Si él fuera irlandés y tuviera que trabajar en problemas relacionados con Irlanda o si fuera italiano y tuviera que trabajar en Italia, ¿también formularía esa pregunta?". Inicialmente, el investigador no pareció saber que responder, pero luego observé una mirada de reconocimiento. De repente se dio cuenta de que yo era judío. Y en ese momento, él cambió de tema.

Este investigador no era un novato. Y su experiencia con los funcionarios del Departamento le llevaron a creer que era natural hacer esta pregunta. Y es que la mayoría de las mitologías asuman una vida propia, y la idea de que los judíos estadounidenses pudieran tener lealtades duales no era cuestionada ni retada, era algo asumudo. Y eso lo hacía aún más insidioso.

Justo como la señora Wilson que tuitea que los judíos están empujando para una nueva guerra. Es la definición del prejuicio. ¿Cómo se puede definir cuando se etiqueta a todo un grupo y se atribuye a todos los que forman parte de él un rasgo negativo o amenazador particular ¿comportamiento? Es lo mismo hoy en día con aquellos que señalan a todos los musulmanes como peligrosos extremistas y es igualmente inaceptable.

Hoy, el creciente nacionalismo y la xenofobia prometen crear aún más prejuicios. Estas actitudes fomentan una mentalidad de "nosotros contra ellos". El "otro" es una amenaza. Y una vez que se haya seleccionado a grupos, el salto es pequeño a la hora de ponerles límites, dejarles en cuarentena y racionalizar la violencia contra ellos.

En vez de preocuparse por la desconfianza y de ser acusados de doble lealtad, los judíos estadounidenses deben sentirse orgullosos. En tiempos de incertidumbre, la identidad puede ser fuente de seguridad y confort. Y tener una identidad fuerte, estar cómodo con quien eres y con quien estás conectado, no estar a expensas de otros. Como mi rabino Jonathan Maltzman señaló en su sermón de Rosh Hashana, lo particular y lo universal siempre han estado embebidos en la identidad judía.

De hecho, para vivir una vida judía uno debe estar comprometido con la comunidad judía, pero también con otros. Los judíos tienen la obligación de promover la justicia, la misericordia, la compasión, la tolerancia y la paz.

En los Estados Unidos, la diversidad de pueblos y opiniones es nuestra fuerza como democracia. Escucharnos el uno al otro, en lugar de etiquetarnos los unos a los otros, para restaurar el debate civil. Es ciertamente la única manera de producir mejores políticas. Y eso podría incluso introducir un mayor cuidado y una mayor civilidad en Twitter.

Labels: ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home

Usamos cookies propias y de terceros para ayudarte en tu navegación. Si continuas navegando consideramos que aceptas el uso de cookies. OK Más información