Saturday, October 28, 2017

En un nuevo libro, una profesora de Rutgers acusa a Israel de mutilar a los palestinos con fines de lucro - Liel Leibovitz



El próximo mes de noviembre, la Duke University Press publicará The Right to Maim, un nuevo libro de la profesora de la Universidad de Rutgers, Jasbir K. Puar. Una apasionada defensora del BDS que ya había acusado previamente a Israel de recolectar órganos de los palestinos y que amenazó con demandar a cualquiera que hiciera público el contenido de su discurso en una conferencia en Vassar a principios de este año, por decir algo, es una figura bastante controvertida. Pero los libros, incluso los escritos por académicos, merecen ser tomados por sus propios méritos. Y por sus propios méritos, el próximo libro de Puar es una estafa intelectual y moral, un sofisma sofocante diseñado para incitar a los fieles a un frenesí de indignación divorciado de cualquier realidad observable.

La sección del libro que trata de Israel hace la siguiente afirmación: “Los esfuerzos del estado judío por abstenerse de matar a palestinos inocentes, desde los cautelosos protocolos de fuego abierto hasta la política de disparos de advertencia a los techos de las viviendas de civiles antes de los ataques con bombas, representan en realidad un plan tortuoso para fortalecer el dominio absoluto del régimen colonialista de Israel sobre sus súbditos palestinos”.

A primera vista, este argumento no tiene sentido. ¿Por qué Israel perdonaría la vida de sus enemigos? Si efectivamente, supongamos, se trata de un proyecto colonialista tal como argumenta repetidamente Puar, ¿por qué no intentar emular a sus predecesores y destruir al pueblo indígena al que estaba desposeyendo, esclavizándola como mano de obra barata u obligándoles a que se asimilen?

Las consideraciones demográficas y de seguridad niegan esas opciones, lo que hace que sea muy difícil de entender, en los propios términos de Puar, por qué y cómo Israel se beneficia de disparar a mutilar en lugar de disparar a matar.

Puar demuestra también dificultades para entenderlo. "La comprensión de la mutilación como objetivo específico de la biopolítica pone a prueba el encuadre del colonialismo de los colonos como un proyecto de eliminación de los indígenas a través del genocidio o la asimilación", escribe. "La explicación del colonialismo y de la ocupación israelí es un encuentro con los umbrales no expresados ​​del pensamiento biopolítico, el cual ejerce una presión analítica sobre el supuesto de que el objetivo del colonialismo de los colonos es necesariamente la eliminación".

¿Entonces de qué se trata? ¿Qué gana Israel con todo esto? "La debilitación", continúa Puar, "resulta extremadamente rentable económica e ideológicamente para el régimen colonial de colonos de Israel. Muchos sectores se encargan de la ‘rehabilitación de Gaza’ después de la guerra: Israel, Egipto, los estados del Golfo Pérsico, actores de las ONG que están inmersos en economías corporativas del humanitarismo".

Si se están preguntando qué pasó con el resto de la oración, o cuales son precisamente esas "economías corporativas del humanitarismo", y cómo exactamente una campaña militar de un mes de duración que le costó a Israel tanto como 3.6 mil millones de dólares de alguna manera beneficia a la economía israelí, entonces no tendrán suerte. Puar no aclara ni argumenta con hechos sus afirmaciones. Todo lo que ella ofrece es la absurda afirmación adicional de que Israel ataca repetidamente la Franja de Gaza para causar "la fatiga de los donantes", disuadiendo así a las mismas economías corporativas del humanitarismo, de las cuales se quejaba en un párrafo anterior, al destruir la Franja cada vez que se reconstruye.

"Tal vez diferenciándose de los regímenes coloniales y de ocupación anteriores, donde la privación se repartía en mutilar y mantener el trabajo vivo", truena Puar, "se consigue menos necesidad de mano de obra palestina para la producción palestina. Más bien, el beneficio se deriva de la desmembración de la reproducción, una función del capitalismo sin trabajo... Esta biopolítica inhumana florece a través y al lado de poblaciones humanas, donde la vida económica crece sin vida humana".

Alguien podría defender la lógica y argumentar que la frase es bastante estúpida, a la vez que utiliza una jerga que trata de ofuscar y disfrazar su propia admisión de una bancarrota de ideas. Se puede defender los hechos y argumentar que un libro relacionado con los palestinos heridos durante el conflicto debería por lo menos hacer algún tipo de esfuerzo para observar la política bien documentada de Hamas de utilizar a civiles como escudos humanos, o que gran parte del dinero de esos “molestos capitalistas humanitarios” derramado en Gaza se invirtió finalmente en financiar el terror en lugar de la asistencia sanitaria. Pero se estaría perdiendo el auténtico objetivo. Un libro como el de Puar es puro dogma, se debe creer en lo que ella cree, olvidándose de una vez de los malditos matices, contextos o hechos.

Y eso puede estar bien, a menos que, por supuesto, usted crea que la academia debe valorar su compromiso con el pensamiento crítico, el razonamiento positivo y la argumentación empírica. En estos aspectos, el libro de Puar fracasa estrepitosamente, al igual que las instituciones académicas que continúan publicándola y empleándola.

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